El país de los indeseados

Columna publicada el 9 de enero de 2014 en El Espectador.

Según el informe maternidad en la niñez: enfrentando el desafío del embarazo adolescente, presentado por UNFPA en octubre del año pasado en Colombia, entre 1990 y 2011 nacieron 7,3 millones de niños cuyas madres no cumplían todavía los 18 años.

El informe también muestra que la proporción de adolescentes madres o embarazadas se incrementó significativamente entre 1990 y 2010, pasando del 12,8% al 19,5%. La proporción de madres solteras también aumentó de 18% en 1990 a 29% en 2010. El informe identifica como factores de riesgo la inasistencia escolar, la poca supervisión parental, los bajos niveles educativos de la niña y de su madre, ser migrante y la violencia intrafamiliar.

Aunque hay que reconocer que en los últimos años han aumentado las políticas públicas para promover la educación en derechos sexuales y reproductivos, es claro que esta información aún no tiene penetración social real; es claro que los niños y las niñas y adolescentes colombianos no tienen un conocimiento suficiente de los métodos anticonceptivos y sus usos y mucho menos de otras posibilidades, como el aborto, que en Colombia es legal para cualquier niña menor de 14 años pues se asume legalmente como víctima de violación. La implementación de buenos programas educativos en salud sexual y reproductiva tiene muchos obstáculos, siendo uno de los primeros la mojigatería, la idea de que el silencio y la desinformación previenen tentaciones. Después hay otros problemas estructurales: muchas veces la educación sexual está orientada a adolescentes mayores de 15 años, cuando la franja menor se encuentra en un creciente riesgo, y tanto estudios como encuestas y programas educativos están orientados hacia la población femenina, de tal manera que no se estudia ni se educan los comportamientos de los hombres, que necesariamente tienen igual responsabilidad en cualquier embarazo adolescente.

Que una niña de doce años dé a luz a gemelos en una clínica en Ibagué es un indicador tremendo de un problema de salud pública creciente en Colombia. Una niña que se escapa de su casa para vivir con un hombre de 25 y a quien, muy probablemente, nadie le dijo cómo prevenir un embarazo o cómo pedir que le practicaran una IVE legal, oportuna y segura, o le habló del gigantesco riesgo que implica un embarazo gemelar a tan corta edad, es muestra de un serio problema de desprotección del que es responsable toda la sociedad. Como ella hay generaciones y generaciones de niñas que nunca tuvieron la opción de decidir entre ser madre o no, ni la opción de ser cualquier otra cosa.

La mala educación en derechos sexuales y reproductivos atenta directamente contra la autodeterminación de las mujeres y las disminuye como ciudadanas. Un embarazo adolescente es un riesgo mortal y, en el mejor de los casos, atropella los planes de vida de la madre o el padre, que no alcanzan a crecer cuando se ven obligados a criar. Preocupa la poca eficiencia del Estado para cuidar y educar a sus niños y las consecuencias sociales y generacionales que están por verse en un país en donde más de la mitad de los embarazos son indeseados.

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