Harry Potter y el determinismo

Columna publicada el 19 de noviembre de 2010 en El Espectador.

“Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades”. Esto le dice Dumbledore, el sabio y poderoso mago director del colegio Hogwarts, a Harry Potter cuando el joven mago se entera de que comparte muchas de sus habilidades con Voldemort, el villano de la historia. Esta afirmación es una premisa vital de la saga, que insiste una y otra vez en que el destino depende de la voluntad.

Aunque en la historia no se demuestra esta premisa del todo (porque Harry es guapo, poderoso y millonario y se necesitaría una elección realmente estúpida para perder estas ventajas) el peso dramático que se pone en la capacidad de elegir resuena con la idea de individuo que tenemos hoy en día. Para el hombre que la Modernidad ha construido, el límite de su alcance es la imaginación. Es el hombre que dijo “quiero la luna” y la tuvo, la heroína de telenovela para quien es posible la movilidad social, incluso la reina de belleza que decide no conformarse con “lo que Dios le dio” y prefiere pagarle a un cirujano que a un mejor sastre; esos son los hombres (hombres, mujeres, humanos, inserte aquí su sustantivo predilecto) producto de la Modernidad. En lo que va del relato de Occidente se cree que el hombre es lo que decide ser y cuando decide serlo. El hombre de hoy es lo que hace, su esencia es su existencia, es decir, es extensiva.

El occidental contemporáneo se afirma como individuo desde sus libertades individuales, por eso es tan paradójico encontrarse hoy en día se escuchen argumentos deterministas que hablan de que las cosas deben ser “naturales”, o “según el plan divino”, o “como han sido siempre”. Estos argumentos se encuentran en todas partes, los homosexuales no pueden casarse porque “así no son las familias”, las mujeres no pueden abortar porque “si quedó embarazada era porque así debía ser”, y los errores de muchas empleadas domésticas los excusan las señoras diciendo que “si le diera para más sería secretaria”.

Lo bueno de creer en la afirmación de Dumbledore es que implica que nadie esta jodido si no quiere, y que en la sociedad, al menos en teoría, se favorece a los que desean y no a los que se conforman. Pero esto es lo que dicen en Hogwarts, en Colombia nos dicen “deje así” y así dejamos.

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