Monsters Inc.

Publicado el 19 de mayo de 2011 en El Espectador.

La propuesta de la senadora Gilma Jiménez para que haya cadena perpetua para los que cometen delitos contra menores, es, primero un pésimo castigo, y segundo, una reforma a las ideas fundamentales de Colombia como Nación.

En Colombia, a juzgar por la Constitución de 1991, se considera que los individuos no son estáticos, que pueden rehabilitarse, cambiar sus vidas, es decir, son dueños de su destino, como lo son los hombres de la Modernidad. La Constitución colombiana no permite la cadena perpetua porque se cree en la posibilidad de resocialización de los criminales.

Si se aprueba la propuesta de la senadora Jiménez pasaríamos a considerar, como Nación, que unos criminales pueden rehabilitarse y otros no, y que podemos vilificar sin remedio a unas personas sin conocer las causas de sus acciones. Una causa no es una justificación, no exime a un criminal, pero una condena sin conocimiento de causas entorpece las justicia. No basta con encerrar a todos los pedófilos si no sabemos qué los ha llevado a ser así, cuál es la responsabilidad de la sociedad en su comportamiento y cómo repararlo y evitarlo.

Sin la posibilidad de rehabilitación las cárceles no son más que ratoneras, lugares donde unos parias van a acabar sus días. Me dirá la senadora que los violadores de menores deben ser parias y tal vez sí, dirá que son ratas, y hasta puede ser, pero negar de tajo la posibilidad de rehabilitación, con una cadena perpetua, es negarles su humanidad y quién es ella, o quiénes somos nosotros para hacerlo.

Esa moral en alto contraste de la senadora Jiménez casi sirve para eximirnos a todos de la culpa de tener un país con oportunidades desiguales y penosa educación, con una historia de violencia inscrita en las calles. Sirve para decir “ellos son malos, yo soy buena” con esa tranquilidad maniquea e irreal de los cuentos de hadas. De pronto dormirá mejor la senadora si todos los “monstruos” están encerrados, y mejor aún si todos nos infantilizamos como ella, y decidimos que nos basta con el paliativo de esconder los problemas bajo la alfombra.

Porque la solución de Jiménez, además, es facilista, se trata de cerrar los ojos y esconder lo que no nos gusta. Yo me pregunto cuántos violadores de niños germinaran en una sociedad que vive en negación de sus impulsos más oscuros y sus manifestaciones.
Mejor sería que la senadora, que tanto piensa en los niños, se dedicara a hacer campañas por la educación, por el empoderamiento de los niños y niñas, por acabar con el silencio. Aquí la mejor estrategia es mostrar, hablar, visibilizar, y sin embargo la senadora propone callar y ocultar.

O tal vez es simplemente que la senadora se aprovecha de lo fácil que es empatizar con “los niños y niñas” para que la apoyemos desde nuestros más bajos instintos (esos mismos que dominan a los violadores) y entonces, todo su discurso sería una retórica monstruosa en la que los niños le importan un bledo tanto a ella como a los criminales.
La cadena perpetua es una castigo que no soluciona nada, no ataca el problema de raíz, lo esconde en el closet. En cambio, de ser aprobada, sí diría mucho de nosotros como país, como por ejemplo que somos capaces de escurrirnos en el molde de esa Nación indigna que propone la senadora en donde los monstruos somos nosotros.

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