Lo que las mujeres tienen que decir sobre la paz

Artículo publicado el 4 de noviembre de 2013 en Razón Pública

Aunque sufren la guerra igual o aún peor que los hombres, las mujeres son las grandes ausentes en La Habana. Una cumbre internacional llevada a cabo en Bogotá en días pasados denunció la situación y ofreció propuestas concretas para cambiarla.

Colombia, más atrás

Ninguno de los negociadores en la mesa de La Habana es una mujer. Algunos dirán que esto es irrelevante, que decidir la paz no es un problema de género y que los negociadores se eligieron por su experticia en los temas a tratar.

Sin embargo es diciente que las mujeres, el 52 por ciento de la población, no estén representadas en una de las discusiones más importantes que se han dado en Colombia y que afecta a todo el país.

Un estudio de Elizabeth Porter sobre los 24 grandes procesos de paz que se han llevado a cabo en el mundo desde 1992, concluye que solo el 2,5 por ciento de los firmantes de los acuerdos, el 3,2 por ciento de los mediadores, el 5,5 por ciento de los testigos y el 7,6 por ciento de los negociadores han sido mujeres.

Porter también señala la importancia de la participación de las mujeres en el Congreso de los países en situación de postconflicto.  Pero también aquí Colombia queda mal, con solo un 12,1 por ciento de congresistas mujeres, a comparar con el 56,3 por ciento de Ruanda, el 42,3 por ciento de Sudáfrica, el 27, 7 de Afganistán o el 25,2 por ciento de Iraq.

Y en todo caso la participación de las mujeres en las negociaciones de paz es necesaria porque no puede haber paz o justicia sin equidad de condiciones.

La mesa de las mujeres

Porter presentó las cifras anteriores durante  la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz que sesionó en Bogotá entre el 23 y el 25 de octubre, con el propósito de formular propuestas para enviar a los hombres sentados en la mesa de La Habana.

Al evento asistieron 449 mujeres de todo el país, representantes de organizaciones feministas, de derechos humanos, campesinas, de víctimas, de indígenas, de afro-descendientes, estudiantiles,  juveniles, deportivas, ambientalistas, de las comunidades LBTI, de empresarios, de iniciativas nacionales y territoriales de paz, de iglesias, gremios, educadores, académicos, partidos políticos, sindicatos,  organizaciones raizales, medios de comunicación, y expertas internacionales.

La cumbre comenzó por un análisis sobre el avance de las negociaciones en La Habana y sobre las propuestas que han hecho las mujeres en el marco de las mesas de trabajo regionales y foros nacionales. Después de un día dedicado a las experiencias regionales, así como a aprender de las expertas que han sido parte de procesos de paz en todo el mundo, se organizaron 12 mesas de trabajo para elaborar las propuestas que se enviaron a la mesa de La Habana.

Las experiencias de las mujeres en general consisten en procesos informales de incidencia local, dedicados sobre todo al trabajo con víctimas, al uso de medios alternativos y plásticos para la construcción de memoria,  y con un énfasis marcado sobre la educación.

Muchas de las estrategias tenían que ver directamente con el empoderamiento -emocional y económico- de las mujeres en áreas rurales y con el reconocimiento del territorio, la reapropiación del mismo en casos donde la violencia ha marcado una brecha entre la gente y su tierra.

Expertas internacionales como Betty Bigombe, ministra de Estado de Recursos Hídricos de Uganda, y ex negociadora de paz en su país, llamaron al gobierno de Colombia y a la comunidad internacional, al recordar que las mujeres habrán de estar presentes en La Habana porque son más de la mitad de la población y son agentes fundamentales para construir la paz.

Propuestas concretas

Las mesas de trabajo coincidieron en la idea de crear un mecanismo que garantice la participación de las mujeres, con poder de decisión, tanto en la mesa de diálogo como en todos los momentos del proceso de construcción de la paz.

Este mecanismo incluirá procesos de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición, con  cronograma y presupuesto definidos y de alcance nacional y local, donde las voceras sean elegidas por las organizaciones de mujeres, con presencia de los diferentes sectores e identidades (víctimas, grupos étnicos y generacionales, orientaciones sexuales y excombatientes).

