La verga

Publicado el 14 de abril de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR

Aplaudo los malos pensamientos de esos lectores que olvidaron que verga también quiere decir “mástil”, “arco de acero de la ballesta”, “medida antigua equivalente a dos codos” (para risa mía y de las lectoras), y una interjección vulgar para expresar sorpresa, protesta, disgusto o rechazo.

Con esta última acepción quiero referirme a la campaña presidencial del candidato José Galat. Este boyacense, en cuyas mejores fotos se parece un poco a Mr. Burns, opina que con él al mando los valores de la religión católica fortalecerán la seguridad democrática. El problema de tomar una religión como plataforma base es que el Estado deja de ser laico, y amanguala su poder con unas leyes supremas que no todos compartimos (en realidad no son tan supremas). Un estado laico garantiza la pluralidad: yo digo que su campaña es “la verga” en cualquiera de sus acepciones, o todas, o yo qué se, porque puedo: este es un estado laico en el que se me permite hacer lo que yo quiero y decir lo que yo pienso, aun para molestia de los lectores más beatos.

Galat se queja de que el país ha renegado del catolicismo y añora la constitución del 86, porque todo tiempo pasado fue mejor, sobre todo para un cuchito a quien el futuro se le muestra incierto. En su página web dice: “En nuestra insensatez los colombianos no sólo hemos dejado de pedir la paz al único que puede dárnosla, sino que ¡más insensatos todavía! pretendimos que Jesús era el obstáculo para que Colombia lograra la paz y la felicidad. Por eso fue expulsado de la nueva constitución de 1991.” También dice Galat que a los gays los respeta; “podemos ser amigos, pero de ninguna manera vamos a aprobar sus depravaciones”. Este tipo de incongruencias parecen de un misticismo febril, como su plan maestro para la paz de Colombia: rogarle a Dios-santísimo-todo-poderoso.

La propuesta del candidato devuelve el Estado laico colombiano a una premodernidad cristiana donde verga sólo significaría una cosa, dicha muy pocas veces, y quizá entre suspiros para que no se entendiera. Lo que Galat olvida es que la constitución del 91 garantiza libertades individuales que guardan el libre desarrollo de la personalidad y que previenen que se le llame “depravación” a las prácticas privadas e inofensivas de la gente, incluso si en estas prácticas se inmiscuye la palabra verga. Estas libertades antes que atentar contra una paz divina promueven la tolerancia, un valor cristiano que parece pertenecer más a la teoría que a la práctica.

Cuando un Estado gobierna con base en un tipo de moral parcial, como la de Galat, vulnera derechos y libertades fundamentales para aquellas personas con credos minoritarios. Ejemplo de esto se puede ver en situaciones como: la imposición de un tipo de educación religiosa, la negligencia frente a políticas públicas con respecto a los homosexuales, la poca difusión y acceso a métodos anticonceptivos, la penalización del aborto y la eutanasia, entre otros temas en los cuales es evidente la presencia e influencia política de una iglesia particular para impedir el avance en derechos humanos de una población en general.

Esto que los países civilizados llaman “derechos individuales” Galat lo llama “libertad sin freno”. Opina el candidato que estamos sumidos en “todas las instancias oscuras del alma”: el inconsciente, las pasiones, las simples emociones del momento. Estos impulsos carnales, según él, nos han llevado a una “espiritualidad tenebrosa, porque en el fondo de todas las manifestaciones de la Nueva Era, se trasluce como propósito inmediato la autoidolatría y como objetivo ulterior la satanolatría y la satanocracia”.

Galat como rara joya del oscurantismo político es garante de que existe una democracia en la que alguien puede usar el término satanocrácia sin ser dictaminado médicamente como senil. Por Galat no va a votar nadie que yo conozca, pero como este es el país del Sagrado Corazón, donde se guarda el gustico, no me extrañaría que algunos tantos lo hicieran. Está bien. Desde mi espiritualidad tenebrosa me quejo del anacronismo de estos candidatos con campañas-kamikaze, pero también me alegro porque yo quiero vivir en un país en donde pueda decir “verga” en todas sus acepciones, con la tranquilidad de que quienes levanten la ceja sean individuos, y no el Estado.

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