El país hermano

Columna publicada el 12 de octubre de 2011 en El Espectador.

Se dice que México es el nuevo Colombia y aunque la afirmación es bastante simplista no está lejos de la verdad.

El problema con el narcotráfico en ambos países tiene orígenes comunes, entre ellos que la movilidad social sea casi imposible, que el Estado no tenga una fuerte presencia en las regiones y que las armas y la droga sean los negocios más rentables del momento. Ambos comparten una estética común y fácilmente identificable: las chicas voluptuosas y desechables, las camionetas gigantes, los narcocorridos; también tienen efectos similares y el principal es el miedo, un miedo que no se resuelve con generar confianza inversionista y que viene de que los asesinatos masivos se conviertan en algo diario.

Las similitudes no terminan ahí. Hace dos semanas en Veracruz un grupo paramilitar denominado los Matazetas se atribuyó una masacre de 35 personas. Los Matazetas son un grupo armado que supuestamente busca justicia matando a Los Zetas, otro grupo criminal ligado al cartel del Golfo y que también tienen origen paramilitar. Según Edgardo Buscaglia, asesor de las Naciones Unidas, director del Centro de Desarrollo Económico y Derecho Internacional de la Universidad de Virginia y profesor de derecho internacional del ITAM, en México operan 167 grupos paramilitares que son financiados por empresarios empeñados en proteger “la vida y la propiedad”, unas garantías que no les otorga el Estado. ¿Suena conocido? Buscaglia también afirma que estos grupos están formados por antiguos miembros de la policía y el ejército y en otros casos por mercenarios extranjeros contratados por los empresarios o algunos gobiernos estatales para “limpiar territorios”.

Como respuesta a la situación mexicana, Calderón ha propuesto subir en un 11% el presupuesto militar y solo un 0.3% el destinado a la educación, incluyendo cultura, recreación y deporte. Nosotros, que ya probamos este recurso, deberíamos advertirles que la guerra solo perpetua la guerra y que la única manera de acabar con la violencia en nuestros países es con un Estado cuya fuerza no venga de las armas sino de la atención a las necesidades de sus habitantes: salud, educación y bienestar, un Estado que se preocupe por resolver los problemas reales de la población y no por mejorar la percepción mediática.

Varios mexicanos me han dicho en los últimos días que cómo está de bien Colombia, que “cómo le hicimos” para resolver nuestros problemas de violencia, cuando la verdad es que en vez de resolverlos creamos un tercero: el paramilitarismo, y ahora contamos con tres grupos armados dándose bala en las zonas rurales. Ese papel de hermano mayor solo nos queda en la medida en que tenemos el Copyright del “corte de corbata”, les llevamos 10 años de ventaja en una guerra que no hemos resuelto, y aún hoy el Estado, para las zonas rurales, es como Dios: intangible, invisible, impalpable, inaudible.

No sabemos aún cómo resolver el problema de la violencia que genera el narcotráfico, pero sabemos cómo no hacerlo, información que hay que rotarle urgentemente a los Estados Unidos Mexicanos.

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2 comments

  1. Desgraciadamente la gente ve solo lo que quiere ver y oir, y hablan por el otro 70% que esta sufriendo y pagando las consecuencias de una politica mediatica y excluyente que busca proteger a unos pocos y no a todos los ciudadanos tanto en lo economico como en la seguridad.

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