Las mujeres detrás de la foto que negociaron la paz en Colombia

Columna publicada en Univisión el 26 de agosto de 2016.

Las mujeres no salieron en la foto que anunció el fin de la guerra en Colombia. El 23 de agosto, las cuentas de Twitter del Alto Comisionado y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) publicaron una foto con ambas delegaciones sonrientes, y el mensaje “El día se acerca”. Al día siguiente, ambos bandos anunciaron un acuerdo final, que será refrendado por los colombianos el 2 de octubre de este año.

El 24 de agosto, las mujeres no dieron discursos: escuchamos a Humberto de la Calle, a Iván Márquez, al presidente Santos. Ellas tampoco estaban sentadas en la mesa desde donde se anunció el acuerdo. Cuandobuscamos en Google Images algo sobre el Proceso de Paz colombiano, aparecen fotos de hombres y unas cuantas mujeres anónimas en fotos de manifestaciones. Las mujeres no son las caras visibles del Proceso de Paz.

¿Es esto síntoma de una exclusión de las mujeres? Sí y no. Cuando comenzó el Proceso de Paz, las mujeres no fueron llamadas a la mesa. Los hombres discutirían a puerta cerrada cómo acabar con la guerra que los hombres comenzaron. Pero esta premisa es falsa: están las mujeres combatientes (en ambos bandos), las sobrevivientes, las desplazadas, todas esas mujeres a quienes el conflicto les pasó por encima de los cuerpos. Así que las mujeres colombianas comenzaron a organizarse.

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Si Hope Solo fuera un hombre el vocero estaría diciendo que “los chicos son chicos y dicen esas tonterías”

Columna publicada el 25 de agosto de 2016 en Univisión.

Hope Solo, la portera estrella del equipo de fútbol soccer femenino que representó a Estados Unidos en los Olímpicos de Río 2016, acaba de ser suspendida del equipo durante 6 meses por hacer comentarios displicentes sobre sus contrincantes suecas. Dijo que las suecas eran “unas cobardes” por enfocarse en la defensa en vez de atacar al equipo estadounidense. Sin embargo las suecas ganaron 4-3 en los penaltis. “Está bien ser un cobarde cuando ganas” contestó la entrenadora del equipo sueco, Pia Sundhage, que fue también la entrenadora del equipo estadounidense cuando ganaron medallas de oro en Beijing y Londres.

Uno podría pensar que el castigo a Solo es exagerado, pero también puede argumentarse que se portó como una macha, y que ese tipo de comentarios son faltas éticas que enmugran el nombre del equipo al ir en contra del “espírituo olímpico” y por eso no deben ser permitidos. Personalmente soy partidaria de la segunda. Solo es una jugadora con un temperamento difícil, ha tenido acusaciones por violencia doméstica y la manifestación pública de su miedo por el virus zika, en redes sociales, fue recibida como una velada forma de racismo: para nadie es un secreto que los medios se ensañaron en mostrar cuán peligroso y caótico es un país como Brasil.

El incidente de Solo se hace interesante cuando se compara con el caso del nadador Ryan Lochte. Lochte se fue de fiesta con tres amigotes y se emborrachó. Terminó vandalizando una gasolinería en la madrugada y orinando en la calle. Luego, él y sus amigos se negaron a pagar por los daños. Solo lo hicieron cuando se los pidió el guardia de seguridad, que traía un arma. Acto seguido Lochte inventó que lo habían atracado, que había sido encañonado incluso, y que estaba traumatizado. La policía brasilera demostró que el nadador nunca perdió sus pertenencias, y que, en cambio, había hecho importantes daños a la gasolinera.

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Columna publicada el 24 de agosto de 2016 en El Espectador.

olombia ha estado en conflicto (casi) permanente desde la Guerra de los Mil Días.

