Al lado del río, muy cerca del mar

Texto publicado en la edición No 65 de la revista Actual, diciembre de 2011.

Marvel Moreno sabía que se iba a morir. Sentada en el sillón, su pelo negro, largo, y liso, como de diva setentera, bajaba hasta su cintura desde donde subía el humo del cigarrillo. Una gata siamesa, Salomé, la rondaba fastidiada porque no podía sentarse en su regazo. Sobre sus muslos estaba un cuaderno de espiral, donde Marvel escribía a mano su novela. Una novela que tenía que terminar antes de morirse.

Marvel Moreno nació en Barranquilla en 1939 y fue una de las pocas novelistas colombianas del siglo XX. Junto a ella se paran Soledad Acosta de Samper, Elisa Mujica, Fanny Buitrago y Laura Restrepo, no más, heroínas de un tiempo en que para los colombianos ver escribir a una mujer era como ver bailar un perro, algo curioso pero destinado a salir mal.

Marvel era esa chica barranquillera, la que vivía en una casa gigante en el Viejo Prado y tomaba el sol al caminar con sus amigas por los campos del Golf del Country Club. Esa chica que fue, por supuesto, Reina del carnaval, modales perfectos, ojos vivaces, y una urna de cristal. Marvel nunca se sintió cómoda en ese mundo perfecto y convencional, sabía que la discreción de la burguesía barranquillera era una farsa, porque todos se sabían el chisme, un chisme que tampoco le importaba porque lo que ella quería era escribir.

De La Enseñanza la echaron porque defendió la Evolución y no le comió el cuento al Génesis. Después conoce a Obregón, y a Álvaro Cepeda –que fuera después su padrino de matrimonio en 1962 con el cachaco que él le presentó, Plinio Apuleyo Mendoza.  Se casó “para escapar”, dicen los biógrafos, a manera de explicación para que se unieran dos carácteres tan disimiles. En 1963 nace su primera hija, Carla, en 1966 Camila, llamada así en honor a Camilo Torres. En el 64 entra a estudiar economía, es una de las primeras mujeres admitidas en la Facultad. En 1969 publica su primer cuento en la revista Eco, y ese mismo año, regresa a Barranquilla por una crisis matrimonial.

Plinio y Marvel se reconcilian y se van a vivir a París en tal y a un apartamento en el piso 17 de la rue Coulebarbe por cuyas ventanas luminosas podía verse toda la ciudad. La dicha no dura mucho y la pareja vuelve a pelear. En 1972 Marvel cae gravemente enferma. Pasa dos años entre la vida y la muerte, en medio de enormes dificultades económicas. Los médicos le diagnostican Lupus y casi hasta la declaran loca. Finalmente le dijeron que solo le quedaban dos años de vida.

Y entonces Marvel se da cuenta de que hay solo una cosa en la vida que tiene que hacer: escribir. Escribir como si se fuera a morir al día siguiente. Porque sí, sí se iba a morir al día siguiente. El azadón de la muerte dejaba ver su sombra sobre ella y no había garabato que pudiera espantarlo.

Marvel escribe una serie de cuentos que más tarde serían publicados en el libro Algo tan feo en la vida de una señora bien en 1980 por el editorial Pluma. Marvel estaba viviendo de más y parecía que el secreto era escribir incansablemente. Uno de los cuentos (casi una novela corta), La noche feliz de madame Yvonne, ocurre en un baile de Carnaval del Hotel del Prado, donde la sociedad barranquillera se desenmascara enmascarada. Allí aparecen por primera vez varios personajes de la novela que comenzaría en 1977: En diciembre llegaban las brisas.

La novela, por supuesto, ocurre en Barranquilla. Desde París puede saborear todavía sus recuerdos de adolescencia en la que fuera la época de oro de la ciudad. Describe a Barranquilla perfectamente, tanto en lo aparente a los ojos como en sus oscuros secretos, esos que comentan las señoras del club tomando Coca-Cola envenenada: que a la reina de belleza le pegó su marido, que el galante hombre de negocios es homosexual, que el pintor se recluye en su casa atrapado por las drogas y no por las musas. En diciembre llegaban las brisas es un retrato milimétrico de la sociedad de clase alta barranquillera, un retrato hecho con amor, pero sin piedad alguna, que no se emboba con los encantos de la ciudad y le reclama sus hipocresías.

En diciembre cuenta la historia de 4 amigas que crecen juntas en Barranquilla, que sueñan un futuro feliz y glamoroso pero terminan atrapadas en matrimonios violentos tanto física como psicológicamente. Todas, salvo Lina, la narradora, un posible alter-ego, que permaneces soltera y se va a vivir a París.  La novela también es una denuncia de los sufrimientos silenciosos de las barranquilleras y critica la paciencia con la que aguantan el dolor sin rebelarse, para mantener las apariencias. Las historias de la novela tienen el escalofriante valor añadido de haber sido ciertas mil veces. Su crítica sigue vigente.

