¿Pensum o agenda?

Columna publicada el 9 de septiembre de 2011 en El Espectador.

Decir que María Cristina Gómez, ex-decana de la facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Bolivariana en Medellín fue retirada por organizar un congreso académico con una conferencia sobre el aborto es un impreciso resumen.

De aborto solo habló monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, rector de la universidad, cuando en la carta en que ordena cancelar el congreso dice “No deja de sorprenderme el silencio de su parte acerca de la orientación y énfasis que algunos de los ponentes, abiertamente, hacen en pro del aborto. En lo que he evidenciado hasta ahora, cinco de los ponentes tienen esta clara posición, incluso algunos de ellos, con posturas radicales públicas en contra de las orientaciones del Magisterio de la Iglesia respecto a la defensa de la vida humana en todas las etapas de su desarrollo” y cierra diciendo que esa no es manera de celebrar el aniversario de la Bolivariana.

Yo no he investigado uno a uno a los ponentes del congreso para saber de sus posiciones políticas (que difícilmente serán tan crueles como para ser pro-aborto, pero, en cambio, tal vez sean pro-elección o pro-legalización) pero creo que eso no debería importar más que su experticia profesional. En todo caso a quien Rodríguez Velásquez se refiere es a Robert Alexy, un jurista importante que fue citado por la Corte Constitucional en la Sentencia C-355/06. La razón por la que la Corte cita a Alexy es para argumentar que el margen de configuración del legislador “encuentra sus principales límites en los derechos constitucionales, dentro de los cuales se destacan la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, y la salud en conexión con la vida y la integridad de las personas”, uno de los argumentos que sustenta el que sea posible modificar la sentencia, que antes prohibía el aborto y ahora lo permite en tres casos. Y ese es el verdadero problema.

En un texto de Javier Tamayo Jaramillo llamado “Premisas claras para una discusión sobre la crisis en la UPB” se muestra el dilema ideológico que la facultad sufre tras bambalinas. Dice Tamayo que hay dos tendencias en la filosofía jurídica, una que defiende la conservación de las leyes y otra que considera que en ciertos casos las leyes pueden ser modificables, algo que han hecho, en efecto, las sentencias de la Corte. La primera postura, que puede sustentarse también con los argumentos de Alexy, critica las interpretaciones que ha hecho la Corte de la Constitución, y afirma que ese proceder, en palabras de Tamayo, “es la destrucción del estado Social de Derecho, para caer en un estado totalitario de izquierda o derecha.”

La segunda corriente, a la que pertenece abiertamente María Cristina Gómez, se llama “nuevo derecho” o “neoconstitucionalismo ideológico” (según me entero por el texto de Tamayo) y da prioridad a los principios constitucionales frente a la ley. Esta es una tendencia importante en Colombia, y la ex decana, tal vez con poco tacto o carisma, trató de incluirla en el pensum de la Bolivariana. A esto se opusieron muchos profesores decimonónicos de la universidad, entre esos Tamayo, y se generó una especie de cisma ideológico en el interior de la facultad. Los profesores se quejaron en repetidas ocasiones de las decisiones de Gómez y fue, tras estas repetidas quejas, que el incidente del congreso (el rector recibió cartas cuestionando el doctorado honoris causa que se ofrecería Alexy, y su lugar en el evento) se convirtió en la gota que rebozó el vaso. Entonces María Cristina Gómez presentó su carta de renuncia y se salvó el statu quo de la universidad.

Me llama mucho la atención cómo una y otra vez, en las cartas y posts que se publicaron a propósito de este incidente, se asocie el “nuevo derecho” con lo anticatólico. En contra de la presencia de Alexy en el congreso, el profesor Jesús Vallejo dice en su blog: “Es de suponerse que los actos conmemorativos de ese evento de tanta significación para ella [Gómez] tengan que ver con el realce de lo que quisieron sus fundadores y han promovido sus continuadores, es decir, la presencia de los ideales católicos en la comunidad a través de la formación de quienes, por su acceso a la educación superior, están llamados a liderarla.” y me extraña, pues yo, que también estudié en una pontificia tuve la suerte que de la universidad buscara hacerme una profesional excelente en mi campo, no meterme por los ojos la doctrina católica, y menos si eso va en contra de mis ideas personales o entorpece mi desempeño laboral. Otra queja de Vallejo es que en una ocasión cuando se vio obligado a dejar su cátedra por problemas de salud, la decana hizo caso omiso a su recomendación para el reemplazo (un alumno suyo) y le dio la cátedra a otro profesor que, según dice Vallejo “ sigue a Nietszche, [¿se puede hablar de Nietszche y obviar el catolicismo?] Heidegger y Foucault, entre otros, e ignora tajantemente la tradición filosófica inspirada en el pensamiento católico.”

Lo que se infiere es que el proceder de Gómez –darle énfasis al “nuevo derecho” en la facultad- y la llegada a escena de Alexy –cuyos textos fueron usados por la Corte Constitucional en la Sentencia C-355/06- son gestos “anti-católicos” y por tanto van en contra de la política de la facultad. Nada deberían tener que ver, en un Estado laico y en pleno siglo XXI, el derecho, cuyo espacio es lo público, con el catolicismo, cuyo espacio es el de lo privado. La cosa es seria. Nótese que sin las posturas filosófico-jurídicas del “nuevo derecho” y textos como los de Alexy, el aborto legal no sería una posibilidad en Colombia, y la posibilidad a futuro de logros democráticos como el matrimonio igualitario se desdibujaría.

Casarse con una corriente, y peor, por motivos de fidelidad o rechazo a una religión, no es buena idea para una institución académica porque, justamente, los dogmas son enemigos del desarrollo del pensamiento y de la educación. Creo que los estudiantes de la Bolivariana estarán más interesados en recibir información actualizada y en tener posibilidades para elegir entre diferentes corrientes que en ser productos de las líneas ideológicas de la universidad.

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