Día del periodista

Columna publicada el 8 de febrero de 2012.

12 años de impunidad en el caso de la periodista Jineth Bedoya son una vergüenza para la justicia colombiana y una ofensa a todos los que trabajamos como periodistas en este país.

El 26 de abril del año 2000 las autoridades encontraron un cadáver en el interior de la Cárcel Modelo de Bogotá. Esta muerte desató un enfrentamiento armado que duro cerca de 2 días, dejó el penal parcialmente destruido. Por ese entonces Bedoya trabajaba en la sección de judiciales de El Espectador y consiguió una entrevista con un recluso condenado por paramilitarismo. Bedoya sabía que estaba tocando el nervio de infiltración de organismos criminales en instituciones del Estado, y que eso a muchos no les gustaría, además desde 1998 ella y su madre habían sido amenazadas;pero investigar y denunciar son dos funciones primordiales del periodismo, Bedoya estaba haciendo su trabajo.

Fue por eso que la periodista se encontraba el 25 de mayo de 2000 a las 10:30 a.m. en la entrada de la cárcel. Allí fue amenazada con un arma y secuestrada (al parecer con la complicidad de los guardianes). Durante 16 horas fue drogada, torturada, agredida sexualmente y finalmente abandonada en un potrero cercano a la ciudad.

Por supuesto, se hicieron las denuncias pertinentes y en el 2003, un hombre condenado por homicidio dentro de grupos de autodefensas, confesó ante la justicia detalles del secuestro de la periodista y mencionó nombres de miembros de la Policía Nacional y cabecillas paramilitares involucrados en el crimen. Ante esta declaración la Fiscalía hizo el despliegue de ineficiencia y modorra al que históricamente nos tiene acostumbrados. OxfamColombia y la Fundación para la Libertad de Prensa presentaron el caso el año pasado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y solo hasta ahora la Fiscalía empieza a apersonarse del asunto, pero 12 años después nadie ha sido procesado ni condenado.

Se puede inferir que la inactividad en el caso de Bedoya tiene mucho que ver con la naturaleza de su investigación y el gran poder que tienen quienes pudieron verse afectados por ella, pero también es claro que ni jueces ni delincuentes prestan especial atención a los crímenes de violencia sexual (en su mayoría contra las mujeres), como si fueran incidentes menores y poco relevantes.En 5 años que lleva el proceso de Justicia y Paz solo se han emitido 4 condenas a delitos de violencia sexual y de entre más de 5000 hechos confesados solo 42 hacen referencia a este tipo de agresiones.

Tal vez si la Fiscalía tuviera un investigador tan dedicado como Bedoya se habrían hecho avances más rápido o tal vez un talento como el suyo habría sido desperdiciado en una institución que solo investiga los casos que le interesan. Bedoya, hoy subdirectora judicialdel periódico El Tiempo, es un importante ejemplo de compromiso y tesón para mujeres y periodistas pues no se quedó redundando en su victimización. Hoy Bedoya investiga crímenes sexuales contra niñas y mujeres en medio del conflicto armado colombiano, que como ella, esperan que algún día se haga justicia; historias necesarias despertar al Estado y concientizar a la ciudadanía, las verdaderas y más importantes razones de ser de los periodistas.

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