El mejor desinfectante


Publicado el 5 de junio de 2009 en elespectador.com

Los más de 100 millones de usuarios de Facebook corren el riesgo de estar siendo espiados o estudiados.
A la hora de crear un perfil pueden agregar, bajo su responsabilidad, información personal detallada, desde un currículum vitae hasta sus hábitos alimenticios. El portal puede ser utilizado como una herramienta de segmentación para eficaces campañas de marketing e incluso para tesis académicas. ¿Y qué?
La baronesa Susan Greenfield, en una intervención que hizo en el parlamento inglés el 12 de febrero de este año, sugirió que las comunidades virtuales podían afectar los sistemas básicos del cerebro para producir experiencias placenteras. La hipótesis de la baronesa es que esto llevará a las mentes de mediados del siglo XXI a infantilizarse, tener cortos periodos de atención, propensión al sensacionalismo, inhabilidad para empatizar y un sentido difuso de la realidad. De nuevo, ¿y qué?
Quejarse no puede echar el tiempo atrás ni frenar el auge de las comunidades virtuales. Son cambios en nuestras interacciones sociales a los que tenemos que adaptarnos antes que renegar. Conozco algunos pocos que no están en Facebook, unos por rebeldes, otros por conservadores, otros por convencidos de que es una conspiración, en fin. El único resultado de tanta prevención es que los excluyan de eventos sociales, conversaciones, y que el resto de la gente tuerza los ojos cada vez que tenga que hacer el esfuerzo de mandarle un e-email, a su correo electrónico y no a Facebook.
Es cierto que a los usuarios pueden espiarnos y estudiarnos, y que tanto quizzecito tonto nos hace perder el tiempo. Pero unas por otras. Facebook es una vitrina en la que uno se muestra, puede semejar las vitrinas de Amsterdam, o tener un vidrio mohoso, según queramos. Que subieron una foto suya que no le gustó, destaggéese, es fácil. Que se emborrachó y la foto la va a ver su jefe, pues, quien lo manda a emborracharse, o a tener un jefe mojigato. Ser mosquita muerta es de mal gusto. Si usted es un beodo, tal vez ese puesto de prefecto de disciplina no sea idóneo para usted.
Yo no sé por qué la vida privada debe ser tan privada. Si no quieres que se sepa, no lo hagas. El ojo público es el mejor regulador social. Si la gente minimizara sus secretos el DAS no tendría tantos problemas. Si usted cree que algo que va a hacer será reprobado socialmente, no lo haga, o al menos no lo haga en público, y ojo, que hacerlo frente a una cámara, hoy por hoy, es hacerlo público. Facebook, además de boletiarnos, funciona muy bien para hacer contactos, facilita las interacciones sociales para los tímidos, los flojos y los ocupados. Y si su preocupación es que sus datos estén en internet, no se preocupe, porque ahí están hace rato.
En 1954 apareció el libro Seducción del inocente, del psiquiatra Fredric Wertham. El libro alertaba contra los efectos negativos de los medios masivos de acogida popular, en su momento, los comics. Estas preocupaciones no se han disipado desde entonces, de satanizar el comic, se pasó a la televisión, a la música rock a los videojuegos y así.
Cuando se inventó la lectura, esta afectó cómo pensábamos, y nuestras expresiones visuales, y eso no fue necesariamente virulento. Efectivamente hay relación entre el uso excesivo de internet y los desordenes de atención, ansiedad social y depresión, pero también hay resultados sorprendentemente positivos. Gary Small estudió en la Universidad de California, en los Ángeles, cómo respondía el cerebro a los estímulos de un buscador de internet. Se compararon cerebros cibernautas asiduos con otros que apenas navegaban. Descubrieron que los tecnócratas usan, al tiempo, más zonas del cerebro, no sólo la parte visual y de lenguaje, sino también regiones frontales que se ocupan de la toma de decisiones y la memoria a corto plazo.
Nuestros cerebros, nuestra manera de interactuar socialmente y comunicarnos están cambiando aceleradamente. ¿Y qué? Nos estamos adaptando a un nuevo medio, que requiere otras habilidades y que tiene diferentes prioridades. Los cambios nos son buenos o malos, son sólo cambios. El miedo masivo a la globalización y democratización de la información no va a hacer que éstas se detengan. Tal vez en el futuro, eso de que los trapos sucios se lavan en casa, será simplemente una elegía a la doble moral. Facebook invade nuestra privacidad, pero nos obliga a lavar los trapos sucios afuera, y eso es fantástico, después de todo, el sol es el mejor desinfectante.

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