Matrimonio igualitario es un hecho

Artículo publicado el 28 de septiembre de 2013 en El Espectador

El Espectador acompañó el miércoles a una pareja de mujeres que se casó en el municipio cundinamarqués de Gachetá. Jurídicamente hablando, ya nadie puede disolver esa unión.

En el lobby de un modesto hotel en el pueblo de Gachetá, a unas horas de Bogotá, se escucha una pregunta: “¿Alguien tiene sombras para los ojos?”. Todas las mujeres presentes escarban en sus carteras, pero nadie lleva maquillaje. “Tengo unas, pero no son muy buenas, las compré para Halloween”, contesta finalmente Claudia Zea una de las novias, que espera pacientemente a que la maquillen. Elizabeth Castillo sale de una de las habitaciones para darle un beso a Claudia y hacerle un cumplido.

Llegaron al pueblo la noche anterior y apenas están acompañadas por las madrinas: Marcela Rojas y Adriana González, otra de las parejas que el 20 de junio de este año presentaron sus papeles en el juzgado municipal para radicar solicitudes de matrimonio igualitario. Las solicitudes se asignaron a jueces al azar que tendrían que interpretar la ley para decidir si celebraban o no los matrimonios. Marcela y Adriana todavía están a la espera. En el caso de Elizabeth y Claudia “el juez reconoció lo que era y se declaró incompetente”, dice la primera. Así que volvieron a presentarla en Gachetá, el pueblo del padre de Elizabeth, cuyo juez aceptó la solicitud de matrimonio y les dio una cita para ese miércoles por la mañana.

“Nos enteramos hace apenas una semana”. Eso explica que todo sea tan improvisado. “Esta es una apuesta como activistas. Ya tuvimos una ceremonia muy bonita el 25 de mayo con nuestras familias y nuestros hijos”. Claudia y Elizabeth tienen un hijo cada una, y hoy no están presentes pues tienen clases en la universidad. Tampoco alcanzó a llegar el resto de la familia, por la premura de la ceremonia y por una emergencia familiar: la abuela de Elizabeth murió a la víspera, después de una larga enfermedad. “Esa ceremonia fue en el jardín botánico con todos nuestros amigos. Intercambiamos nuestros votos e hicimos nuestro compromiso de amor. Decidimos hacerla antes porque sabíamos cómo iba a ser esto”, cuenta Claudia, y añade: “Organizar una ceremonia en una semana es muy difícil”.

“Mientras estemos en esta circunstancia, que es como una ruleta rusa, es imposible planear una ceremonia, porque uno no sabe cuál va a ser la fecha y el juez puede negarse a última hora, o pueden llegar la Procuraduría o los cristianos a tratar de interferir en nuestros matrimonios. Por eso también esta ceremonia ha sido tan secreta”, explica Elizabeth. En efecto, sólo están presentes las madrinas, que también serán testigos, cuatro amigos cercanos, los abogados Manuel Páez y Mauricio Albarracín, que han acompañado el proceso, y Marcela Sánchez, de Colombia Diversa, que comenta: “En el futuro recordaremos cómo nos tocó venir, atravesar un páramo, tener que planear toda una estrategia para que a dos personas que se aman les sea reconocido un estatus legal por parte del Estado”.

Se especula que el primer matrimonio igualitario en Colombia fue el viernes 20 de septiembre en el Juzgado 48 Civil Municipal de Bogotá y durante la semana se han celebrado otros matrimonios en el país. Para realizarlo sólo se requiere un registro civil para matrimonio con vigencia menor de tres meses y Colombia Diversa recomienda a quienes quieren contraer el vínculo que no firmen “contratos solemnes” en notarías, pues no generan ningún derecho y son discriminatorios. “No hay razón para que el contrato de las parejas del mismo sexo sea diferente al de los heterosexuales”, dice Mauricio Albarracín. “También pueden encontrar más información en la página Matrimonioigualitario.org”.

Claudia y Elizabeth caminan de la mano hacia el juzgado y pasan debajo de una carpa con el lema de la Alcaldía: “Gachetá sí progresa”. Sus acompañantes ondean banderas de arcoíris a su paso y después las usan para adornar las salas del juzgado. Preside la audiencia el juez promiscuo municipal de Gachetá, Julio González.

“Quedan unidos en legítimo matrimonio civil con todas las prerrogativas y todos los derechos que la ley civil les otorga y con las mismas obligaciones que la ley civil les impone, en especial en la sentencia C-577 de 2011”. Elizabeth y Claudia intercambian argollas y “te amos” entre los aplausos y risas de todos en la sala. Pasan a firmar los papeles y se toman fotos en la ventana, con la iglesia de fondo. “Posemos como en los matrimonios”, dice Elizabeth, al tiempo que se da cuenta de que no tienen que ser “como en” porque este es, efectivamente, un matrimonio.

