Reinvención, no reforma

Columna publicada el 16 de noviembre de 2011 en El Espectador.

Si el objetivo era tumbar la reforma, lo más fácil era no marchar el jueves pasado.

Esa, que en principio parecía una excelente jugada de Santos para desmontar el paro, le dio un profundo sentido a las marchas de los estudiantes: la queja ya no es por la Reforma, es por la educación. Estamos ahora en un punto cero, no nos hemos movido ni hacia delante ni hacia atrás, y hay voluntad de cambio y de discusión, estamos en una coyuntura perfecta para repensar la educación en Colombia. Frases como “quisiera ser Icetex para estar contigo toda la vida” resonaron en los colombianos porque sí, la educación es muy cara y el desempleo es muy alto, dos realidades incompatibles de un sistema a punto de colapsar. Sin embargo la reforma a la educación necesita ser más que de financiamiento y cobertura. Que sea la oportunidad para reinventar el sistema en vez de reformarlo.

La educación debe potenciar los talentos que tenemos, no podarnos aquí y allá para adaptarnos a las necesidades del mercado. Eso no es idealista, es sensato, es aprovechar de la mejor manera nuestros recursos. En Colombia hay un sinnúmero de saberes con siglos de refinamiento pero que no hacen parte de la “educación formal” porque no se contemplan dentro del modelo académico europeo, y es un lástima pues podrían ser lo más interesante dentro del capital cognitivo colombiano. Una educación para todos incorporaría y respetaría estos saberes porque vería en ellos nuestro verdadero patrimonio: la diversidad.

Repensar la educación en Colombia es también repensar el país y sus prioridades. La educación es una herramienta social y política decisiva para los procesos históricos que se vienen. Colombia debe prepararse para un postconflicto en el que muchos colombianos tendrán que incorporarse a la vida ciudadana, y la mejor manera de hacer eso es a través de un sistema educativo tolerante, accesible e incluyente. La educación es la vía más potente para acabar con el conflicto y será lo más importante en tiempos de posguerra.

El modelo de educación que tenemos hoy fue inventado en el siglo XIX. Privilegia la inteligencia académica y mira en menos a otros tipos de inteligencia, como la kinética, o la interpersonal. Una educación para todos es una que reconoce y valora estas diferencias. La educación hoy, empaqueta a los estudiantes en un modelo con pocas opciones e inventado según las necesidades de hace dos siglos y sobre muchos principios que se desmoronaron en la posmodernidad. El mundo al que se enfrentarán los jóvenes no es el de la época industrial, es un mundo de imágenes y de información, no de máquinas y monedas.

De alguna manera los estudiantes colombianos lo saben. Fue innovando en su protesta como se ganaron a los colombianos. Los estudiantes se ganaron hasta la simpatía del ESMAD. Mientras Francisco Santos habla de electrocutarlos, y se convierte de paso en un villano ridículo, los estudiantes abrazan a la fuerza pública. Esas imágenes que ya le están dando la vuelta al mundo construyen un imaginario que le da fuerza a la protesta colombiana, un logro que se debe a la tolerancia, la comunicación, la empatía y la creatividad, cualidades que bien podrían ser los valores educativos del siglo XXI.

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