Los miserables

Columna publicada el 28 de diciembre de 2013 en El Heraldo.

Quiero advertir a mis lectores que no soy economista, escribo esta columna desde lo que podrían ser unas apreciaciones muy silvestres, pero que vienen de vivir el mercado laboral, no de observarlo como es propio de esa disciplina. El ínfimo aumento del salario mínimo nos tiene indignados a muchos, un 4,5%, apenas $26.000 pesos, que son $880 diarios, $616.000 pesos con los que en la práctica es imposible vivir, una literal miseria. Al parecer, el argumento es que aumentar el salario mínimo no nos saca de la pobreza porque entonces los empresarios no van a querer contratar a nadie y se aumentará el desempleo y el empleo informal. Al parecer la ecuación es que al patrón no le sale rentable aumentar sus gastos sin que se aumente la productividad. Ah, pero eso depende del patrón, por ejemplo, de nuestro bolsillo sale la plata para pagarles a los congresistas y ministros a quienes Santos les aprobó una prima de casi 8 millones de pesos que se suma a su sueldo que ya es groseramente alto y es clarísimo que su productividad no aumenta. Nosotros sí que somos unos buenos patrones.

Al parecer los otros patrones no creen que su empleado, hambriento y sin esperanzas, a quien no le pagan horas extras gracias a Uribe, va a empezar a producir menos mientras más infeliz sea. La mayoría de la gente produce el trabajo por el que le pagan, si a uno le pagan bien uno se esfuerza, trabaja feliz, porque siente que alguien valora su trabajo, que vale la pena hacerlo.

Digamos que una vendedora de cocadas vende 40 cocadas al día. Digamos que trabaja 25 días al mes, porque descansa 1 día a la semana. Eso quiere decir que vende 1.000 cocadas al mes, y vende cada una a $2.000. Esos son 2 millones de pesos. Vamos a ser super exagerados y digamos que se gasta el 60% de eso en la producción de las cocadas. Eso le deja $800.000 pesos, que ella trabaja en sus términos, sin nadie que la mande, y pudiendo descansar bajo la sombra de un palo de mango de tanto en tanto. Tal vez ella querría ser asalariada porque eso le trae beneficios de salud y pensión, pero le sale mal negocio, y más cuando ahora va a tocar trabajar dos años más para pensionarse. Imagínense, dos años más de trabajo, ganándose un sueldo de mierda para una pensión similar en miserableza.

Estas son las matemáticas que hacemos los que no sabemos de economía. De pronto es que hay algo que no entendemos cuando nos dicen que al país le va mejor mientras vemos a todo el mundo rindiendo la sopa. Uno podría creer que hay otras formas de progreso, por ejemplo, qué tal que exportáramos más que materia prima, que cobráramos más por nuestra calificada mano de obra, qué tal que en vez de ahorrarnos una plata vía salario mínimo trabajáramos en tener infraestructura tecnológica para ser competitivos a nivel internacional. Qué tal que la gente fuera a trabajar feliz, creyendo que su trabajo es para algo y que su disciplina y calidad valen la pena y por eso no se siente tentada a caer en el dinero fácil y en la delincuencia. Se me ocurre que quizá los trabajadores con sueldos dignos no quebrarán las empresas.

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