La saga

Columna publicada el 22 de mayo de 2013 en El Espectador.

La Ley Lleras, como la mala película de Hollywood que es, está pronta a volver a las carteleras del Congreso con su cuarta versión: un refrito peor que todas las anteriores.

El nuevo proyecto es, casi por completo, un copy/paste de la Ley Lleras II, con unas cuantas modificaciones que la hacen aún más torpe. Quizás sus dos errores más grandes y peligrosos son: primero, su nueva definición escuelera de “lucro” que impide copias, préstamos, uso de noticias y uso de material educativo, y segundo que, otra vez, para supuestamente proteger los derechos de los autores, hace ilegal internet.

En el capítulo de definiciones, la de “lucro”, copiada a pie juntillas del diccionario, lo describe como “ganancia o provecho que se saca de algo”. Si bien la definición es operativa para la vida cotidiana, en ningún tratado del mundo se deja sin especificar que esas ganancias deben ser comerciales. En los términos de la Ley Lleras IV, no hay tal cosa como “sin ánimo de lucro”, pues si yo veo un video de gaticos en Youtube, y me río, estoy teniendo una ganancia, y según esta definición, también me estoy lucrando. Lo más enfurecedor es que el pésimo fraseo no responde a una exigencia gringa, son los legisladores colombianos que, como el estudiante lambón, le añaden un poquito más a la tarea, como si les fueran a poner 5,5.

A todas estas, en Colombia, en estos momentos, las bibliotecas públicas son las principales promotoras de la piratería. Según nuestra ley vigente de derechos de autor, el préstamo de una obra necesita el permiso de su autor. Claramente este permiso no se les pide a todos los autores, para todos los libros de las bibliotecas, y por eso esos préstamos son piratería socialmente tolerada. Con la nueva definición de lucro será aún peor, tendrán que reducir su catálogo a libros de que no generen ganancia o provecho. Los únicos préstamos legales serán de obras de Roy Barreras, Uribe y Jota Mario.

Vamos escalando en gravedad. La Ley Lleras IV, que también podríamos llamar “La Ley en la que Santos nos deja sin internet”, incluye como derecho de los autores titulares el de controlar “la copia temporal en forma electrónica”, lo que quiere decir que para cualquier copia electrónica, que va desde copiar un CD que uno compró a itunes hasta el caché del navegador al ver un video, se necesita una autorización expresa del autor, lo cual, por supuesto, es imposible, y haría ilegal la navegación en internet.

La Lleras IV es un ejemplo sin par de mala redacción, servilismo y desinterés por los derechos de la ciudadanía. Todo indica que en el Congreso se discutirá con la misma ingenuidad e ignorancia que se dedicaron a sus predecesoras. Es responsabilidad de la sociedad civil estar alerta, dimensionar los efectos que semejante censura tiene en un país en desarrollo que necesita de la circulación de ideas y del acceso a la información. No podemos permitir tamaño golpe a nuestros derechos, a la libertad de expresión y semejante zancadilla para el progreso de una nación.

Pata: Abusos violentos de la Policía, como el que se dio el 17 de mayo en La Peluquería, un espacio cultural de La Candelaria, que incluyó abuso verbal y físico, amenazas e irrupción ilegal en un espacio privado, son el motivo por el que los colombianos le tenemos miedo a la Policía.

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