La servilleta

Columna publicada el 14 de noviembre de 2012 en El Espectador.

En las dos semanas que lleva postulada la candidata de Santos, María Mercedes López, ha demostrado que no es una ficha silenciosa y que realmente quiere ser la nueva procuradora general de la Nación.

Con Orlando Gallo, candidato del Consejo de Estado, la sensación general fue que entraba a la terna sólo para cumplir un requisito y resignado a perder, tanto que a duras penas los senadores recuerdan su nombre y algunos medios de comunicación, como El Tiempo, lo confunden con Oswaldo. López, en cambio, logró que los partidos desistan de la absurda idea de votar en bancada sin siquiera considerar a los otros candidatos y hasta el Partido Conservador ha dicho que retira su apoyo ciego a Ordóñez y que sus senadores entrarán en un “período de reflexión” —al mejor estilo de los cónclaves—, antes de elegir al nuevo procurador o procuradora.

Puede ser que este período de reflexión sea simplemente un eufemismo para enmascarar los acuerdos previos que los senadores podrían haber cocinado con Ordóñez en esos almuerzos domingueros en los que su casa se llenaba de carros con escoltas, pero también puede ser una señal de que López ha logrado que la tomen en serio. López pidió una licencia no remunerada de su cargo para poderse reunir con todos los senadores en tiempo relámpago y tiene dos importantes propuestas que, si son aceptadas, serían una verdadera muestra de que los representantes del pueblo colombiano no palidecen de susto con cada movimiento de Ordóñez: que el procurador actual se retire de su cargo y que la elección se lleve a cabo el 12 de diciembre y no el 27 de noviembre como lo han anunciado.

Todos sabemos que Ordóñez no se retirará de su cargo, tal vez porque le sería imposible ganar sin el control disciplinario que claramente limita la libre decisión de los senadores. En cuanto a aplazar la decisión, el presidente del Senado, Roy Barreras —que entre otras cosas le debe un favorcito a Ordóñez por darle trabajo a su mujer—, ha dicho que no, sin dar una explicación clara, y le aseguró descaradamente a López que ella tendría todo el tiempo necesario: seis días hábiles en los que los senadores estarán en Bogotá y no en las regiones.

El cinismo de Barreras parece emanar de Ordóñez, quien hoy dice en todas las entrevistas que se siente discriminado por sus creencias personales, una declaración que es una bofetada a todos los grupos que persigue y que queda en ridículo ante la candidata López, que, siendo cristiana, entiende que “una persona debe pronunciarse como ciudadano, evitando las posturas ideológicas, religiosas, personales, máxime cuando se trata de un funcionario, fallador, esas posturas no pueden quedar plasmadas en los fallos, lo que uno crea no se lo puede imponer a los demás”, como lo dijo en una entrevista a El Universal. López además ha buscado acercarse a la población civil y conversar con grupos de activistas defensores de derechos humanos, dejando claro que, si es elegida procuradora, estos temas volverán a ser una prioridad de la entidad, como lo ordena la Constitución.

López ha mostrado independencia y valentía ante una elección que muchos declararon arreglada y debería mantener este carácter hasta el final: si el Senado no le ofrece las condiciones mínimas para una elección justa, tendría que retirarse de la terna a última hora para presentar un último inconveniente a la oronda repartición de tajadas que se ha naturalizado en el Congreso y demostrar así que no es un candidato de papel; que para repartir esta torta ella no será la servilleta.

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