El diablo en los detalles

Columna publicada el 22 de febrero de 2012.

El proyecto de acto legislati-vo sobre la legalización de la dosis personal, que acaba de pasar Alba Lucía Pinilla, está muy bien, a grandes rasgos.

Su argumento se basa en el libre desarrollo de la personalidad que garantiza la Constitución y busca que se haga énfasis en la rehabilitación y no en la punición, pues el consumo es, cuando más, autodestructivo y no afecta a terceros. Incluso reconoce lo dañina e infructuosa que ha sido la guerra contra las drogas, y hasta ahí parece justo, sensato y necesario, salvo por un pequeño detalle que puede llegar a ser peligrosísimo.
El proyecto pide que no se estigmatice a los consumidores como delincuentes porque, según dice “es perfectamente claro que quien ostente tal condición sin duda es un enfermo, y no se discute que si el afectado pretende mejorar su condición o recuperarse habrá de someterse a tratamientos dirigidos por especialistas”. No repara en que decirle a todos los consumidores enfermos es ya una estigmatización pues, ni todos los consumidores de sustancias psicoactivas ilegales son adictos, ni todos los adictos son enfermos. Si bien el proyecto menciona los diferentes tipos de consumidores (habituales, disfuncionales, destructivos, experimentadores y ocasionales), citando la ponencia del magistrado Yesid Ramírez a la Corte Suprema de Justicia, no se vuelve al punto, y después se sugiere que todos los consumidores deben recibir tratamiento.

Esto presenta dos problemas. El primero es que los supuestos centros de tratamiento en su mayoría no están certificados y con frecuencia imparten una especie de teoterapia, que deja a los consumidores abocados al miserable futuro de contar en un bus, por unas cuantas monedas, la historia de cómo conocieron a Dios. En muchos centros de rehabilitación simplemente les cambian a los pacientes una adicción por otra, opio por religión, y quedamos en las mismas, pues el problema de la dependencia en sí no se trata. El escenario de la cristología intensa, sin embargo, es mejor al de otros centros de rehabilitación donde llegan a maltratar e insultar a los pacientes, aprovechando que los diferentes métodos para el tratamiento no están controlados ni unificados.

El segundo problema es la gran hipocresía o ignorancia que lleva a unos a aceptar al consumidor frecuente de alcohol, pero tachar de enfermo al consumidor habitual de otras sustancias que alteran la conciencia pero que son ilegales. Además, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el 85% de los consumidores de SPA ilegales no tienen daños derivados de ellas, y por lo tanto sería una ridiculez gastar fondos públicos en un tratamiento innecesario.

El proyecto de acto legislativo tiene que pasar todavía por alrededor de ocho debates y ellos serían una buena oportunidad para dejar de tratar el tema de la droga con esa doble moral llena de inexactitudes. Inexactitudes que permiten que, por ejemplo, la policía se dé gusto llevando gente a la UPJ, ya que ni agentes ni ciudadanos saben que la dosis personal no está penalizada actualmente, o que permiten que centros cristianos presten un servicio que, cuando es ofrecido por el Estado, debe ser laico. Hay una sola manera de lidiar con el problema del consumo de sustancias y es con rigor y exactitud, y sin esa mojigatería que guarda entre sus faldas al mismo diablo al que tanto teme.
Pata: Se acaba de aprobar en el Concejo un proyecto que prohíbe el grafiti en Bogotá. Solo falta la firma de Petro que aceptó esperar a escuchar a los grafiteros. Si el proyecto pasa, justificaría el homicidio del joven Diego Felipe Becerra a manos de un policía y sus prejuicios, y caer en la ingenuidad de creer que los procesos de la contracultura se pueden normalizar.

Anuncios

One comment

  1. Nuevamente se pone en el tapete el tema de la droga y la acción que el estado debe ejecutar frente a ella. Y se pone al día con la próxima reunión de las Américas en Cartagena de Indias, en donde se discutirá o se ´debatirá´sobre la legalización o nó de la misma. Me llama la atención la posición de los EEUU, quienes -según El Tiempo del domingo, por fin aceptaron entrar a discutir el problema. Pero afirma el periódico que el presidente Obama ha aceptado entrar en la discusión pero que no aceptan su legalización. Entonces ¿cuál es el debate que se va a realizar? Si los que se sientan a la mesa ya tienen definida su decisión, ¿para qué el ´debate´anunciado? Que se sienten a comer y beber y a gastarse la plata de los impuestos en francachela y no le den vueltas al asunto. Que siga la matanza y el incremento de los impuestos para la guerra contra la droga!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s