El libro está dividido en 3 partes, cada una funciona por sí sola, independiente porque, más que a la muerte, Marvel temía a dejar su trabajo incompleto. Cada parte del libro la dedica a la historia de una mujer, Dora, sumisa, voluptuosa y maltratada por su esposo, Catalina, exuberante y astuta, el nuevo modelo de mujer que Marvel propone y Beatriz, cuyo sino trágico le da final al libro. Aunque Marvel Moreno no quiso ser considerada feminista, su libro y sus cuentos ponen en evidencia la urgencia de las mujeres por labrar su propio camino y vivir su vida según sus pasiones y no según los constreñimientos sociales. Su vida fue corta pero le alcanzó para ver un cambio social. En el epílogo de En diciembre escribe: “Los acompañaban las nuevas muchachas de Barranquilla, ya liberadas y un poco indulgentes al dirigirse a mi porque sabían vagamente que alguna vez escribí un libro denunciando la opresión que sufrían sus madres. Ellas ignoraban la sumisión: no se maquillaban y en sus polveras había casi siempre unos gramos de cocaína, y hacían el amor con desenvoltura para tormento de sus amantes que se sentían como cerezas tomadas con distracción de un plato. Quizá solo o comprendía que ese frenético consumo de hombres elegidos y devorados sin ternura ni compasión era simplemente la venganza que una generación de mejores ejercía, sin saberlo, en nombre de muchas otras.”

En sus textos Marvel también se rebela contra los dogmas de la religión Católica que considera “capaz de hacer avergonzarse al hombre de su origen, y no solo de su origen, sino además, de las pulsiones, deseos, instintos o como se llame, inherentes a su naturaleza, convirtiendo el instante que dura su vida en un infierno de culpabilidad y remordimiento.”

Mientras está escribiendo los capítulos sobre Catalina, Marvel se separa de Plinio Apuleyo. Conoce a Jaques Fourrier con quien vive hasta el final de sus días en un matrimonio apacible y amoroso. Jacques Gilard era el albacea, editor y traductor de sus textos y siguió muy de cerca el proceso de Marvel con la novela. En diciembre llegaban las brisas, fue admitida como finalista de la edición 1985 del Premio Literario Internacional Plaza&Janés en Barcelona.  La novela también fue traducida y publicada en francés y en italiano. Fue distribuida con negligencia en Colombia y por eso tal vez se salvó de la farándula de las letras nacionales, aunque tuvo vínculos estrechos con figuras importantes como Martha Traba. Por estos tiempos  la cineasta venezolana Fina Torres rueda el film Oriana, enteramente basado en el segundo cuento publicado por Marvel, Oriane, tía Oriane. La película es galardonada con la «Cámara de oro» en el Festival de Cannes de 1985 al cual se suman innumerables premios, entre ellos, el del Festival del Cine Colombiano de Cartagena de Indias.

En octubre de 1990 a Marvel le diagnostican un enfisema pulmonar y eso la impulsa a comenzar la redacción de su segunda novela, de matriz autobiográfica, con la cual se propone evocar las tres décadas vividas en París. Termina en 1994 y la titula El tiempo de las amazonas. Después revisa 5 cuentos inéditos que habrían podido ser un tercer libro y que aparecen publicados en el 2001 en una colección de cuentos completos publicada por editorial Norma.  El tiempo de las amazonas permanece inédita pues la muerte acelera su carrera.

Marvel termina su vida de la misma manera que Lina, la narradora de En diciembre llegaban las brisas. “No he vuelto ni creo que vuelva nunca a Barranquilla. A mi alrededor nadie conoce siquiera su nombre. Cuando me preguntan cómo es, me limito a decir que está junto a un río, muy cerca del mar.”

Marvel Moreno muere en la madrugada del 5 de junio de 1995. Las circunstancias son a la vez maravillosas y trágicas: se encontraba esfero en mano, escribiendo el primer párrafo de un cuento titulado Un amor de mi madre. Es maravilloso porque muere en ejercicio de la pasión que le dio la fuerza para sacarle tantos años a la muerte. Es trágico porque dejó un texto inacabado, su mayor pesadilla. Tenemos la suerte de que nos dejara su “Biblia Barranquillera”, como llamaba Plinio a En diciembre, un mapa de vida de la ciudad contado desde los ojos de una mujer que por muy lejos que se fuera siempre estuvo al lado del río y muy cerca del mar.

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