El Caribe blanquiazul

Columna publicada el 15 de marzo de 2014 en El Heraldo.

Hace muchísimos años, cuando todavía los partidos políticos se esforzaban por mantener la apariencia de una cohesión ideológica, el Atlántico era liberal. Era lógico. Barranquilla, una ciudad de migrantes y burgueses, empresarios e industriales, se beneficiaba enormemente de las políticas liberales. En el 2002, cuatro de los siete senadores más votados en el departamento eran liberales, en el 2006 ganó la Unidad Nacional, y ocho años después nos encontramos con que el Atlántico es el bastión conservador en el Caribe.

Empecemos por no decirnos mentiras. El Atlántico es un hervidero de compra de votos y una trinchera importante para las maquinarias políticas. El voto de opinión en el departamento no es una cosa significativa. También es cierto que en toda Colombia se vota por la persona y no por el partido.

Después de todo, nuestros partidos están tan desdibujados que todos sus nombres parecen puestos con sarcasmo: los liberales son de centro derecha, los de Cambio Radical son los mismos de siempre. Pero basta escuchar unas cuantas conversaciones sobre política aquí, y allá, para entender que el partido Conservador, como quiera que haya conseguido sus votos, sí reúne los intereses de muchos. Gerlein hizo campaña desde todos los flancos posibles que le permite su apellido (que vimos por doquier en carnavales), pero también aprovechó la inmensa homofobia costeña para sacar unos voticos con la retórica de la defensa de “la familia”.

Es claro que el Atlántico ha visto crecer feudos y aristocracias políticas que lo alejan cada vez más de ser una sociedad con ideales liberales. El departamento complementa su reciente aristocracia local con desplazados de la violencia y caciques de tierras. Todos estos grupos pueden empatizar fácilmente con el uribismo, y a todos los que les parece demasiado beligerante la extrema derecha autoritaria del Centro Democrático pueden caer cómodamente en el espectro conservador tanto de la opinión como del voto.

Como departamento tendríamos que preguntarnos ¿en qué momento nos volvimos conservadores? ¿qué cambios económicos, sociales y demográficos afectaron la forma de pensar y de votar de los atlanticenses de manera que en tan solo unas décadas sea diametralmente opuesta? ¿Nos gusta el partido conservador o simplemente tuvo este año a los caciques correctos? ¿Es el partido que mejor representa los intereses costeños en el Congreso? ¿Es ridículo preguntar por afiliaciones a partidos o ideologías políticas? ¿Somos ideológicamente conservadores? O es que en realidad las opciones no son tantas; todos los tonos son vetas de azul en el mar de los siete colores.

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