El mensaje de Julieta

Publicado el 6 de mayo de 2011 en El Espectador.

Según las estadísticas del Ministerio de Defensa los contactos militares contra el ELN y las FARC entre el 2002 y 2009 por iniciativa de la fuerza pública fueron 11.354, esto es 4.5 acciones por día durante siete años, con resultados de 13.494 bajas y 35.584 capturas.

A esto se suman los 17.555 desmovilizados para el mismo periodo. Para el mismo tiempo analizado (2002-2009) se desarrollaron 70 ataques a poblaciones, 441 ataques a instalaciones de la fuerza pública, 514 emboscadas, 1.479 hostigamientos y 2.125 actos de sabotaje. Como resultados de estas operaciones hubo 14.017 heridos o bajas vivas y 4.504 muertos, esto es, un promedio diario de 1.7 muertos y 5.5 heridos. 2.400.000 desplazados y 18 mil combatientes muertos, sin contar los asesinatos de civiles y grupos étnicos, por ejemplo, 766 indígenas y 578 sindicalistas. Esas son las cifras de la guerra que no hay en Colombia.
Según el expresidente Álvaro Uribe Vélez aquí lo que tenemos son unos terroristas díscolos, no una guerra. Según Uribe no hay conflicto armado interno ni necesidad de reconocerlo pues en su gobierno nos trajo la paz sin tener que reconocer un conflicto armado interno. El problema es que las cifras de su paz se parecen demasiado a la guerra, y que no basta decir que todo anda de maravilla para que efectivamente todo esté de maravilla. Los muertos no reviven por llamarlos de otra manera. Claramente a Uribe lo tumbaron en su curso de PNL.
“Se está dando una señal sumamente grave, cuando llevamos tanto tiempo combatiéndolos, si ahora buscamos abrir la puerta para un reconocimiento, para que después se pida el estado de beligerancia.” Dijo Uribe en La W y mostró que claramente para él es más importante ignorar a las Farc que reconocer a las víctimas. Amparado en minucias, José Obdulio Gaviria dijo en la misma emisora que en Colombia sí hay conflicto armado, mas no “conflicto interno armado”, como lo contempla el Protocolo II de Ginebra.
Si lo hubiera esto implicaría que las personas que no participen directamente en las hostilidades, o hayan dejado de participar, tienen derecho a un trato respetuoso, cosa quién sabe porqué no le gusta nada al uribismo. El Protocolo II también prohíbe los actos de homicidio y tratos crueles, el terrorismo, la toma de rehenes, la esclavitud, los atentados contra la dignidad personal, entre otros; así como garantiza a los confinados o detenidos durante conflictos internos el mismo trato humanitario que se establece en los Convenios de Ginebra.
Al parecer ninguna de estas ventajas para las víctimas entran en las preocupaciones de Uribe que anda embebido con asuntos nominales. Sobre ese mismo problema cavilaba Julieta, la de Shakespeare, y decía “¿Qué hay en un nombre? Lo que conocemos como rosa, aunque tuviese otro nombre mantendría su perfume; de ese modo Romeo, aunque Romeo nunca se llamase, conservaría la misma perfección, la misma…” Julieta podría decirle a Uribe que puede decirle como quiera al conflicto colombiano, un nombre no desmanchará la sangre ni nos quitará el olor a pólvora. Con guerra, conflicto armado o conflicto armado interno, Colombia mantiene su perfume, como la rosa, aunque el nuestro sea más bien un tufo a muerte.
***
Mañana iré a la Concentración por el Día Mundial de la Liberación de la Marihuana en Bogotá, (parque de la 60 Calle 60 entre Carrera 7º y 9º, 3:00pm) para defender el derecho de todos al libre desarrollo de nuestra personalidad.

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