Cuando pase el temblor

Publicada el 24 de septiembrede 2010 en El Espectador.

Se muere el Mono Jojoy y la tierra tiembla. Tembló en Santander y tembló en Chile y tembló Twitter y las salas de redacción de los medios colombianos que prontas sacaron ediciones especiales.

ada del día de ayer fue neutral, los colombianos reaccionamos con nuestra bipolaridad típica saltando a celebrar o aguando la fiesta con cinismo y algunos hasta pendulamos entre la una y la otra.
Ahora resulta que Pachito amenazó a Piedad por Twitter, pero no, porque la piedad sin mayúscula es otra cosa. RCN y Caracol se midieron la envergadura, muchos lamentaron la muerte de Sasha, la perrita antiexplosivos y otros más ingeniosos se dedicaron a hacer juegos de palabras con el nombre de la operación, Sodoma, que uno no sabe si es casualidad u homofobia.

Todas estas reacciones hacen parte del esquizofrénico clamor patrio que nos une como colombianos ante la victoria o la tragedia o ante hechos como este, tan difíciles de clasificar. Todas estas reacciones me llegaron de forma masiva y abrumadora hasta Brasil, gracias a la ubicuidad que Internet permite y todos sus lugares comunes rondan fastidiosamente en mi cabeza. Digo ubicuidad porque eso es lo que Internet me garantiza, después de casi 20 días en otro país no he podido salir de Colombia, por elección por supuesto, por una afición a los nuevos medios que me ha llevado a conocer en tiempo real la noticia de la muerte de Jojoy, y todo lo que sucede hoy en mi país cuando yo estoy lejos. Digo fastidiosa porque la cantidad de información es abrumadora, y nos vemos abocados a opinar en caliente hasta que cada veta de ingenio se gasta en el voz a voz y se convierte en un cliché. Pero ojo, nada perdura tanto como un cliché.

Dicen las FARC en el comunicado publicado hoy en anncol, página de internet donde nos informan de sus andanzas con un español rebuscado: “Aún sin confirmar si el comandante Briceño ha muerto. Según Chucky, Pin Rivera y su cooptado otrora ‘obrero´, ‘el principio del fin de las Farc’. La borrachera y júbilo mediático no los deja ver el escenario que se otea.” Y sí, la victoria del ejército es, sin duda, mediática, es una victoria de percepciones que se transmiten, reproducen y propagan a velocidades inimaginables y que se vuelven más importantes y perdurables que los hechos mismos. ¿Qué puede hacer las FARC frente a esta victoria? Nada. La borrachera y júbilo mediatico de la que hablan tiene repercusiones trasnacionales, y fue más rápida y contundente que su propio comunicado. En realidad no importa si Jojoy está efectivamente muerto o sigue agonizando de diabetes en la selva, la noticia afecta a un país entero, a sus ciudadanos desperdigados por el mundo, y no se detiene ante las, ahora insulsas, barreras espaciotemporales.

Estas son las dinámicas de la información en el mundo en que vivimos. De la guerra no nos enteramos por cartas y telegramas que no garantizan llegar a su destino. De la guerra nos enteramos ya, ipso facto, y estas noticias se replican y llegan inmediatamente a todos los confines del mundo. Es tal multiplicación que casi que son más poderosas que los hechos mismos. La guerra de hoy, además de balas, bombas y cadavers, es una guerra mediática, una guerra de información, que se batalla en la capacidad de involucrar a la gente en la noticia, aun cuando perfectamente puedan dormir, sustraerse, y pedir que los despierten cuando pase el temblor.

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