La lección del sur

Columna publicada el 14 de diciembre de 2013 en El Heraldo.

Legalización. De calidad. Y barato. Así es el cannabis hoy en Uruguay. Esta semana, el pequeño país del sur aprobó una ley sin precedentes que legaliza la producción, comercialización y consumo de marihuana y deja en manos del Estado la regulación de la sustancia. Un gramo de marihuana costará un dólar, y el precio se decidió para que fuera competitivo con los valores que se manejan en el mercado ilegal, de manera que la gente prefiera ser legal por las buenas.

Más que una postura ultra liberal, lo que tiene Uruguay es una tradición de pragmatismo y de nacionalización de mercados. El Estado controla las industrias de energía y telecomunicaciones y regula el precio de productos básicos de la canasta familiar como la leche y el agua. También ha tenido una de las estrategias para combatir el consumo de tabaco más exitosas del mundo: prohíbe su consumo en lugares públicos, prohíbe la publicidad, palabras como “light” o “suave” en las cajetillas, que deben ir cubiertas casi en su totalidad con imágenes escabrosas y para acabar de ajustar, lo venden carísimo. Las medidas fueron efectivas y el consumo de tabaco se redujo en un 7% en los últimos siete años y para ello no fue necesario prohibir el cigarrillo sino desincentivar su uso, una estrategia más efectiva, y más respetuosa con la capacidad de decisión de los consumidores.

Con la nueva ley que regula la marihuana, los consumidores podrán cultivarla en su casa y en comunidad, pues todas las medidas están orientadas a acabar con algo que, de lejos, causa mucho más daño que el consumo: el tráfico ilegal. Al respecto, el presidente José Mujica dice que la legalización “no es bonita” pero es mejor que “regalar a la gente al narcotráfico”. Tiene toda la razón. Una de las fallas tácticas de lo que se ha llamado “guerra contra las drogas” es que no se hacen distinciones claras en el daño que provocan producción, tráfico, y consumo. Se tiende a satanizar los tres procesos y se cae en falacias ridículas como echarle al consumidor la culpa de las muertes del narcotráfico cuando estas muertes no son resultado de la demanda de drogas sino de la ilegalidad del mercado.

Naciones Unidas acaba de decir que la medida uruguaya pondrá en peligro a los jóvenes y promoverá la adicción a la marihuana. También advierte que Uruguay viola tratados internacionales. Es sorprendente que un organismo como Naciones Unidas mantenga públicamente una visión tan anticuada y prejuiciosa del problema. Después de lo que se vivió en el siglo XX con el alcohol, debería ser claro que la prohibición, en ningún escenario reduce el consumo, que encima es imposible de controlar, vigilar o regular cuando se mantiene en la ilegalidad. La estigmatización de los consumidores de drogas no permite que se entienda el problema en sus claras dimensiones y llena el debate de hipocresía. Todos sabemos que las huestes prohibicionistas están llenas de consumidores de clóset.

Colombia es uno de los mejores ejemplos para ilustrar cuánta violencia trae la prohibición, por eso el narcotráfico es un tema clave en los diálogos de paz en La Habana. Para nosotros, las drogas han sido un tema moral y político y tendríamos que aprender del pragmatismo de Uruguay y sobre todo de su honestidad y valentía para entender que una política pública inteligente a un problema social real, no se plantea desde la moralina.

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