Uribe Extremo Autoritario

Columna publicada el 30 de octubre de 2013 en El Espectador.

En un salón austero, pero decorado con pósteres de cuerpos mutilados en el monte, se llevó a cabo hace unos meses una reunión de “Vida, Comité Nacional de Víctimas de la Guerrilla”, organizada por Fernando Vargas Quemba, uno de los fundadores del Movimiento de Restauración Nacional, que se ha tomado arbitrariamente la vocería de las víctimas de la guerrilla.

Además de sus aparentes cercanías con el paramilitarismo (señaladas por Daniel Coronell en la columna “La huella nazi” del 13 de mayo), Vargas Quemba es católico ortodoxo y lefebvrista profeso (como el procurador).

La reunión era un catálogo de la derecha extrema en sus formas más radicales. Empezó con un discurso de Pacho Santos en el que le echó vainazos a su primo y habló fervorosamente de su patrón adorado que hoy lo deja fuera de casa, a dormir bajo la lluvia. Pachito, acelerado, como siempre, se fue rápido dejando un sinsabor en sus amigos uribistas. Después hubo discursos loando a los militares, conmiserándose con las víctimas y llevando las dicotomías del bien y del mal a su mayor altocontraste. Neonazis del grupo Sangre de hierro escuchaban atentos entre la gente. El pastor Jaime Fonseca Triviño pasó a dar su arenga que concluía con una espectacular frase: “Dios nos enseñó en Uganda cómo lograr la paz: oración de cristianos y plomo ventiado”.

Gustavo Rugeles estaba cubriendo el evento como periodista independiente y le preguntó al pastor por tan impactante frase. Unos minutos después, cuando Rugeles se acercó a Vargas Quemba para preguntarle por los nazis que estaban en la reunión, el abogado mandó a llamar a los encargados de seguridad, que lo arrinconaron y trataron de quitarle la cámara. Rugeles salió corriendo.

La misma fauna uribista se encontraba hace unos días celebrando que Óscar Iván Zuluaga recibiera el honor de ser “ese que no es Uribe”, marcando el inicio de la campaña presidencial del partido Uribe Centro Democrático. Allí Rugeles volvió a encontrarse con el beligerante pastor, que para evitar una foto le mandó encima a su guardaespaldas Caimán, que agredió verbal y físicamente al periodista y trató de quitarle la cámara. Cuando Rugeles acudió al candidato Zuluaga, este delegó y se hizo el de las gafas, mostrando desde ya su liderazgo y poder de decisión.

Más allá de los evidentes abusos contra el libre derecho de los periodistas para ejercer sus trabajo, estos incidentes tipifican a los seguidores de la campaña uribista: fanáticos, amarillistas, violentos, abusivos y temerosos de la prensa. Aun si estas no son las políticas oficiales del uribismo, es clarísimo qué tipo de personas atrae este discurso y es inquietante —por decir lo menos— ver como se aglomera una recua de fanáticos intolerantes de todas las esquinas ideológicas en un caldo de cultivo que parece una pócima para la guerra.

Pata: El trabajo de Hoja Blanca consiste en abrirles espacio a nuevos autores para que desarrollen su voz. Por eso estamos orgullosísimos de Laura García, que acaba de ganar el Premio Simón Bolívar por la entrevista a Juan Gossaín “Recuerdos y sueños son la misma cosa”, que publicamos en abril en su blog El último pasillo.

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