Mi cyborg me ama, mi cyborg me mima

Antes que hacer un elogio a la hija, esposa, amiga, mujer que son las madres, el segundo domingo de mayo nos sirve para pensar en qué es lo que significa una madre hoy. Una vez desentumecido el cerebro del ajiaco familiar podemos darnos cuenta que el imaginario que tenemos, pasado de moda y cincuentero, es de esa madre bajita, gordita, buena, que llorará de la emoción si le traemos un trío. Los almacenes de cadena enloquecen con sus ofertas en productos femeninos, ropa, zapatos, electrodomésticos, ‘cosas para el hogar’ que sin duda alegraran el día a ‘mamá’, y si bien muchas estarán felices otras nos pedirán (con dulzura, claro) que repensemos esta idea de lo maternal que ya no satisface al mundo moderno.

Donna Haraway, una reconocida feminista, habla del concepto de cyborg. Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción. La idea aunque tiene mucho que ver con la ciencia ficción no se puede relegar a Isaac Asimov ni a películas serie b, porque está más cerca de lo que creemos.

Los avances en la fertilización in vitro han dado razones para celebrar a muchas mujeres que antes no podían tener hijos. Estas madres, que han disparado la población de gemelos y trillizos, no hacen parte de la idea de mujer que es toda fertilidad y naturaleza, el óvulo fértil que espera al esperma. Los óvulos de estas mujeres salieron a buscar, por medio de máquinas, lo que no iban a conseguir solitos, y fue su tesón y no su cuerpo lo que las hizo dadoras de vida. No estaría de más, de todos modos, pasarle una tarjeta al médico que la fertilizó en este, que ahora también es su día.

Por otro lado están las madres adoptivas, sustitutas, putativas. Los vientres alquilados que aunque no tienen hijos propios tal vez apreciarían una invitación a almorzar. Las madres-padre de las parejas gay (que pueden pedir regalo en junio también), las madres mamacitas del especial de revista de variedades que nadie sabe cómo conservaron sus cuerpos (¿mucho ejercicio y una buena guardería?) y todas las madrastras que en una época un caso raro y temido y hoy hacen parte integral de familias cualquiera.. Ni siquiera la madre naturaleza se salva, hoy en día la mayoría de los productos comestibles en el mercado estadounidense son lo que se llama GMO, organismos genéticamente modificados.

La idea de madre ya no puede estar intrínsecamente ligada a la idea de mujer, ni siquiera a la idea de naturaleza. Sobre todo cuando la comunidad científica ya sabe que están a un paso de crear el primer organismo sintético, vida sintética, que parece un oxímoron, y que aún así no lo es. La ciencia ficción no está tan lejos y los cyborgs de los que habla Haraway van desde nuestros sueños más extravagantes a todos aquellos cuya vida depende o dependió en algún momento del avance de la ciencia, de la máquina, del tubo en un laboratorio.

La política que propone la figura de los cyborgs es la lucha por el lenguaje e ir encontra de la comunicación perfecta, contra el código que traduce a la perfección todos los significados, el dogma central del falogocentrismo. Falogocentrismo que dice que madre sólo hay una y que corre a abrazarla antes de que el año se acabe. Lo que el mundo contemporáneo nos pide es replantearnos esta imagen de mujer que tenemos, del ‘ángel del hogar’ porque aunque puede que el día de la madre no se acabe pronto, las madres que celebramos cambian todos los días, y no todas estarán contentas con el súper combo de plancha nueva, ajiaco y serenata trío.

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