Respuestas a la Revista Arcadia

Ayer lunes 4 de diciembre de 2017, la revista Arcadia me envió estas preguntas que aprovecho para contestar públicamente:

  1. ¿Por qué los diferentes fragmentos de obras y frases en los que usted basa su tesis, aparecen sin ningún tipo de citación?

Porque varios párrafos del marco teórico de mi tesis de pregrado de filosofía tienen problemas de citación, es decir, hay omisiones a ciertas referencias que debían ser citadas de manera específica. Plagiar a alguien es robarse la obra de otra persona y presentarla como propia, nunca he hecho, ni haré algo así. De lo que estamos hablando acá es de unas fallas -muchas- de citación que hay en mi tesis de pregrado, escrita hace 10 años.

  1. ¿A qué se debe que usted no quiera dar declaraciones al respecto?

He dado declaraciones al respecto aunque no tengo por costumbre contestar acusaciones calumniosas que originan de portales anónimos. El portal que sostiene haber “descubierto un plagio” en una tesis de grado que está disponible para el público desde hace una década ya había lanzado acusaciones falsas de plagio contra otra estudiante de la facultad de filosofía de la universidad Javeriana de Bogotá, casualmente, una tesis que también tuvo tutora mujer y jurados mujeres. Acusación que por supuesto resultó falsa, así como han resultado sistemáticamente falsas las afirmaciones que hace ese portal, tan falsas que, por supuesto, quien quiera que está detrás de la página nunca las ha respaldado con su nombre.

Afirmé en mi columna entonces que “Es necesario dejar algo claro: el plagio es un delito. Un delito tipificado en el Código Penal, cuya prueba se establece siguiendo conductos regulares y ante las autoridades competentes, como ocurre con cualquier otro. Si todas las autoridades pertinentes han declarado que Sánchez no ha cometido plagio, nada tiene que hacer un portal que declara que resolverá el asunto por su cuenta, al mejor estilo paramilitar. PlagioSOS no es un cancerbero de la moral en lo que a derechos de autor se refiere, es sólo un portal hecho y diseñado para acosar y molestar a la gente de manera cobarde en internet, sin darles derecho a réplica. En esa medida es sólo una página para calumniar, injuriar y atacar moralmente a las personas en su honra y en su intimidad.”

Yo he construido toda mi carrera en la vida pública y no tengo nada que ocultar. Mi vida es absolutamente transparente. Yo quiero invitar a las personas que están detrás de PlagioSOS a que den la cara para poder saber a quién me enfrento en el debate, (pues las personas que se han apersonado de estas acusaciones anónimas no han hecho más que replicar estas calumnias anónimas, de forma literal). El anonimato en este caso es amenazante y este grupo no tiene razones para proteger su identidad porque, como es evidente, hacer acusaciones contra Catalina Ruiz-Navarro no implica el menor riesgo de seguridad y de esto pueden dar fe quienes se dedican a ello desde sus cuentas de Twitter o sus perfiles de Facebook. El anonimato es parte esencial de la libre expresión, y al igual que este derecho tiene límites: respetar la honra de las personas, y no usar el anonimato para difamar y acosar de manera selectiva y dolosa.

Me cuesta suponer que los dos ataques se encuentran desconectados, para mi es evidente que tanto “interés” por mi tesis de pregrado devino de esta defensa de Sánchez, y hoy me encuentro en su misma situación.

  1. En su opinión ¿hasta qué punto deben limitarse las ideas de otros autores o personas?

Creo que las ideas de las personas y los autores no deben limitarse, eso es censura. Siempre he sido defensora de que los discursos se combaten con discursos, con ideas y con argumentos, no con acusaciones maliciosas. De hecho, he dedicado mi carrera a combatir públicamente el machismo desde escenarios pacíficos de discusión y de movilización social. También creo que se debe tener cuidado con discursos peligrosos que estigmatizan a grupos vulnerables, que promueven obstáculos para garantizar derechos, o que incitan a la violencia.

  1. Esta no es la primera vez que usted es acusada de plagio. ¿Qué tiene usted para decir al respecto?

En 2013 me señalaron en redes de omitir las comillas en una cita de la autora Lisa Wade, quien no le dio ninguna importancia a las acusaciones por su falta de fundamento. En ese momento Lisa Wade, la autora cuyo ensayo además cito de manera explícita en mi artículo,  respondió a la omisión de las comillas con un correo cuya imagen adjunto. No hubo tal plagio.