“Yo no estoy haciendo ningún tipo de favor, no importa que yo sea simpatizante del movimiento LGBTI o que sea de un grupo político liberal, esas cosas no deben influir para que un juez actúe según la ley y la Constitución”, explica el juez González. “Un juez puede hacer interpretación de las normas, cuando hay algunos vacíos hay analogías y hay técnicas que pueden usarse. En este caso, la analogía no se hace solamente tomando en cuenta normas del Código Civil, sino que ya tenemos una sentencia de la Corte Constitucional que está rigiendo plenamente, donde se explica a los funcionarios judiciales que en el evento de que no existiera una regulación legal de las uniones de parejas del mismo sexo se debían aplicar las normas del Código Civil. Esto sucede porque la Corte no puede asumir la función de crear nuevas leyes, y ya que el Congreso no lo hizo, los jueces podemos interpretar que según la Constitución y el Código Civil se pueden practicar matrimonios”.

Pero, entonces, ¿por qué algunos jueces han practicado “uniones solemnes”?, le pregunto. “Puede ser que tengan miedo de perder su empleo, pero no creo que sea una cuestión teológica, pues de ser así no declararían siquiera la unión como tal. Yo no creo que esté en ningún riesgo, no me he extralimitado en mis funciones como juez, no estoy cometiendo ni un delito ni una falla disciplinaria”.

González tiene tres especializaciones, en derecho constitucional, procesal civil y administrativo, y una maestría en responsabilidad contractual. “Es obligación del derecho cambiar a medida que las sociedades evolucionan, y no podemos dejar de cubrir derechos fundamentales de otras familias que están surgiendo so pena de que el derecho tiene que ser estático. El derecho tiene que cambiar, adaptarse y tiene que servir para la mayor cantidad de población y personas siempre y cuando sea bajo principios de legalidad y de justicia”.

A pesar de la controversia, y aun si en Colombia llegara a echarse abajo el matrimonio igualitario, las uniones realizadas no pueden disolverse. Aroldo Quiroz, exprocurador para la defensa de la familia la infancia y la adolescencia entre 2003 y 2008 y profesor de las universidades Santo Tomás y los Andes, explica: “Después de practicar un matrimonio civil sólo hay dos opciones: el divorcio, que debe pedirlo alguno de los contrayentes, o la nulidad, que tiene nueve causales en el Código Civil: cuando uno de los contrayentes es menor de 14 años, cuando ha habido fuerza contra uno de los cónyuges para contraer la unión, por relación de parentesco de primer o segundo grado, parentesco de adopción o afinidad, o la existencia de un vínculo matrimonial anterior vigente. La ley no puede disolver los estados civiles ya constituidos”.

Las recién casadas salen del juzgado y se dirigen a radicar los papeles en la Registraduría del pueblo, que queda a unos metros, atravesando la plaza. “Tenemos que cambiar tu estado civil, no sea que mañana te quieras casar con otra mujer”, le dice Claudia a su esposa bromeando. Mientras entregan los papeles, sus amigos, que intentaron llevarles serenata pero no pudieron contratar a nadie en el pueblo, ponen a todo volumen una canción de Los Panchos en el equipo de sonido del carro: “Une tu voz a mi voz para gritar que triunfamos, que el mundo ya se cansó, aquí seguimos los dos sin renunciar ni ocultarnos”. Elizabeth y Claudia se miran la una a la otra con los ojos velados por lágrimas de felicidad.

“Amor nada nos pudo separar, luchamos contra toda incomprensión, del cuento ya no hay nada, que contar, triunfamos con la fuerza del amor”.

Situación legal de las parejas del mismo sexo

1. Las uniones de parejas  del mismo sexo son reconocidas en Colombia como familia y legalmente son protegidas mediante la figura de unión marital de hecho.

2. Afiliar a la pareja al sistema de seguridad social en salud y pensión de sobrevivencia.

3. Demandar penalmente por alimentos cuando la pareja desconozca la obligación de apoyo mutuo.

4. Tener un patrimonio de familia inembargable.

5. Recibir subsidios familiares de vivienda y servicios como pareja.

6. Ser heredero legal de los bienes de su pareja.

7. Adquirir la residencia y la nacionalidad colombiana por adopción si es extranjero.

8. Las parejas del mismo sexo no deben cumplir requisitos especiales, adicionales o distintos a los que siguen las parejas del mismo sexo.

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