Va va voom


Cuando Eva, en toda su sensual perfidia, obnubiló a Adán para que probara la manzana, se inventó la femme fatale. Al parecer el pobre Adán, no sabiendo con cuál cabeza pensar, decidió desobedecer a dios, y como consecuencia lo obligaron a trabajar, todo por una chica de cuya desnudez ahora era consciente y que prefería ver cubierta para evitar tentaciones, e impulsos que se volvían irrefrenables ante un par de tetas.

En nuestra cultura nos han enseñado que es la mujer la que se debe cubrir, pues mostrar su cuerpo es una invitación, no solo a que la miren, si no también a que la toquen, como si su desnudez la revelara como un objeto. News flash: las mujeres son sujetos hasta cuando están desnudas.

La Archidiócesis de México publicó en Internet una “ficha de valores” sobre el pudor en la que recomienda a las mujeres católicas que, para evitar agresiones sexuales, no usen “ropa provocativa” ni entren en “conversaciones o chistes picantes” con personas del otro sexo. En estos consejos “prácticos” se llega a asegurar que la pornografía es una “prostitución mental”.

“Si quieres evitar una agresión sexual… No uses ropa provocativa… Cuida tus miradas y tus gestos… No te quedes sola con un hombre, aunque sea conocido… No permitas familiaridades de tus amigos o parientes… No admitas pláticas o chistes picantes…”, afirma la archidiócesis en una ficha que se usó como material preparatorio previo al VI Encuentro Mundial de las Familias que se celebró en México en enero de 2009. Fue escrita por el sacerdote Sergio Román del Real, y publicada en la página electrónica del semanario católico.

“Cuando exhibimos nuestro cuerpo sin recato, sin pudor, lo prostituimos porque provocamos en los demás sentimientos hacia nosotros a los que no tienen derecho, a no ser que deseemos ser propiedad pública, es decir, que nos prostituyamos aunque sea mentalmente”, sostiene el sacerdote. “Eso es la pornografía: una prostitución mental”, añade.

Esto es una barbaridad por el simple hecho de que no hay nada que podamos hacer para que nuestro cuerpo sea “propiedad pública”, hasta una prostituta es dueña de su cuerpo, es un sujeto. Bueno, diràn ustedes, los curas siempre dicen esas cosas. Pero al menos ellos dicen lo que piensan. Muchos, que se las tiran de igualitarios también entienden la poca ropa en las mujeres como una provocación.

En Brasil, país famoso por sus garotas topless, expulsaron de la universidad a una estudiante de 20 años, que fue perseguida y humillada por sus compañeros por ir a clase vestida con minifalda.

El asunto ocurrió el 22 de octubre en la ciudad industrial de Sao Bernardo de Campo, vecina a Sao Paulo. La joven, que acababa de iniciar sus estudios en la Escuela de Turismo, abandonó la universidad llorando, escoltada por funcionarios y por agentes de la policía militarizada.

La Universidad Bandeirantes aumentó el escándalo al confirmar que ha decidido expulsar de sus filas no sólo a uno de los alumnos que participaron en la persecución de la chica, sino también a ella.

Decir que la estudiante instó, con su minifalda, al mal comportamiento de sus compañeritos de estudio suena como a cuando los curas le echan la culpa a “las pintas provocativas” por el aumento de violaciones a mujeres.

Si a uno le parece que alguien se viste feo, lobo, de mal gusto o inapropiadamente es problema de uno. A uno le puede caer mal, y entonces uno mira para otro lado, pero hacer un juicio de valor sobre una persona por la ropa que tiene puesta es una invasión de espacios. Peor, es un acto de arrogancia e ingenuidad, es pensar que esa otra persona se viste para uno, y que uno está en una posición superior que le permite saber qué es lo mejor para el otro.

¿Qué habrá movido a los estudiantes e Bandeirantes a masificarse en contra de una chica en minifalda? ¿Le tuvieron miedo a sus piernas? ¿A sus curvas todo poderosas? Lastimosamente nadie es tan irresistible, la femme fatale no existe y ningún hombre esta irremediablemente a su merced. Todos podemos escoger controlar nuestros más oscuros instintos y ser respetuosos con los demás y entender que si sus acciones no invaden nuestro espacio no tenemos que invadir el suyo. Es decir, podemos escoger no ser tan sapos, y respetar las libertades individuales, y recordar, sobre todo, que haga lo que haga una persona sigue siendo una persona, y nada en su comportamiento justifica objetizarla.

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2 comments

  1. Tiene razón. No se puede anular el sujeto y reducirlo a una etiqueta o en este caso un objeto. Lamentablemente por naturaleza, el hombre está siempre "al acecho" y todo le entra por los ojos. Contadas son las veces en que uno se deja seducir por una idea femenina, mas que por su "monumento". Adoro casi devotamente un buen cuerpo de mujer, no lo niego pero también aprecio aquel ser que comprende muchas otras cualidades. Parafraseando a un comentarista, no puede ser una excusa de un violador el que diga que la culpa la tiene la mujer por usar escote y minifalda.

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