La fe no es trinchera


Publicado el 25 de septiemmbre de 2009 en la sección de Opinion de ElEspectador.com

El general Freddy Padilla de León, designado como Ministro de Defensa encargado, debido a la renuncia de Juan Manuel Santos, se pasó por el Vaticano el miércoles y allí lo saludo el papa Benedicto XVI con palabras de ánimo que le reafirmaban que Dios estaba de su parte en la guerra colombiana.

Tras la audiencia, Padilla afirmó que “es emocionante saber que estamos en las oraciones del Pontífice” y que “los esfuerzos y sacrificios de las Fuerzas Armadas colombianas se ven recompensados con estos significativos gestos de solidaridad porque además no hay que olvidar que la fe católica es uno de los principales soportes que nos acompañan en la búsqueda de la paz y el orden institucional en Colombia”, agregó el general. “Como se puede ver en los resultados de la lucha contra el terrorismo, está demostrado que Dios está de nuestra parte y a él le pedimos todos los días con devoción que nos de ánimo para lograr nuestro objetivos por el bien de Colombia y la comunidad internacional”, afirmó.

Esta noticia me recuerda La parábola del partisano, un cuentecito del filósofo B. Mitchell para explicar cómo funciona el pensamiento religioso. Mitchell habla de un partisano, miembro del ejército rebelde, que conoce una noche a un extranjero que lo impresiona profundamente y pasan toda la noche (ejem) conversando juntos. El extranjero le dice al partisano que está de parte de la resistencia y que está ahí para ayudarlo, y le pide tener confianza en él pase lo que pase. Ni el partisano ni el extranjero se vuelven a encontrar en condiciones de intimidad. A veces se ve que el extranjero ayuda a los miembros de la resistencia y el partisano reafirma su fidelidad. A veces parece que el extranjero ayuda al otro bando, y cuando los amigos del partisano se lo señalan, el partisano dice “el está de nuestra parte”. De tanto en tanto el partisano le pide ayuda al extranjero, y a veces la recibe y a veces no. Entonces el partisano comenta: “El extranjero conoce perfectamente las cosas y sabe lo que se hace”. Sus amigos, exasperados le dicen: ¿qué tendría que hacer el extranjero para que admitieras que está equivocado y no esta de nuestra parte? Pero el partisano se niega a responder. No está dispuesto a juzgar al extranjero. Ni siquiera cuando sus amigos le dicen con desprecio: “bien, si eso es estar de nuestra parte, cuanto antes de se ponga en nuestra contra, mejor”.

Me inquieta que el general Padilla piense que la fe católica es uno de los principales soportes para buscar la paz y el orden institucional en Colombia. Tal vez es gracias a esa fe que, a pesar de los Falsos Positivos, se dice que el país va ganando la guerra. Padilla, emocionado por las palabras de Benedicto XVI, olvida que en el 2009, por primera vez desde que Uribe es presidente, los resultados del ministerio de defensa son desfavorables para el gobierno. Los guerrilleros muertos en combate, según un artículo de julio de la revista Semana, pasaron de 736 durante el primer semestre de 2008 a 298 en el primer semestre de este año, es decir, un 60%. La vez las cifras bajaron al dejar de contar los falsos positivos. Otro detalle que señalan analistas como Gerson Arias, de la Fundación Ideas para la Paz, es que después de siete años de ofensiva militar y de los golpes sufridos, la guerrilla se ha adaptado y ha empezado una reingeniería de sus fuerzas y su modo de operar. Al respecto, el profesor Alejo Vargas, del Grupo de Seguridad y Defensa de la Universidad Nacional, se pregunta con qué velocidad el gobierno y las Fuerzas Militares podrán responder a la adaptación de las Farc.

Claro, el general Padilla y toda Colombia puede creer en el dios que quieran, la fe es un asunto personal. Pero ni creer en Dios ni el pensamiento positivo hará que ganemos una guerra. El asunto de la fe se vuelve complicado cuando se extrapolan esos modelos del pensamiento religioso a otros ámbitos, como la política. No sé en qué momento, tal vez cuando los libros de autoayuda se tomaron las cajas registradoras, se empezó a pensar que la buena actitud es suficiente y que la programación neurolinguística es más eficiente que el trabajo. No es que quiera que seamos un país negativo y pesimista, pero tampoco me parece lo más adecuado ese positivismo sin sustancia, esa grandilocuencia que nos hace pensar que “todo es posible” como si nuestra idea de país estuviera empericada.

Parecen enfrentarse dos corrientes autoexcluyentes, una en que solo se ve lo malo, y otra en que solo se ve lo bueno. Yo me pregunto si no será mejor idea ver las dos caras de la moneda, y ver las cosas como son, no con la ingenuidad del partisano. Tal vez así no necesitaríamos alientos del papa, ni de Dios, (que últimamente parece estar mas ocupado cerrando clínicas de la mujer que cazando guerrilleros y paramilitares) y no tendríamos que refugiarnos en nuestra fe, una trinchera improvisada que no nos defiende de nada.

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