Tu amor; un periódico de ayer


Publicado el 13 de marzo de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR.

Siempre hay alguien que defiende el papel. Cada vez que los impresionantes índices de crisis de la prensa impresa nos obligan a preguntarnos si el papel está destinado a desaparecer, alguien dice “no, el papel no morirá”.

Entonces, con un romanticismo victoriano, ese alguien habla de su olor, de su textura, de la tinta, de la tradición. Dice, que es portátil, que lo puede subrayar, apropiárselo, en fin, virtudes que la tecnología ya reemplaza con creces. Cuando se contrasta este argumento con el gran daño ecológico que significa la industria del papel, el gusto por el impreso parece de una aristocracia manierista y ridícula.

Una campaña estadounidense para estimular la lectura de prensa impresa define al periódico como “el primer dispositivo de información portátil”, y existen varias organizaciones como http://www.newspaperproject.com, que nos explican, vía web (para mayor ironía), porqué el impreso es indispensable. Lo que parece más desesperado de estas campañas es que el impreso se ha aliado con los medios virtuales pensando que si no puede con su enemigo debe unirse a él, y esta posición es una franca derrota. La industria editorial impresa se enfrenta hoy en día a 3 problemas: el primero es que casi toda la información en internet es gratuita, y accesible en cualquier parte, el segundo es que la gente lee cada vez menos y se desespera cada vez más rápido con un texto largo, si acaso se enfrenta con alguno, y el tercero es que no sólo el papel es carísimo, su competencia directa, internet, es prácticamente gratis en comparación. Ni siquiera hablar de las ventajas milenarias del periódico para la justa meditación en el baño resulta un argumento viable. Hoy en día se empiezan a desarrollar aparatos como el Kindle (dispositivo de lectura, que es a los libros lo que fue el Ipod a los cd’s), perfectamente portátil y permite cargar una biblioteca entera en un solo dispositivo.

Mientras los periódicos en internet cumplan las mismas funciones de los periódicos impresos estos últimos están destinados a morir. Dicha muerte puede ser una ganancia. Durante mucho tiempo se pensó que un buen artista era aquel que podía representar la realidad lo más acertadamente posible en medios plásticos, como la pintura y la escultura. El arte de este entonces era útil, permitía la creación y reproducción de imágenes. Con la aparición de la fotografía muchos pintores fueron reemplazados y se vaticinó, como ya había pasado en el Romanticismo, la muerte de la pintura. Lo que sucedió fue maravilloso: superado el problema técnico de la reproducción de la imagen los pintores empezaron a reflexionar sobre el material, el soporte y la forma en que veían el mundo, de ahí nacieron el Impresionismo, el Fauve, el Expresionismo en fin, todas las vanguardias del siglo XX. La fotografía fue un avance técnico que liberó a la pintura de una función técnica y utilitaria, la Internet, podría ser lo mismo para los medios impresos.

La muerte de la prensa impresa como la conocemos es irremediable pero también es algo liberador. El impreso debe convertirse en algo que realmente no pueda ser reemplazado por internet. Las noticias escuetas y claras están cubiertas por la red, que tiene la ventaja de ser inmediata. Las noticias impresas tienen la desventaja de que son costosas y su vida es corta: nadie lee el periódico de ayer. La prensa impresa ya no se necesita para informar, la prensa impresa es un artículo de lujo que debe entenderse a sí mismo como tal, explorar sus posibilidades; de diagramación para proponer algo que no pueda encontrarse en internet, de análisis para exigir un tiempo propio, y de gran virtud: ser un objeto, tridimensional, palpable, mucho más que información.

Aunque no puedo imaginar todavía cómo serán los impresos del futuro, puedo decir que su ganancia está, no en la información que contienen sino en su valor como objeto, (de lujo, de fetiche, de memoria). La prensa impresa como objeto se ha desligado de su contenido. La añoranza por el papel es válida, pero la añoranza de las noticias impresas es tonta, porque la función del periódico como soporte de información es obsoleta. Los periódicos deben encontrar una función en sí, que los redefina como objeto de colección y consumo, y olvidarse de lo que fueron una vez, para no tener un problema tan indigno como la competencia con un medio advenedizo, pero tremendamente eficiente: la Internet.

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