La serpiente

Columna publicada el 12 de noviembre de 2010 en El Espectador.

Ayer, frente al Ministerio de Educación, algo opacados por la manifestación del gremio de maestros de la universidad pública, había carteles con fotos de bebés y dibujos de la Virgen María. Los manifestantes con estos carteles rezaban el Rosario, y gritaban obviedades con un par de megáfonos. Digo obviedades porque, por ejemplo, exigían “ley de educación, no de manipulación” y “nuevas generaciones no prostituidas”, afirmaciones con las que es fácil estar de acuerdo. También gritaban “el condón no protege el corazón”, y esta ya era tan obvia que casi que la advertencia parecía dirigida al Señor del Tapabocas.

Les oí decir, también, que el aborto deja secuelas psicológicas, lo cual también es evidente; es un procedimiento que no debe tomarse a la ligera, una decisión muy difícil que toman algunas mujeres. Hasta ahí, los Pro vida, y yo estabamos de acuerdo. Hasta que vi que se manifestaban en contra del nuevo plan de educación sexual de los colegios, porque habla del aborto, de la diversidad sexual, y otras invenciones diabólicas cuya sola mención llevará a los adolescentes a la promiscuidad irresponsable. Hasta aquí llegó el idilio.

¿Saber o no saber? ¿Qué prefiere usted? Prefiere creer que el Niño Dios no trae los juguetes porque no lo quiere, como propone esa lastimera canción navideña, o prefiere saber que no hay Dios, ni plata, y por eso este año no hay Navidad. Yo sin lugar a dudas prefiero saber, pero por alguna extraña razón hay gente que se siente más segura en la ignorancia, como si a menor cantidad de conocimiento menos peligros acecharan.

Los peligros, sin embargo, son los mismos e ignorarlos no hace que se vayan. Saber, en cambio, ofrece las herramientas para enfrentarse a los problemas del mundo. Por eso, ocultar ciertos detalles de las cátedras de educación sexual de los colegios, decididamente, no va a evitar ni las violaciones, ni los embarazos adolescentes mientras que divulgarlos le da alternativas a los adolescentes para enfrentarse a estos problemas.

¿Si no es con buena información cómo puede alguien evitar un embarazo no deseado? ¿Manteniendo la castidad frente a sus hormonas rampantes? Las visitas con chaperona y los cinturones de castidad se probaron inútiles hace años. Los adolescentes en Colombia van a iniciar su vida sexual sí o sí, y la mayoría no sabe qué es un Centro Amigable, no sabe cómo conseguir métodos de planificación, cuáles son y cómo utilizarlos. Peor, los adolescentes en Colombia no conocen sus derechos, no saben que pueden pedir anticonceptivos en centros de salud sin estar acompañados de un adulto, no saben, tampoco, que el aborto en Colombia es legal en tres casos.

Saber sobre sexo no nos obliga a tirar, así como saber sobre teología no nos obliga a creer en Dios. El aborto puede ser legal en Colombia pero esto no obliga a los católicos a abortar. Uno puede negarse a utilizar las alternativas, pero si se niega una alternativa, todos estamos obligados a seguir aquellas que quedan, como caballos de mercado con tapaojos. No hablar abierta y competentemente de sexualidad en los colegios limita los derechos de muchos, pero en cambio, informar los preserva.

El conocimiento no es una serpiente malvada que nos incita al mal. Saber que hay alternativas no tiene desventaja alguna. Una jóven católica tiene derecho a saber cómo hacer para tirar sin quedar embarazada y que, en el caso de que igual suceda tiene derecho a saber que hay opciones distintas a casarse o huir a un internado a esconder su panza y leer novelas de Corín Tellado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s