Infierno grande

Columna publicada el 3 de diciembre de 2010 en El Espectador.

Dicen que en pueblo chico, infierno grande. Algo así ha pasado con el escándalo de Wikileaks.

El domingo Wikileaks filtró 250.000 mensajes diplomáticos estadounidenses, interesantes algunos, otros banales como chisme de comadre. Estos cables han causado tal estremecimiento en la Aldea Global que a Julian Assange, (el vocero de esta página-web/ grupo-activista/ agencia-de-espionaje), se lo ha tratado de terrorista en varios medios norteamericanos.

Más allá del chismorreo, lo que estos cables muestran es cuan aterrorizados quedaron los gringos después del 9/11 y cómo toda su agenda diplomática gira alrededor del enemigo casi metafísico del terrorismo. Hasta ahí la información es poco sorprendente, lo realmente peligroso aquí no es tanto el contenido de los cables como la idea de Wikileaks, y su cruzada por la divulgación de todo aquello que sea secreto. Esa misión, justificada o no, restaura nuestra sospecha de las instituciones, le recuerda a la gente que hay cosas turbias en la diplomacia, y que las grandes organizaciones no llegaron a donde están solo haciendo actos de caridad.

Julian Assange se considera a sí mismo un activista por la libertad de la información y busca ser “combativo” frente a los “perpetradores de crímenes”, como el mismo lo dice en la charla Ted que dió en julio de este año, cuando su nombre también estaba en boca de todos por haber filtrado documentos secretos del Pentágono. Assange dijo en esta misma charla que quiere ser un hombre capaz y generoso, por eso busca no crear víctimas. Julian Assange considera que si alguien quiere ocultar una información, es por algo, y en ese caso, su misión y la de Wikileaks es divulgarla.

Excéntrico, paranóico, megalómano, a Assange le gusta armar líos y la atención que recibe por ellos. Es probable que no muestre estos cables porque tenga una causa en mente, solo lo hace porque puede, sin una agenda más sofisticada que la controversia gratuita. Su nihilismo lo convierte en alguien virtualmente peligroso para cualquiera, bueno o malo, Assange es a los poderosos, lo que a los transeuntes decembrinos es un buscapié.

Por eso se ha comenzado a pensar en formas de capturarlo. Ya la Interpol lo busca para interrogarlo por un caso de violación en Suecia y EEUU está viendo a ver cómo hace para levantar cargos contra él por espionaje federal. Por un lado, un estatuto de la Constitución norteamericana puede permitirlo, pues ésta condena a todo aquel que posea documentos que puedan ser usados en detrimento de los EEUU sin autorización (Título 8,§ 793(e) del Código de los Estados Unidos), pero por otro, al acusarlo de espionaje el mensaje que se envía es que quien averigue información secreta y la saque a la luz pública, es un espía o terrorista.

Aunque lo que ha hecho Assange difiere mucho de la labor de un periodista, la operación básica de divulgación: descubrir información y hacerla pública, es la misma del periodismo investigativo. Es difícil explicar porqué Assange, que encuentra documentos secretos y los divulga sería un espía, y un periodista que encuentra documentos secretos y los divulga no. Por eso hay que preocuparse si lo enjuician, en ese caso, la definición de espionaje podría abarcar incluso al periodismo, y en ese caso, ¿quién y cómo se marca la línea? ¿Espía o investiador? ¿Cuál es el límite?

Por eso tal vez no se trata de detenerlo sino de manejar las dimensiones que puedan alcanzar sus actos. Más que enjuiciar a Assange o a Wikileaks, las organizaciónes diplómaticas podrían ser más cuidadosas con sus secretos o renunciar a ellos, y así adaptarse a vivir en esta Aldea universal, donde todo se sabe.pues la globalización ha minimizado las distancias, la Internet ha puesto la información disponible, y a veces, para enterarse de algo solo hay que querer saberlo, como en los pueblos pequeños.

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One comment

  1. Con todo y este revolcón que se ha formado entre Julian y EU, aquí ni se inmutan. Para Chibchombia esto no es más que otro de los escándalos que salen todos los días, de los que se ven en tele y a las dos horas se conversa con tinto en mano.

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