Jamás he tenido una acusación formal de plagio y si llegare a enfrentar alguna acudiré, como cualquier ciudadana, a la autoridad de justicia a demostrar que es una acusación falsa. Me han troleado y atacado en redes sociales con historias sobre plagio, que es diferente. De troles anónimos con acusaciones falsas y de las olas de popularidad en redes  que consiguen con ellas, es muy difícil defenderse, pero de acusaciones falsas hechas ante la justicia si es posible. Las personas que han asumido a nombre propio estas acusaciones irresponsablemente replican, de forma literal, las acusaciones del portal. Se ha puesto de moda en redes entrar a decir que “Catalina Ruiz-Navarro plagia” hasta con acusaciones tan absurdas como la que me hace una autora en un blog de El Espectador, El Hilo de Ariadna, que me “acusa de plagiar” el título de su texto “Detrás del espejo” porque mi columna de esa semana se titula “Al otro lado del espejo” (si a alguien le “robé el título” fue a Lewis Caroll) y que además es una columna basada en un extenso perfil que hice para la revista Vice titulado Una mujer Normal en donde entrevisto a una mujer que logró una Sentencia Constitucional insigne para el avance de los derechos de las personas trans.

  1. ¿La Pontificia Universidad Javeriana se ha comunicado con usted para hablar sobre el trabajo en cuestión?

Desde que el portal PlagioSOS comenzó a hostigarme (hace más de 4 meses) la universidad siempre me ha dado la misma respuesta:  independiente del tono de los insultos creciente que vengo recibiendo en las redes, ni mi título ni mi  tesis están en juego, ni están bajo ninguna clase de sospecha. Una institución académica, como lo es la Javeriana, no está para contestar denuncias anónimas de trolls en Internet, mucho menos cuando estos personajes anónimos afirman que “descubrieron que el sol sale por la mañana” o que en un marco teórico se resumen, condensan o se citan ideas de otros pensadores… y pensadoras, porque por supuesto que también incluí pensadoras en mi marco teórico. Mi tesis fue revisada y juzgada según los parámetros de la universidad y el resultado fue mi grado de filósofa, que tampoco está en juego porque, además, la bibliografía citada está completa.

  1. ¿En qué momento utilizar las ideas de los demás se convierte en plagio?

Cuando se trabaja en la conjunción de ideas, en opinión, constantemente se está en contacto con ideas, acciones e iniciativas de muchas personas y en ese oficio uno retoma, cita o apalanca una opinión en lo que muchas personas alrededor hacen o dicen. En mi caso mujeres que me inspiran, autoras y autores que respeto y personas que, sin ser famosas, trabajan cada día por la equidad de género constituyen generalmente ese espacio en el que hago mi trabajo de opinar. El plagio es un delito tipificado con un denunciante que debe ser el afectado y un proceso legal. También le contesto a otros suspicaces que el feminismo no es un invento mío, son una serie de movimientos sociales que desde la cultura, la academia, y la militancia, entre otros espacios, han cuestionado el sistema patriarcal en el que vivimos. Yo en mis columnas no hago más que explicar y divulgar estas ideas aplicándolas a las coyunturas de la vida diaria. Los feminismos ya están inventados y son algo maravilloso, mi trabajo es de divulgación y análisis de la contemporaneidad desde las herramientas que me han dado los feminismos.

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Esencia de hombre

Columna publicada el 11 de mayo de 2017 en El Espectador.

Uno de los principales argumentos en contra del derecho a la adopción de tantos niños y niñas en Colombia por parte parejas del mismo sexo, solteros, solteras o personas viudas, es que para la crianza de las nuevas generaciones se necesita “una esencia femenina” y una “masculina”. Este parece ser un argumento irrefutable porque reafirma todas nuestras obsesiones binarias, pero eso no quiere decir que sea cierto. Para empezar, las mujeres hacen parte de la crianza, no como una esencia sino con todo el cuerpo. Las mujeres cuidan, por amor muchas veces, pero también porque no tenemos mucha elección en lo que respecta al trabajo de cuidado o de crianza. Lo que pueden enseñar las mujeres a las nuevas generaciones (que no es una sola cosa, monolítica o esencial porque todas las mujeres somos diferentes) suele ser siempre parte de la crianza.

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Caras pintadas

Columna publicada el 6 de mayo de 2017 en El Heraldo.

