Puro corazón

http://www.flickr.com/photos/ansyColumna publicada en UN PASQUÍN, el 1 de mayo de 2010. http://www.unpasquin.com/PDF-Version/UnPasquin-Ed53.pdf


En la Guerra de los Mil Días murieron de 100 a 130 mil colombianos, cuando Colombia solo tenía 4 millones de habitantes. La economía del país se desplomó y el país se iba yendo al Averno. Cuando la guerra llevaba dos años y medio, el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, iluminado por una luz interior, vio que la única solución era acudir al Sagrado Corazón de Jesús. Se dirigió entonces a la Presidencia de la República y como único medio para conseguir la tan anhelada paz, sugirió al vicepresidente encargado, el Doctor José Manuel Marroquín, la Consagración de la República al Sagrado Corazón de Jesús.

El símbolo ha calado tan hondo en nuestra cultura que, cuando los publicistas encargados de envolver la imagen del país en celofán (y convertirlo en golosina para extranjeros) hicieron sus focus groups, descubrieron que Colombia era pasión y raudos diseñaron el famoso logo del corazoncito. Colombia engulló el Corazón de Jesús para regurgitarlo en un ícono publicitario.

Y resulta que sí, el corazón nos sienta, solo un país de emotivos como el nuestro tendería con tanta facilidad a la horda enardecida, o tendría tanto amor por el jingle, o tanto desdeño por los polisílabos. El corazón nos sienta porque es simétrico, está hecho de dos zonas opuestas y enfrentadas, con el corazón se es, o lo uno o lo otro, las pasiones no aceptan medias tintas. Claro, la política despierta pasiones en todo el mundo y no somos el único país ensartado en una dicotomía, pero si somos uno de los pocos que ha llevado el maniqueísmo hasta el emblema.

Después de años de forcejeo entre el ventrículo derecho y el ventrículo izquierdo del país, aparece el Partido Verde que como una luz de esperanza reta a la polarización. Pero no. La ola verde ha despertado las colombianas pasiones de muchos, hasta de los supuestos a-políticos, y lo que tenemos de nuevo es el maniqueísmo de siempre, solo que esta vez, entre mockardos y memelistas.

Pero así somos en Colombia, puro corazón. Un símbolo termina por afectar la realidad que lo determinó en un principio, y el corazón viene siendo uno de los símbolos patrios desde hace mucho.

Es evidente que el arzobispo estaba equivocado; afiliarnos al corazón no trajo la paz, tal vez hasta nos abocó a un conflicto perpetuo. De todas formas nunca es tarde para dejar de tener una posición blanca o negra, y entregarse a la promiscuidad de tonos y matices del espectro político. Porque se puede apoyar a un candidato y aún así disentir, y entonces podremos salir de esta teocracia donde esperamos que el presidente sea Bochica reencarnado, y movernos hacia una verdadera democracia.

Durante la última semana mi correo electrónico se ha llenado de presentaciones en powerpoint explicándome por qué Mockus es la mejor opción. De alegrarme por la intensidad pasé rápidamente al hastío, y hoy desvío levemente mi mirada cada que veo un girasol. A Mockus le pasa como a Fito Páez, cuya cursilería no está en sus canciones sino en la gente que le dice “Fito”.

Ahora, yo no estoy en contra de la ola verde, si tanto spam les gana votos, pues ¡hágale! Solo me llama la atención que una y otra vez el pueblo colombiano tiene los mismos patrones de comportamiento, y exhibe una pasión exagerada hasta por el candidato que nos dice que Colombia también es razón.

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One comment

  1. Catalina, no es una "pasión exagerada" es una esperanza, una ilusión de que por fín en Colombia tengamos un gobierno decente, que de verdad solucione los problemas de 20 millones de pobres y 8 millones de indigentes para empezar, pues son los más urgidos en este momento.

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