El bebé que ladra

Columna publicada el 7 de enero de 2011 en El Espectador.

Según el spot de Tiempo BBDO para el Festival Publicitario Iberoamericano El Sol, en su edición del 2004, el bebé que ladra es la estrategia de marketing infalible, pues combina las dos motivos que más les gusta ver a los consumidores en la publicidad: los bebés y los perros.

El imbatible engendro sirve para vender todo apoyándose en las afirmaciones vacías y emotivas de la publicidad, y por supuesto, es una crítica a la falta de imaginación de los publicistas que dirigen sus ideas a un público ingenuo y fácil de manipular.

La campaña “Fe en la causa, comportamiento Ético Superior” que acaba de lanzar el ejército nacional para motivar la moral de sus soldados es justamente eso: un bebé que ladra.

“Fe en la causa, comportamiento ético superior, es la fuerza interior que inspira a los integrantes del Ejército Nacional, para lograr la victoria de manera irreprochable.” Reza el concepto de la campaña. La “Causa”, sin embargo, no la definen nunca. En el video se habla de un compromiso simple (“como una gota de agua”) y anacrónico (“siempre ha estado ahí”) y después se enumeran una serie de valores necesarios para ser un soldado: disciplina, sacrificio, actitud de combate etc. Según la campaña el concepto impreciso de Fe en la Causa “lo supera todo: el hambre, el dolor, los climas extremos, la angustia de un compañero herido, el cansancio, la lejanía de los seres queridos”. Se anima a los soldados a que sean solidarios con sus compañeros y fieles a los principios institucionales, y la voz emocionada del locutor afirma que la Fe en la Causa “te hace grande, te levanta, te devuelve la fuerza, te da el poder de mil soldados en 1” como si fuera uno de esos menjurjes curalotodo. El video también muestra la imagen de un niño, que sueña con ser soldado, como si tuviera la esperanza de que la guerra colombiana continuara para siempre.

Es romántico pensar que el conflicto armado se da por una Causa, un bien abstracto y superior, pero en realidad se lucha por problemas pragmáticos y ordinarios: como el hambre o el dinero. Toda esta perorata emocional y conceptualmente difusa ayuda cuando uno se ve enfrentado a tener que matar guerrilleros, que en su mayoría son campesinos con hambre que encontraron trabajo de mercenarios, iguales al soldado del ejército que probablemente terminó enlistado para tener un trabajo estable, un sueldo fijo, y una boca menos que alimentar en su casa. Esos son los personajes que pelean la guerra colombiana por nosotros, los que necesitan creer en la Causa, esos que sacaron la bolita y sus padres no pudieron pagar una buena excusa para que “el muchacho, mejor, siguiera estudiando”.
A mi me gustaría saber cuál es la Causa por la que mueren desde hace 200 años los soldados de Colombia, ¿Dios? (no, esta no es una guerra religiosa) ¿la Patria? (cuyos ideales se los inventan unos pocos y los defiende el colombiano raso) ¿la libertad de los secuestrados? (la única acepción honrosa y puntual que puedo imaginarme). “Fe en la causa” es una sentencia emocional y vacía que se le puede aplicar a cualquier cosa, como el bebé que ladra. Si yo fuera a arriesgar mi vida en combate me gustaría que fuera por algo claro, definido y argumentable no por un ardid publicitario; una Causa abstracta en la que solo se puede tener fe, porque si hubiera conocimiento pocos irían a la guerra.

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