Debo admitir que me emocioné tremendamente al saber que Telecaribe haría una miniserie con la historia de la Niña Emilia, diosa de la cumbia y el bullerengue, una mujer que triunfó con su voz en un mundo de hombres, que vivió su vida con desparpajo y con humor, a pesar de que muchas veces estuviera marcada por la miseria. Como mujer Caribe, la Niña Emilia es un referente obligado, pero además su voz tiene esa extraña cualidad de poder a la vez alegrar y desgarrar el corazón. ¡Estas son las historias que tenemos que estar contando! Me dije.

Finalmente pude ver toda la serie en Youtube esta semana y, aunque sé que muchos han celebrado el esfuerzo de la producción local, y la participación de la hija de la Niña Emilia, Nelly Hernández, la serie tiene un error insalvable: la protagonista es una mujer blanca. Y para mayor horror: una mujer blanca con la piel pintada.

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#SiMeMatan: qué hay detrás del feminicidio en Ciudad Universitaria

Columna publicada el 5 de mayo en la revista Vice.

La justificación de la Procuraduría para dejar nuestra muerte en la impunidad.

El jueves en la mañana la Universidad Nacional Autónoma de México amaneció con una mujer muerta: Lesby, de 22 años, ahorcada con el cable de una caseta de teléfono. Inmediatamente la universidad reaccionó con tibieza: dijeron que repudiaban y lamentaban el “incidente” pero no fueron capaces llamarlo por su nombre: feminicidio. Luego la Procuraduría de la CDMX nos dio algo de información sobre Lesby: debía materias y su novio dijo que “tenía problemas de alcoholismo”. El mismo novio con quien, según la procuraduría, ella estuvo “drogándose” en el campus y con el que tuvo una discusión horas antes de su muerte.

La escritora María José Evia Herrera tuvo una reacción perfecta en sus redes: “si me matan, recuérdenme ser perfecta”. Rápidamente su sentencia se convirtió en el hashtag #SiMeMatan con el que muchísimas mujeres protestamos contra otra estigmatización de una víctima de feminicidio por parte de la Procuraduría. Lo dijo muy bien la académica salvadoreña Virginia Lemus: “La diferencia es que cuando matan a un hombre no sale el procurador general a decir que fue por borracho, por fiestero y por mal estudiante”.

Hay una revelación escalofriante en el río de tuits que uno puede leer al seguir el hashtag: todas sabemos perfectamente qué dirían de nosotras si nos matan, cuáles son esas traiciones a nuestro género que sabemos que, por estúpidas que sean, pueden salirnos caras. Y eso lo sabemos porque llevamos años bajo las consignas de que si hacemos x o y nos ponemos en riesgo, con el radio cantándonos “tiraré las cubas” (sí, Las Flans tienen una canción en donde le recomiendan a las jóvenes botar el trago en las macetas). Hay un doble terror en saber que estos supuestos motivos para matarnos no serán solo el chisme de los vecinos; serán la justificación de la Procuraduría para dejar nuestra muerte en la impunidad.

 

A las mujeres nos han enseñado a vigilarnos y a vigilar a las demás, a marcar clarísima esa línea entre las niñas buenas y las malas, porque a veces esa línea significa que te pueden matar. Y lo más cruel es que nunca podremos portarnos suficientemente bien; nuestra reputación siempre será tachable, por el hecho de existir como mujeres humanas con vidas, como tendría que ser. Pero esto también significa que para las mujeres vivir es un factor de riesgo.

Hay una profunda desolación en saber que si algo nos pasa, ni la universidad, ni la procuraduría, ni la sociedad nos protegerán. Además, todas sabemos que nunca serán suficientes nuestras medidas de autodefensa: podemos ser amas de casa con perlas y síndrome de estocolmo, podemos ser niñas, bebés incluso, y no hay protección moral contra el abuso. Nos dicen entonces que nuestra muerte sólo importará si somos víctimas perfectas. Pero, ¿a nosotras qué más nos da si ya estaremos muertas?

Todas sabemos por qué nos van a matar. Todas sabemos que las razones son la misma: que somos mujeres. Siempre que un nuevo feminicidio moja prensa escuchamos las mismas excusas y resulta imposible no identificarse: cada mujer muerta es una advertencia para las demás. En la novela distópica de Margaret Atwood, que acaba de adaptarse como mini-serie, The Handmaid’s Tale, un grupo ultraconservador se toma el poder de los Estados Unidos, lo renombra “Gilead” y se instaura un régimen absoluto de control sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres. En una de las centrales de adoctrinamiento a las mujeres que luego serán violadas una vez al mes para ejercer como vientres subrogado (las handmaids o doncellas), una de las mujeres cuenta un episodio de violencia sexual que le ocurrió en ese “mundo de antes” —muy parecido al de ahora—. La mujer cuenta una violación múltiple y las doncellas se ven obligadas a señalarla y decirle que todo esto ocurrió por su culpa, porque ella lo provocó. La mujer que las obliga les explica que antes las mujeres estaban en peligro de que pasaran estas cosas, que no podían salir a la calle tranquilas, pero que ahora, con la extinción absoluta de todas sus libertades, tendrían también absoluta protección.

