12 pasos

Publicado el 2 de junio de 2011 en El Espectador.

Durante los últimos 40 años se perdió control, tiempo y energía; se deterioró progresivamente la calidad de vida de muchos, seguimos adelante a pesar del daño y pasamos por la negación o autoengaño, separándonos de la conciencia que la guerra contra las drogas tiene en nuestras vidas. ¡Han sido 40 años de adicción!

Felizmente acabamos de dar un gran paso en nuestro proceso de rehabilitación: después de billones de dólares gastados, millones de arrestos por crímenes no violentos (que hace un siglo ni siquiera eran crímenes) y muchos más muertos; la Comisión Global de Políticas sobre Drogas hace un pronunciamiento oficial sobre lo que ya veníamos diciendo: la guerra contra las drogas es un fracaso, y peor, un despropósito.
En esta guerra han muerto policías, miembros del ejercito, narcotraficantes, novias de narcotraficantes, políticos, civiles, campesinos, consumidores, y los únicos que parecen salir ganando son los de RCN y Caracol que venden sus telenovelas tan rápido como se venden los mismos narcóticos. Todo para que hoy en día la marihuana, la cocaína y la heroína sean más baratas que cuando comenzó la guerra y sigan estando disponibles con la misma facilidad que en tiempos del primer Woodstock.

Como no podemos atacar a las drogas, hemos atacado a todo lo que se mueve. Así, la guerra contra las drogas ha sido una guerra contra el sistema de justicia, que hoy en día llena las cárceles de consumidores sin un pasado criminal, que terminan pagando penas iguales o mayores a las de verdaderos criminales. Es una guerra contra las poblaciones vulnerables y de bajos recursos, que son las que terminan en las cárceles sin plata ni contactos, para iniciar una nueva carrera criminal.

La guerra contra las drogas es también una guerra contra el medio ambiente. Los parques naturales y la comunidades indígenas son fumigados sin distingo alguno, las tierras quedan estériles y los campesinos enfermos, el zumbido de las avionetas es como un galope apocalíptico.

La humanidad, adicta y empecinada en esta guerra, también se olvidó de la salud. El énfasis de la guerra contra las drogas no ha estado en la prevención ni el control de riesgos, medidas que podrían reducir el impacto del consumo y salvar muchas vidas. Además, el tabú entorpece la honestidad de la relación médico-paciente y previene que se hagan estudios serios de los efectos de narcóticos para saber cómo tratar la adicción o los efectos de una sobredosis. Una política de prevención y consumo responsable de drogas salva muchas vidas, mientras que la guerra contra las drogas solo deja muertos.

Finalmente, esta ha sido una guerra contra la compasión. No solo la compasión con el dolor físico, porque los mejores calmantes son los narcóticos, es también inconnivente con los dolores del alma. Su fracaso simplemente nos confirma que no vivimos a palo seco y que paliativo es paliativo, así se llame religión, remedio, hobby, guerra o vicio.

Le dicen a los adictos que el primer paso es aceptar que hay un problema. La Comisión Global de Políticas sobre Drogas ha dado el primer paso. Ahora, aceptemos con serenidad que no podemos cambiar que la humanidad consume sustancias que alteran su conciencia, y tengamos la fuerza para cambiar lo que podemos por medio del consumo responsable, ya que por fin tuvimos la sabiduría de saber la diferencia.

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