La historia del país está marcada por generaciones y generaciones que vivieron en medio de la violencia, la desigualdad y el despojo. No conocemos otro entorno que no sea el conflicto y la sospecha. En un contexto como este, decir sí, creer que un acuerdo de paz es posible, imaginar otro país con optimismo y no con vergüenza, es un acto revolucionario.

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De paraíso a purgatorio

Columna publicada el 20 de agosto en El Heraldo.

De eso tan bueno no dan tanto, parecen decirle a la ciudad el alcalde y la Constructora Bolívar con su anuncio de que las 51 hectáreas de terreno, liberadas por el Batallón Paraíso, no serán todas para el disfrute de todos los barranquilleros. 34 hectáreas serán para espacio público (¿pavimentado?) y solo 25 hectáreas se destinarán a hacer un parque (que ellos llaman “megaparque” aunque ni se compara con las 283 hectáreas que tiene el Parque Nacional o las 400 del Parque Simón Bolívar). El resto del terreno será para vías, y 17 hectáreas para edificaciones en donde piensan embutir 6.000 viviendas en torres de hasta 20 pisos. Imagínense el infierno que va a ser, en términos de tráfico, los al menos 6.000 vehículos que tendrán que transitar por la zona.

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Soy feminista y eso no me quita lo femenina (aunque no siempre lo tuve tan claro)

Columna publicada el 17 de agosto de 2016 en Univisión.

Soy una mujer “femenina”. Esto se los digo a mis 33 años más allá de toda duda, pero no siempre fue tan claro para mí. Con mis primeras decisiones sobre mi estilo, creo que tendría cinco años, buscaba literalmente que me confundieran con un niño: pedía el pelo corto, odiaba el color rosa, los vestidos, y solo quería usar shorts y camiseta.

Aunque de muchas maneras yo era una niña con gustos “femeninos”, es decir, me encantaban las flores y llevarlas en la cabeza, las faldas amplias de seda del clóset de mi abuela y estaba obsesionada con pintarme los labios de rojo, también era “masculina”, es decir, era brusca, torpe, imprudente, hiperactiva, y sobre todo sentía un rechazo manifiesto por esa exigencia constante que todos me hacían de ser “como una señorita”.

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El dinosaurio todavía estaba allí

Columna publicada el 17 de agosto en El Espectador.

Los jerarcas de la Iglesia católica se han decantado por ignorar las partes de su doctrina que sugieren que el género no es binario (por ejemplo, que los ángeles no tienen sexo) y han emprendido una lucha político-religiosa en contra de lo que maliciosamente llaman “ideología” de género.

Esta resistencia tiene un efecto importante en la educación colombiana, que hasta hace apenas unas décadas era supervisada y dominada por la Iglesia católica. Pero la teoría del género, lejos de ser “una ideología”, es una serie de conceptos que se usan para describir, y que son necesarios para entender el mundo contemporáneo, en el que contamos con un espectro de personas homosexuales, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales, intersex, no binarias. Lo importante aquí es que estas personas existen, y no sólo eso, son personas, colombianas, con derechos que toca respetar. Los derechos de las personas no dependen del cuerpo con el que nacen, o de cómo se visten o de quién se enamoran. Cualquier niña, niño o niñe de Colombia necesita saber esta información.

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Las marchas del odio (y una esperanza)

Columna publicada el 13 de agosto de 2016 en El Heraldo.

Las Marchas de odio el miércoles en Barranquilla son una vergüenza para la ciudad. Fue un tenebroso contrasentido llenar la Plaza de la Paz con un reclamo por la discriminación y la violencia; un testimonio de la ignorancia y fanatismo conservador de muchos barranquilleros. El alcalde Char, como sabe que esos son votos, dio unas declaraciones ni fu ni fa: “Barranquilla es incluyente pero cree en los valores familiares”. Pero no, Barranquilla no es incluyente, y usa el término “valores familiares” para justificar una discriminación que, además de ser inconstitucional, cobra vidas: el Caribe es la región de Colombia con más crímenes de odio contra la población LGBTI.

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