Para variar, la realidad supera la ficción. ¿Cómo no sentir miedo de ir a clase, de salir a la calle, de amar a un hombre? Porque ojo, estas cosas tan pedestres nos pueden matar. Y así, poco a poco, interiorizamos la advertencia de que la única forma de que no nos maten es no vivir.

Por eso, la única resistencia posible, para que no nos paralice el miedo, es estar juntas, y sobre todo, estar cada vez más juntas, a pesar de nuestras diferencias y diversas trincheras. Offred, la protagonista de la novela de Margaret Atwood, encuentra una frase tallada en la madera de su clóset, una frase que le da esperanzas: “nolite bastardes carborundorum”, que significa algo así como “no permitas que los hijos de la chingada te hagan polvo”. Y es que, si estamos juntas, pueden incluso matarnos (aunque será más difícil) pero #SiNosMatan no nos harán polvo.

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Cartas sobre la mesa

Columna publicada el 3 de mayo de 2017 en El Espectador.

El referendo que impulsa la senadora Viviane Morales, en contra de los derechos de niñas y niños a ser adoptados, es caro, inconstitucional y peligroso. Es caro porque hacer una consulta como esa cuesta unos $280.000 millones, que tendrían mejor uso reconstruyendo Mocoa o Manizales, en vez de gastarse activamente en perseguir derechos. Es inconstitucional porque atenta contra el derecho de las parejas del mismo sexo y de las y los solteros a adoptar y tener una familia, atenta contra el derecho de los niños y niñas a ser adoptados, y todo eso contradice una idea básica de la Constitución: que todos los y las ciudadanas somos iguales ante el Estado y no se puede discriminar.

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¿Es machista decir ‘crimen pasional’?

Columna publicada en la revista Cromos el 2 de mayo de 2017.

Lo que silvestremente entendemos por ‘crimen pasional’ parece ser un asesinato causado por ‘esos celos tan inmensos que provoca el verdadero amor’. Nos han dicho siempre que el amor es una suerte de ‘locura’ y que por eso justifica muchos comportamientos poco éticos, disruptivos o hasta ilegales. Cuando yo era adolescente, que un chico se fuera a golpes con otro para ‘defender tu honor o pelearse por tu amor’ era una prueba de devoción y compromiso. Toda la sociedad ha crecido por ideas así, nos dicen que no es amor si no produce celos violentos y enfermizos.

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Nalgas de 14 kilates

Columna publicada el 29 de abril de 2017 en Univisión.

Kim Kardashian acaba de volver a romper Internet. Lo ha hecho tantas veces que deberíamos buscar un nuevo término. Esta vez, porque un paparazzi le tomó fotos en Punta Mita México a su gran y reconocido trasero, que en el 2014 protagonizó la portada de la revista Paper. Estas fotos, sin embargo, muestras sus nalgas sin retoques, con celulitis, como suelen ser los culos de ese tamaño.

El culo de Kim Kardashian produce sentimientos encontrados. Al ver las fotos, el la presentadora Sussana Reid en Gran Bretaña celebró  que Kim Kardashian “se mostrara de manera natural” y su compañero de set, Piers Morgan, le contestó “ ¿Qué has logrado por tener celulitis? […] Los defectos no deberían ser celebrados”. En esta conversación se resumen las razones por las cuales el culo de Kim Kardashian es importante.

 

Primero está lo que dice Reid, que la Kardashian “se muestra de manera natural”. Esta frase es clave porque nos dice dos cosas, primero que ella tiene el poder de elegir mostrarse, no la muestra un tercero, ella se muestra, incluso con los paparazzi que pretenden “robarle fotos” sabemos que Kardashian está en completo control de su imagen. El gran problema con las imágenes de los cuerpos de las mujeres es quién decide qué imágenes se publican, quien se lucra de ellas, quién las consume. La respuesta histórica a estas tres preguntas es la misma: hombres. O para ser más precisos, hombres, blancos, heterosexuales. Sin embargo, en el caso de Kim Kardashian, la respuesta es ella. Ella es quien se lucra de estas imágenes y quién está en control de su narrativa. Esto es un poder inusitado para una mujer. Ahora, la cosa sería más revolucionaria si en vez de lucrarse ella solita de un sistema que fetichiza la raza y cosifica a las mujeres, ayudara a destruir ese sistema. Pero aún con esa limitación, cada vez que la gente se pregunta ¿por qué importa tanto el culo de Kim Kardashian? nos obliga a cuestionar ese sistema.

