Los tiburones

Columna publicada el 18 de enero de 2012 en El Espectador.

El aleteo de tiburones consiste en mutilar a los animales, quedarse con las aletas para venderlas y echar los cuerpos al mar.

Sin aletas los tiburones no pueden nadar, así que el agua no pasa por sus agallas y se mueren de asfixia antes de caer como pesados troncos de carne en el fondo del océano. Esos cuerpos mutilados fueron el espectáculo que vieron unos buzos rusos, que llegaron a Colombia en octubre, al santuario de Malpelo con la ilusión de ver a los tiburones vivos.

La isla de Malpelo es la cúspide de una cordillera volcánica, con paredes rocosas de caída abrupta, hogar de raras comunidades coralinas y oasis de paso para ballenas, tiburones y delfines. Cuenta con 13 especies registradas de mamíferos marinos, 295 de peces, 6 de reptiles 63 de aves y 154 especies de crustáceos.

Los buzos hicieron un escalofriante video y se lo mandaron a Sandra Bessudo directora de la Fundación Malpelo ex Alta Consejera Ambiental y de la Biodiversidad, que hizo las denuncias respectivas, seguro con una vergüenza terrible porque casi que su trabajo era prevenir este tipo de masacres con sus ‘consejos’.

Se calcula que la matanza fue de 2000 tiburones. La zona había estado descuidada porque los dos barcos que vigilaban el territorio colombiano estaban dañados y el que mandó la armada llegó, por supuesto, demasiado tarde. Se han visto alrededor de 10 barcos pesqueros con la bandera costarricense en los últimos meses y se anotaron los nombres y número de registro de 3, que además se captaron en video mientras huían de los guardacostas.

La cancillería costarricense no se tomó en serio la queja colombiana porque para ellos dos notas diplomáticas no son suficiente, y en eso tienen razón; las acciones de nuestro país no son ni medianamente proporcionales a lo grave de la masacre. Por otro lado descartaron la queja porque dicen que el incidente no pudo ser comprobado pues no se atrapó a nadie con las manos en la masa. De los tres barcos registrados solo reconocieron 2, pues el tercero el “Papante PG5321”, según la queja, no aparece en los registros, donde sí está inscrito el Papatec PQ5321. El parecido escapa a la suspicacia de la justicia costarricense.

Solo hasta el 2007 se prohibió explícitamente el aleteo en Colombia con la resolución 1633. En los últimos años se han visto y hasta capturado varios barcos costarricenses matando tiburones en las cercanías de la isla, pero tuvieron que morir 2000 para que siquiera se pasara una queja. Si a nosotros no nos importan nuestros ecosistemas es fácil para el país vecino irrespetarlos.

Por otro lado, la ineficacia de la armada costera colombiana es casi perfecta. 10 barcos pesqueros pueden entrar impune y olímpicamente a masacrar animales en nuestras aguas. Todos nuestros esfuerzos en materia de seguridad están casi exclusivamente dedicados al conflicto armado y al narcotráfico mientras que éste, que debe ser un asunto de soberanía y seguridad nacional, pasa agachado como un embeleco de hippies.
El caso de los tiburones de Malpelo muestra la falta de visión en las prioridades del gobierno Colombiano, que se imagina el progreso con metáforas del siglo XIX, llamando “locomotoras” a varias formas de explotación natural. Mientras tanto se descuida la que tal vez es nuestra mayor responsabilidad con el mundo: cuidar la biodiversidad.

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