Cómo entrenar a tu dragón

Columna publicada el 01 de febrero de 2014 en El Heraldo.

Un grupo de legisladores noruegos acaba de nominar a Edward Snowden al premio Nobel de la Paz, argumentando que sus revelaciones sobre el programa de vigilancia global de Estados Unidos contribuyen a la transparencia y la estabilidad global. Esto, a primera vista, es motivo de orgullo y reconocimiento para todos sus seguidores que, entre otras cosas, lo votaron ‘Persona del año 2013’ en el periódico inglés The Guardian.

“Entregó su futuro por los valores democráticos, la transparencia y la libertad”, argumentaron los lectores. Aunque su nominación este año ha sido presentada por los medios con gran bombo, el año pasado también lo nominaron al mismo premio por “el ejemplo que daba, al ser un individuo que se enfrenta a un sistema en nombre de los derechos y las libertades fundamentales.

Otros argumentan que nada ha hecho Snowden por la paz, pues sus filtraciones desestabilizan el orden mundial; que una paz efectiva y duradera exige estricta vigilancia, y que nominarlo refuerza comportamientos narcisistas, que ponen el deseo de ser un héroe por encima del beneficio de una nación.

De la hazaña de Snowden hay que decir que no fue especialmente reveladora. Ya todos nos imaginábamos que nos estaban espiando y hasta lo dábamos por hecho. Es más, fueron las películas gringas sobre conspiraciones las que, en primer lugar, nos metieron esa idea en la cabeza. La filtración tampoco detuvo el espionaje masivo.

El gobierno estadounidense, y los acusados posteriormente, se mostraron indignados, se encogieron de hombros y hoy nos siguen vigilando. Lo revolucionario de la filtración fue poner en la agenda pública el tema de seguridad versus privacidad, y a la vez evidenció la urgencia con la que hay que revisar las leyes de acceso a la información y privacidad de cada país. Llevó a esos áridos vericuetos legislativos el debate sobre las libertades individuales y los derechos humanos.

Es evidente que entre 259 nominados, Snowden no tiene ni un chance. Su nominación parece un gesto amable de saludo a la bandera, de crítica al imperio, de aval de sus filtraciones como buena obra, pero en realidad es un contentillo que lo domestica. El premio Nobel de la Paz es un guiño que le dice a Snowden que ha sido reconocido como buen chico por el sistema. Y si llegase a ganar sería aún peor, pues compartiría el reconocimiento con Obama y perdería de tajo toda su credibilidad como activista.

Durante un buen rato se viene diciendo que el gran peligro de Snowden es la cárcel. Snowden la persona, y Snowden el símbolo de un debate, paradójicamente se benefician de escenarios opuestos. En su caso, la cárcel es indeseable, sin duda, y es un riesgo personal, pero lo catapultaría como líder del debate de la vigilancia y la libertad en internet, que se volvería un tema urgente. El castigo también tiene que ver con el reconocimiento y con la dignidad.

En cambio, con su asociación al Nobel de la Paz se ayuda tangencialmente a su libertad pero se lo deslegitima como símbolo de un debate. Entre otras cosas, este ya tiene a dos personajazos de antología como Assange y Manning, quienes le quitan cualquier ínfula punk y lo dejan como un travieso cachorrito de labrador que corre en el patio de El Establecimiento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s