Lo segundo es que Reid dice que Kardashian es “natural”, cuando es evidente que no lo es, Kim Kardashian es una mujer que a diario se produce a sí misma para los lentes, lleva años interviniendo y su cuerpo (sea con maquillaje, cirugías, o gimnasios) para parecerse a un ideal. Parece una cosa rarísima pero en realidad esto es algo que todas las personas hacemos con nuestros cuerpos: nos teñimos el pelo, usamos lentes de contacto, recurrimos a la ortodoncia. Nadie es natural. Pero Reid usa la palabra “natural” porque, como tener un culo grandote suele estar mal visto, las mujeres trabajan muchísimo para cambiarlo u ocultarlo. Kardashian hace lo contrario: lo presume. Así que no es que ella sea natural, es que se niega a disimular una parte de su cuerpo que la sociedad nos exige mantener oculta. Y ahí es donde viene el problema de la raza.

Lo que nos parece bello en realidad tiene en el fondo unas razones políticas. Por ejemplo, nos parece que las narices bellas son pequeñas y respingadas, como las narices de las personas blancas. La industria cosmética vende montones de pelo para que mujeres de todo el mundo alisen su cabello, hasta tenerlo como el de las mujeres blancas. La belleza también depende de hacer ejercicio y de comer bien, algo que en el mundo contemporáneo es un lujo de las clases altas, que son las únicas que tienen el dinero y el tiempo para hacerlo. Y los culos, bueno, se supone que tienen que ser pequeños, duritos y paraditos, como los suelen tener las señoritas ricas blancas. En el espectro de la feura suelen estar las pieles morenas, el pelo rizado, las narices chatas y anchas y los culos grandes. ¿Ven? La mayoría de las veces eso de la belleza es puro racismo y hay una amplia gama de tratamientos de belleza cuya función es blanquearnos.

Cuando en el famoso éxito de Calle 13, Atrévete, una línea dice “aquí toa’ las boricuas saben karate, ellas cocinan con salsa de tomate, mojan el arroz con un poco de aguacate pa’ cosechar nalgas de 14 kilates”, la línea es escandalosa y empoderadora. Escandalosa porque en nuestra sociedad blanca hablar del culo es una cosa tabú. La literatura, el baile y la música afro en cambio, hacen una celebración a esta parte del cuerpo que en este contexto es una forma de resistencia. Es decir “no somos blancos”. Porque a todas estas, cualquier persona de grandes nalgas nos dirá que la cosa es irremediable. Y estas personas pueden pasarse la vida odiando esa parte de su cuerpo por no ajustarse a los estándares de belleza blancos o amarla y celebrarla, decir que es son nalgas de 14 kilates. Estoy seguro que ese verso fue y sigue siendo muy empoderador para muchas mujeres.

Y ya para terminar, un redoble de tambores y torcida de ojos para comentar lo que dijo Piers Morgan, un hombre blanco y europeo hablando qué es y qué no es un defecto en el cuerpo de una mujer de color. ¿Ven la violencia? Durante años los hombres han dictado qué es y qué no es un defecto en nuestros cuerpos. La celulitis por ejemplo parece ser lo peor que te puede pasar, pero la mayoría de las mujeres la tienen y no hace ningún daño a la salud. Sin embargo, como nos han dicho que es un defecto, y eso nos lo han dicho los hombres, por supuesto, hay tipejos como este que que hasta la asocian con una falta moral.

Si el trasero de Kim Kardashian tiene poder es porque nosotros, con nuestros prejuicios, se lo damos. Nos escandaliza que una mujer sea dueña de su cuerpo. Nos ofende que esa mujer celebre un rasgo de su cuerpo que suele ser discriminado. Y ella, como hizo con el video de sexo que se filtró sin su consentimiento, le da la vuelta a nuestro racismo y nuestro machismo y se lucra de ellos. Por eso le contestó a Piers Morgan: “Preguntas que qué hago. Estoy aquí sentada en la playa con mi cuerpo defectuoso”.