La Conquista y Wendy

Columna publicada el 23 de octubre de 2013 en El Espectador.

Los nombres que le tenemos a la conmemoración del “descubrimiento” de América son cada vez más políticamente correctos, pero ninguno ha podido zafarse de su dejo irónico.

En la mayoría de los países le decimos “Día de la Raza”, en Argentina le dicen “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” y en Nicaragua y Venezuela, los países más beligerantes, le dicen “Día de la Resistencia Indígena”. Cada vez es más popular el discurso de que éste no es un día para celebrar, que conmemora una ola de violencia y saqueos y que nos condenó a un tipo de pensamiento de sesgo “poscolonial”. Aunque aquel discurso es cierto, viene marcado por esa inmensa brecha latinoamericana entre lo que decimos y lo que hacemos. Así, a la vez que hablamos de reivindicar “nuestra raza” (¿cuál?) mantenemos una hegemonía cultural blanca en las definiciones que hacemos de lo bello y lo bueno.

Cualquiera que haya tenido contacto con Youtube probablemente conoce a Wendy Sulca, una adolescente peruana mestiza que con firme galillo le canta a la tetita de su madre. La mayoría de los oficinistas miran el video con morbo: ¡qué ajeno!, ¡qué étnico!, ¡qué ordinario! Como la cuota de estética indígena que hay en Wendy Sulca viene mezclada, impura, la rechazamos sin vergüenza. Wendy no es el “indígena nativo” del que alardeamos en el Día de la Raza, “sabio ancestral”, “en traje típico”, “en vía de extinción”, que viene con un letrero de advertencia para que respetemos “su diversidad”. Así que a todos nos queda muy fácil encarnar en Wendy Sulca eso que llamamos “mal gusto”, cuyas características tienen en común, sospechosamente, que se alejan de lo “blanco”. Ahí es cuando se derrumban nuestros discursos de orgullo latinoamericano, porque si bien ya exhibimos con orgullo en la sala de la casa un dossier de artesanías autóctonas, lo hacemos porque nos parecen lejanas y exóticas, pardas, propias de mundos curiosos que hemos visto tras la ventana de la National Geographic. En eso se encarna la absurda paradoja latinoamericana: ver lo propio, lo cercano, con los ojos ajenos, con la arrogancia y las manías de los imperios.

Así como en los años sesenta Los Saicos (también peruanos) hicieron desprevenidamente un sonido desgarrado, transgresor, tan parecido al punk que se le llama su antecesor aunque no lo fuera, Wendy Sulca, más allá de toda duda, es la princesa de una suerte del “pospop” latinoamericano. Un pop que, a la vez, echa profundas raíces en las tradiciones ancestrales andinas y en la sociedad de consumo. Arraigado y desarraigado a la vez. Es un sonido tan genuinamente popular que, ya sea por gusto, por morbo o por ironía, permea contextos socioculturales y clases de manera trasversal e internacional. En este pospop, que no reverencia al proyecto imperial de la globalización sino que lo usa, Wendy Sulca se convierte en un fenómeno; no porque haga parte de la agenda de las grandes disqueras, sino porque lo hace a través de medios alternativos, convirtiéndose en la imparable reina de Youtube. Cuando Wendy Sulca canta Like a Virgin, de Madonna, se apropia de la canción y la convierte en otra cosa que está lejos de la reverencia. Cuando a un video de Wendy Sulca le hacen clic por considerarla ridícula, ella lo sabe. Pero no le importa, ese pudor por el exceso no es asunto suyo. Tal vez le parece raro ver a unos mestizos barrocos, como ella, hablar tan correctamente del “Día de la Raza”, a la vez que tratan desesperadamente de marcar una distancia consigo mismos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s