La perra

Publicado el 3 de febrero de 2011 en El Espectador.

Hay un video rotando en Internet que muestra a 4 auxiliares de policía y un patrullero torturando una perra hasta matarla, en Puerto Tejada, Cauca en 2009.

El video lo grabó uno de los policías, el que más reía y más parecía gozar con el incidente. La perra muere de un palazo, el camarógrafo no corta la grabación hasta asegurarse. Ni siquiera hace falta ver las imágenes para empatizar con el animal, el asunto es cruel y perverso, difícilmente puede defenderse.
Como el incidente fue tan mediático el General Naranjo despidió al único de los uniformados que seguía vinculado a la Policía Nacional (Misael Ruiz Quintero), los otros mataperro hoy son civiles, se habló de la posibilidad de que sean inhabilitados durante cinco años para ejercer cargos públicos. El General Naranjo invitó a las organizaciones defensoras de animales a definir un plan de acción que comprometa a la institución en diferentes acciones de protección, defensa y garantía del bienestar de los animales. Como símbolo del compromiso de la Policía Nacional se construirá un monumento en honor a todos los perros y gatos que han sido víctimas de la violencia, la crueldad, el maltrato y la irresponsabilidad de los seres humanos, un gesto lleno de buenas intenciones que, por supuesto, no le sirve de nada a los animales.
El video de la perra nos obliga a preguntarnos cuándo hay maltrato animal; ¿hay diferencia entre la muerte de la perrita y la muerte de un toro? ¿cuándo se puede someter a un animal a una muerte cruel y cuando “es cultural”? ¿Es menos grave si después nos comemos al animal? Me parece muy complejo trazar una línea entre estas gradaciones, y por eso me llama la atención el repudio unánime al video de la perra: sabemos cuando hay maltrato, pero no sabemos cuándo no. De todas formas, las consecuencias por hacerle daño a un animal, según el Estatuto Nacional de Protección Animal,
Ley 84 de 1989, los actos dañinos descritos en la Ley (que cuenta con un compendio de torturas) son sancionados con pena de arresto de 1 a 3 meses y multas de $5.000 a $50.000. Valdría la pena tener sanciones más severas, el maltrato animal es un acto violento gratuito, a veces síntoma de psicopatologías, y su castigo debería ser proporcional a la abominación que genera.
El video también es uno más de los casos de abuso policial que hay en el país. Basta recordar que en el 2009 unos policías, también auxiliares bachilleres, violaron, en video, a una niña desplazada de 13 años en Bogotá en el parque Tercer Milenio. Hace poco, en enero del 2011, Pamela del Mar Granados Sierra de 27 años, denunció que dos policías la habían violado en una requisa en un bus camino a Santa Marta. Resulta preocupante ver tantas noticias en las que la fuerza publica abusa de su poder para ultrajar, eso pone en cuestión el procesos de selección de la Policía Nacional, la calidad de la valoración psicológica de los policías y la efectividad de su entrenamiento, que en el caso de los bachilleres solo dura tres meses.
Me parece significativo que dos de los crímenes mencionados en esta columna llegaron al conocimiento público porque fueron grabados en video y divulgadas en Internet. Probablemente el asesinato de la perra no habría tenido repercusión alguna si las imágenes no hubieran tocado las redes sociales, donde la indignación vive a flor de piel y las noticias se riegan como pólvora. Es otro caso que muestra el poder de incidencia política de una reciente forma de protesta que es una curiosa amalgama entre el activismo y el chisme, y con frecuencia se encuentra en Facebook. Hoy ciertos comportamientos éticos son casi obligados pues de cualquier hecho se puede hacer registro y es muy fácil divulgarlo.
El video de la perra cuestiona qué tan civilizada es nuestra sociedad: por un lado tenemos una fuerza policial cuya fama nos hace sentir inquietos, no seguros, y un territorio donde la crueldad contra los animales sigue pasando inadvertida, impune e indiferente. Yo espero que la muerte de la perra no se quede en ser un termómetro de la miserableza humana y genere conciencia y resistencia frente a los abusos de la autoridad y el maltrato a los animales, espero que provoque medidas concretas. No basta con un monumento.

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