Tres jueces tres pioneros

Artículo publicado el 14 de diciembre de 2013 en El Espectador

Uno de los debates del año. Muy pocos juristas se atrevieron a hacer cumplir la ley que dio vía libre al matrimonio igualitario y, de paso, desafiar oponentes poderosos como el procurador general de la Nación.

En 2013 se convirtió en una realidad el matrimonio para parejas del mismo sexo en Colombia. Este contundente cambio social se materializó gracias a la labor judicial de tres jueces pioneros que realizaron los primeros matrimonios del país: Juan Carlos Cerón, Julio González Hoffman y Luz Stella Garay.

Tras la Sentencia C-588 de 2011, el Congreso quedó encargado de legislar sobre el matrimonio igualitario. Si no lo hacía, a partir del 20 de junio notarios y jueces podrían hacer una interpretación de la norma y casar parejas del mismo sexo. Tras una larga y pintoresca discusión, los congresistas no lograron llegar a un acuerdo y dejaron todo en manos de los jueces.

El 20 de septiembre, Juan Carlos Cerón, juez 48 civil municipal de Bogotá, realizó el primer matrimonio igualitario de Colombia entre Julio Cantor y William Castro. Cerón es cartagenero de 49 años, tiene estudios de posgrado en el exterior y hoy, además, es profesor de la Universidad Libre: “Lo que hice fue tratar de resolver una situación de injusticia tal como la vi en ese caso concreto. La labor judicial implica un compromiso con la búsqueda de estándares de justicia y eso hice”.

Entonces, la Procuraduría, con el procurador delegado Gustavo Trujillo, interpuso una acción de tutela en contra del juez y el 1° de octubre el juez 39 civil de Bogotá, César Eduardo Díaz, eliminó la connotación de matrimonio. William y Julio impugnaron esta decisión ante el Tribunal Superior de Bogotá que el 23 de octubre falló revocando la decisión y ratificando la unión en matrimonio de esta pareja. El matrimonio de William y Julio vino seguido del de Elizabeth y Claudia, a quienes el juez Julio González Hoffman casó en el pueblo de Gachetá y de un tercero, gracias a la jueza 44 civil municipal de Bogotá, Luz Stella Garay.

El 24 de julio, la jueza 67 civil municipal en propiedad de Bogotá, Carmen Rodríguez, realizó una unión, pero lo hizo a través de un contrato innominado, una de las opciones de unión posibles. Sin embargo, explica Garay, “un contrato innominado no modifica el estado civil de las personas y por eso deja a las parejas desprotegidas”. Garay, de 54 años y católica profesa, cuenta que cuando llegó la solicitud a su despacho una jueza que la estaba reemplazando la negó. Garay revisó el caso y determinó que debía realizarse el matrimonio porque “la sentencia de la Corte Constitucional es una orden, pide que se reparen los derechos de las persona de la comunidad LGBT y esto sólo es superable si tienen realmente todas las posibilidades”. “Sigo estando convencida de que no todas las parejas del mismo sexo quieren casarse, pero los Estados democráticos deben ofrecer las mismas opciones para todos, creo en el ejercicio de la libertad”, concluye Garay, que fue procuradora de familia en tiempos previos a Ordóñez y que está especializada en derecho de familia y derechos humanos.

Julio González Hoffman tiene 37 años y es boyacense, lleva 8 años como juez y desde hace 2 trabaja en el pueblo de Gachetá. “Muchas parejas del mismo sexo que hemos casado enfrentan tutelas para invalidar su unión. Aunque la mayoría ha fallado a favor, se quedan en cuestiones de forma y no se pronuncian sobre el trasfondo. No podemos seguir haciendo una interpretación amplia del matrimonio, el Congreso debe legislar. Se necesita simplemente una ampliación de la definición de familia. Una nueva ley o norma sería discriminatoria, pues si todos somos iguales todos debemos tener acceso a la misma figura”.

Para González un juez no debe ser un activista, pues esto lo acerca a las funciones de los políticos, pero sí le parece que los jueces tienen una importante labor educativa. “El impacto que estas decisiones generan es lo que como jueces de la República hacemos por los derechos de las personas. Lo que ahora luce exótico es un ejercicio de pedagogía en derechos humanos. Todos tenemos derecho a la seguridad, libertad, solidaridad e igualdad, esos son los fines que deben evidenciarse en nuestras decisiones”. Para ninguno de los tres jueces hay una “ideología” de tras de sus decisiones, para todos se trata simplemente de hacer justicia, aplicar la Constitución, o como lo pone escuetamente Cerón: “Lo mío es cumplir con mi labor, no hay un compromiso distinto”.

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