El jardín del Edén

Es difícil creer que un departamento con una riqueza natural tan alucinante como el Magdalena se pierda en el atraso

La obra más importante de los últimos años ha sido una marina que solo les sirve a los que tienen yate, mientras que los barrios pobres se inundan cada vez que llueve. ¿Cómo, entre tanta exuberancia, las ciudades y pueblos resultan ser unos peladeros sin oportunidades donde lo único que medio prospera es la economía informal: mototaxistas y vendedores ambulantes? ¿Cómo es que no se nota el efecto de obra social o ecológica alguna? ¿Cómo es que hay hambre en una tierra que es lo más parecido al Jardín del Edén?

Como todos saben que la respuesta es “la corrupción” ya nadie quiere preguntar. Salvo algunos, como el periodista Oscar Montes que escribió el artículo “¿Candidaturas en el Magdalena: ¿qué pasó con la renovación política?”, publicado el domingo pasado en El Heraldo. El artículo llama la atención sobre cómo los poderosos del departamento se rotan los puestos públicos y cómo además, estas élites tienen fuertes vínculos con la parapolítica.

Montes no fue el primero en decirlo. Ya la columnista Claudia López había hablado del caso del “Mello” Cotes en su columna de La Silla Vacía. Cotes, candidato liberal, está apoyado por Trino Luna, exgobernador del departamento condenado por parapolítica y por Ómar Díaz-Granados, exgobernador destituido por corrupción. Además el padre y el tío de Cotes son conocidos en la región como Los conejos, un apodo que se ganaron en las épocas de la bonanza marimbera. Como si fuera poco, José Francisco Zúñiga Vives, pariente de Cotes está condenado por parapolítica.

El artículo también menciona a José Luis Pinedo, otro aspirante a la gobernación, Joaquín Gutiérrez Caballero y Lisseth Peñaranda, todos con vínculos indeseables. A juzgar por como están las cosas, es difícil encontrar un político en el Magdalena que no sea parte de la telaraña.
Montes cita algunos procesos salpicados por escándalos de corrupción como la concesión de la malla vial de Santa Marta, el amoblamiento urbano de la ciudad, el recaudo de impuestos, y critica al Partido Liberal por apoyar a un personaje vinculado a la parapolítica mientras en Bogotá se llenan la boca con la aprobación de la Ley de Víctimas.
Por supuesto, los involucrados salieron a desmentir el artículo y a decir, como lo dijo el edil Hernando Pinedo Vidal que “denigra de los habitantes del Magdalena al afirmar que todo el departamento se encuentra permeado por la corrupción, el narcotráfico y la parapolítica, exigimos de las directivas del periódico la rectificación porque el Magdalena merece respeto”. Pero en realidad lo que denigra a los habitantes del Magdalena es que unas pocas familias monopolicen el capital político y económico como si viviéramos en la Edad Media. La verdadera falta de respeto son los vínculos de los candidatos actuales con funcionarios destituidos por corrupción y esos apellidos tan elegantes que no son tan melindrorosos a la hora de mezclarse con presuntos parapolíticos y criminales condenados.

Además algo -si no todo- de verdad hay en el artículo de Montes porque curiosamente el domingo se agotaron todos los ejemplares de El Heraldo en el departamento, y no fue por la avidez de los lectores magdalenenses. Esa misma mafia que el artículo denuncia, es la que al parecer compró todas las existencias del periódico. Este gesto es lo más preocupante de todo. ¿Cuánto poder tienen pueden agotar todos los ejemplares de un periódico en tan corto tiempo? ¿Tiene esta gente el control de todas las esquinas como para poder detener la distribución de un periódico?

A su favor tienen los magdalenenses que la noticia se podía leer en internet (tal vez esta mafia ya esté pensando en cortar el acceso con la próxima noticia que no les guste) y que en el Caribe el voz a voz funciona y los chismes se riegan como “verdolaga en playa”. Sin embargo, la prepotencia del gesto es una bofetada al pueblo del Magdalena, es decirle que, si les da la gana, pueden impedirles saber algo, (inserte aquí disparos al aire) al estilo de los tiempos de Pablo Escobar.
De la misma manera que en el Jardín del Edén, en el Magdalena, el conocimiento está prohibido y al igual que a Adán y Eva, al pueblo del Magadalena se le permite vivir en un paraíso, siempre y cuando sea semidesnudos y sumidos en la ignorancia. Es hora de que todo el pueblo muerda la manzana.

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One comment

  1. Valiente escrito en una tierra en donde la verdad es castigada con acusaciones de ‘guerrilleros’ , ‘abusadores’, ‘vende patrias’ y otros ep’itetos por el estilo, cuando no hay retaliaciones mas directas y graves. Esta denuncia es igual para todo Colombia, en todas las ciudades encontramos esta situacion! pero… que hacemos los que tenemos el poder de elegir y llevar a los mejores candidatos al poder? Talvez seamos minorias? o somos apaticos?

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