También exigen a los negociadores que no se levanten de la mesa hasta definir el acuerdo de paz, independientemente de la proximidad de las elecciones.

Otras propuestas se orientan a:

– Entender el conflicto desde sus particularidades territoriales.

– La dejación real y efectiva de las armas bajo una perspectiva de justicia transicional.

– Incluir a mujeres excombatientes en el diseño de programas de reinserción.

– Medidas cautelares para proteger a defensoras de derechos humanos.

– Fortalecer la participación de mujeres indígenas y afrocolombianas.

– Empoderar a las jóvenes.

– Incluir una cátedra de género en los programas académicos.

– Crear medios alternativos y comunitarios para apoyar la ejecución de los acuerdos de paz.

– Garantizar que las mujeres conozcan el texto del referendo antes de votarlo.

– Reconocer a las guardias indígenas como constructores de paz que protegen territorios donde la mayoría de los habitantes son mujeres.

Tal vez los puntos más ambiciosos sean los de:

– Incluir el capítulo presentado por las organizaciones de mujeres rurales dentro de la nueva Ley Agraria y de Desarrollo Rural, como condición para mejorar sus condiciones y derechos de vida en el primer punto del acuerdo de paz.

– Crear una instancia nacional que agrupe a las representantes de las mujeres (mesa, alianza, red, plataforma u otra) con una agenda específica de seguimiento y verificación del cumplimiento del acuerdo en lo local, regional y nacional; con capacidad de incidir sobre las actuaciones, con un cronograma definido y con financiación del Estado.

– Crear la comisión de la verdad con la participación de las mujeres, incluir un capítulo de mujer que verifique las violencias sexuales, y asegurar el seguimiento de las personas desmovilizadas para evitar su reincidencia.

Hacerse oír

Las conclusiones de la Cumbre se entregaron a los representes del Congreso de la República Iván Cepeda, Gloria Inés Ramírez y Ángela María Robledo, así como a la parlamentaria andina Gloria Flores, al coordinador residente y humanitario del Sistema de Naciones Unidas, Fabrizio Hochschild, y a la representante de ONU Mujeres en Colombia, Belén Sanz.

Además se entregó una carta a Timochenko y al presidente Santos en donde se dice: “Las mujeres tenemos la autoridad política y ética de continuar afirmando que la paz hoy es posible, porque en medio de la guerra hemos sido constructoras de paz. En tal sentido reafirmamos que la política y la palabra tienen que estar al servicio de la paz y no de la guerra, y es responsabilidad histórica de todos y todas poner fin a un conflicto armado que se ha llevado lo mejor de nuestra condición humana, ha generado sufrimiento y cada vez un número mayor de víctimas”.

Igualmente, exigiendo una representación paritaria de las mujeres en las negociaciones, de inmediato, se dijo: “Las mujeres colombianas podemos aportar desde ya al proceso de diálogo y de construcción de paz, no pueden Ustedes esgrimir ningún argumento para negar la representación de las mujeres en todo el proceso. Es nuestro derecho, no solo reconocido por la ley, sino también ganado día a día con nuestro trabajo y compromiso para minimizar los efectos de esta confrontación armada”. La carta finaliza afirmando “¡La paz sin mujeres no va!”.

Sin duda, la Cumbre fue un éxito, pues reunió a más de 400 colombianas que trabajan por la paz, para compartir experiencias diversas pero en muchos aspectos similares, para crear redes y para mejorar los procesos colectivos que ellas representan.

La Cumbre puso de presente cómo mientras un grupo reducido de hombres discuten la paz en una mesa, un sinnúmero de mujeres la construyen día a día con acciones de impacto local que, sumadas, constituyen un trabajo realmente importante.

Lastimosamente, estas experiencias solo llegan de oídas a la comisión de hombres que sesiona en La Habana. Así, aunque las mujeres hacen cada día sus aportes micro, pero tangibles, a la paz,  ellas son las primeras víctimas del desplazamiento y de la violencia sexual en medio del conflicto, y muchas son cabezas de familias ahora que sus padres, maridos, hermanos e hijos han muerto en la guerra.

Las mujeres no alcanzan el estatus de sujeto a la hora de pactar de paz y se mantienen como objeto de las conversaciones sobre una guerra que empezó sin preguntarles y no las tiene en cuenta para terminar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s