El poder sin nombre

Columna publicada el 9 de noviembre de 2011 en El Espectador.

Annonymous acaba de lograr la liberación de un activista secuestrado en Veracruz, México, por el sanguinario grupo ilegal Los Zetas. El grupo denunció que uno de sus miembros fue secuestrado por los Zetas durante la protesta callejera Operation Paperstorm, y exigieron su inmediata liberación o Annonymous haría pública información sobre funcionarios, políticos, policías, y hasta taxistas, en contacto con el cártel. Los Zetas cedieron a la demanda de Anonymous y liberaron al activista pero con un mensaje que decía “Si Anonymous revela algún nombre relacionado con el cártel, la familia del anónimo retenido sufrirá las consecuencias; por cada nombre revelado, diez personas serán ejecutadas”. Es decir, jaque mate.

The New York Times publicó el viernes que Anonymous podría tener en su poder información de hasta 100 de los principales socios de Los Zetas en México, Estados Unidos y Centroamérica, información que en teoría podría servir para chantajear al cártel. Anonymous tiene el poder que el Estado Mexicano, o cualquier estado, querría, sin embargo solo lograron la liberación de un activista que salió bajo amenaza, y si hubieran llevado acabo la Operación Cártel (#OpCartel) como lo anunciaron los dueños de esos nombres revelados habrían muerto. Esto pone en cuestión si tener toda esta información realmente serviría para desmantelar el cártel, tal vez en este caso el conocimiento no es poder.

“Debemos tener presente que estamos del lado del pueblo, y que no podemos dejarlos de lado “, se lee en su comunicado, pero lo que hicieron fue todo lo contrario, eligieron usar esta información para liberar a un solo hombre, un miembro de su grupo, escogieron sus intereses particulares antes que los intereses “del pueblo”. Hablan además como si su enemigo fuera el “Estado”, pero en realidad “pueblo” y “Estado” son conjuntos tan difusos como el mismo Anonymous, que evaden los compromisos ocultándose en el anonimato o la masificación y por ello es difícil fiarse de sus lealtades.

Barrett Brown, periodista independiente y uno de los portavoces de Anonymous, anunció en su cuenta de Twitter que él sí revelará información sobre las bandas del narcotráfico, arriesgando su nombre y su pellejo románticamente. También dijo que lo haría con la ayuda de colaboradores preparados para evaluar el contenido de los correos que llegaron como denuncias anónimas.

La pregunta por quién debería tener esta información es difícil. Lo ortodoxo sería que esta información la tuviera el Estado, pero el Estado se ha deslegitimado por corrupto e ineficiente, y de paso es enemigo declarado de Anonymous. O tal vez en es el pueblo quien debe tener esta información, pero la información hecha vox populi puede perder su poder estratégico.

Algo que prueba este episodio es que la información tiene un poder ambivalente. Solo la información le puede hacer pulso a la masacre. Pero la información es un arma que puede perder por entero su efecto si está en las manos equivocadas. Por ejemplo, solo tiene un valor de “verdad” si es dicha por alguien con nombre y apellido, y respaldada por alguien más. Dicha detrás de una máscara la información es solo un rumor.

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