El pensamiento mágico

Publicado el 4 de junio de 2010 en El Espectador.

Lo que me gusta del programa de Mockus es que valora la cultura como un motor importante para el cambio social.

En un mundo donde la verdad la tiene la ciencia, la cultura es doblemente poderosa pues las manifestaciones culturales no nos ponen a la defensiva, más bien nos seducen suavemente. Como no oponemos resistencia, mucha información irracional se convierte en creencia antes de pasar por el sedazo de la lógica. Estoy de acuerdo en que muchos de los problemas de Colombia son culturales: exaltar la malicia indígena, por ejemplo, hace que tengamos respeto por los pícaros; lo que le da una clara ventaja a Santos, porque si en nuestro imaginario cultural exaltáramos la decencia otros habrían sido los resultados de las votaciones.
La idea que tenemos del mundo determina la realidad y la cultura (no la ciencia) es el lente con el que miramos nuestro entorno. Esto lo señaló Mockus, pero lo puso en práctica Juan Manuel, que usó todos los prejuicios cognitivos del pueblo colombiano a su favor. El pensamiento mágico es una forma de pensar y razonar que genera opinones carentes de fundamentación e incluye las supersticiones, los prejuicios cognitivos y yo diría que hasta las teodiceas. Muchos suponen, entre esos Mockus, que la forma de desmontar un pensamiento mágico es evidenciar las falencias de sus estructura racional, la verdad debería bastar para desmontar el encanto. Pero no, varios expertos en la materia, entre esos Bruce Hood, profesor de Psicologia de el Desarrollo en la Universidad de Bristol, sostienen que estos esfuerzos para combatir las creencias irracionales, particularmente los prejuicios cognitivos, son infructuosos porque el cerebro humano tiende a funcionar de manera supersticiosa.
Las elecciones del domingo lo prueban, veamos algunso prejuicios culturales: los grupos tienden, naturalmente, a defender el Status Quo (el gobierno de Uribe); los humanos tienen una tendencia a sobreestimar la cantidad de gente que está de acuerdo con lo que piensan (la ola verde), y la tendencia a satanizar al “otro” (Chávez). En cuanto a la toma de decisiones los grupos tienden a preferir la ganancia inmediata antes que el beneficio a largo plazo (otro punto para Santos), y a tomar decisiones irracionales basadas en una decisión racional que en el pasado fue exitosa (“como convino votar por Uribe, conviene votar por Santos”). También se sabe que tomamos decisiones más mesuradas cuando esperamos que el resultado sea positivo y reaccionamos de forma más riesgosa para evitar un resultado negativo. Otros prejuicios cognitivos comunes son creer en los estereotipos (que ahorran tiempo), o aquello de que “todo pasa por algo”, estribillo con el que ofrecen consuelo muchas madres colombianas.
El comportamiento político de un pueblo depende en gran medida de su pensamiento mágico, que incluye los prejuicios culturales y explica porqué en nuestros mandatarios buscamos, una y otra vez, a un Nuevo Bochica. Si uno quiere cambiar este pensamiento mágico debe hacerlo con su mismo lenguaje, un lenguaje irracional, que se hace imperativo en la campaña de Mockus, si quiere ser consecuente con el poder que le atribuye a la revolución cultural.

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