La edad de la inocencia

Foto de Philipp del Carmen

Publicado el 19 de mayo de 2009 en http://www.plandenoche.com

La primera vez que oí hablar de Frogg Leggs me contaban en recreo la historia de una niña que se había graduado del colegio hacía un año, una mona, mamacita, que los manes espiaban cuando se cambiaba en el baño al uniforme de deportes. El cuento es que esta niña cuyo nombre no recuerdo llevaba un año de graduada y se había emborrachado en Frogg Leggs y se había dado besos con una mona bastante genérica. La historia seguro no era más que un chisme de recreo mojigato, pero el escándalo reafirmó mi idea de que Frogg Leggs era donde rumbiaban los grandes.

Felizmente fui cuando tenía 16, y como todas las pelaitas de décimo, salía con algún bobo universitario que no había podido levantarse una de su edad. A Frogg Leggs se volvió más interesante cuando empecé a tomar en serio y empecé a aprovechar el ladies night. En mis cortas visitas a barranquilla siempre fue el primer rumbiadero al que iba, porque nunca tenia plata para Barullo (Uva en la época) y me daba pava reintegrarme a las pintas barranquilleras.

Mi integración a dichos atuendos comenzó siempre con Frogg Leggs. Allá me sentaba a mirar con asombro los escotes mil, semiescondidos bajo telillas de jersey de colores, que se veían como montañitas de arroz blanco con salsa de tomate, apetitosos, y un poco vulgares. Los chicos los miraban con hambre y cuchara en mano, y las portadoras del arroz se hacían las locas como si no hubiera razón para verlas taconear bamboleando el culo, como las barranquilleras saben.

Pasé allá un patético año nuevo con un amigo y una amiga del colegio. Digo patético por la crasa falta de tensión sexual, que siempre se necesita cuando se cuentan las 12. Igual, no por haber sido patético fue menos feliz, sobre todo porque pusieron la música que uno siempre oye, allá, un tropipop merengoso con salsa (¿de tomate?).

Alguna vez, más adelante, en una borrachera insana con vino, vodka y no sé que más, me pegue en la cabeza contra la puerta del baño, y los arabescos lobos de la pared bailaron como pajaritos. Los arabescos son conceptuales, según la página web, evocan una antigua leyenda alienígena. Los pajaritos se disiparon al son de un chispún grosero que me dio mareo y me hizo preguntarme, como siempre, cómo era que yo había acabado en ese chuzo.

La respuesta, 10 años después es la misma. Hay algo de esa rumba sudorosa y básica, de niñas con escarcha, que me devuelve a Barranquilla. A cuando era una costeñita de pelo largo y creía en carajadas, me hacía el blower, usaba splash de Victoria’s Secret, y tenía todavía esa inocencia morbosa de las niñas de la ciudad. Es extraño que digan que Frogg Leggs tiene un pacto con el diablo, porque lo que parece es detenida en un tiempo donde el mal no llegará nunca (uno cree), a los manes uno se los levanta (por que a eso es que vamos todos), y ni los tacones ni el corazón, se me han roto todavía.

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