Vuelven las langostas

Columna publicada el 22 de marzo de 2014 en El Heraldo.

Barranquilla debe estar orgullosa de que el Ficbaq, el Festival de Cine de Barranquilla, celebre su segunda edición. Primero, porque con frecuencia estos proyectos culturales son flor de un día; tienen grandes ideas pero mala gestión. Segundo, porque el joven festival es síntoma de que hay un renacido entusiasmo cultural en la ciudad que era muy necesario y debe ser bienvenido.

El Ficbaq busca posicionar a la ciudad en el mapa de la cinematografía mundial, y convertir a Barranquilla en la “meca del cine caribeño”. El festival premiará a varias películas con la Langosta Azul, un premio enfocado al cine iberoamericano y de la cuenca del Caribe. También cuenta con un laboratorio de desarrollo de proyectos cinematográficos Baqlab, el 2do Foro de Producción del Caribe, vendrán Luis Ospina y Carlos Cuarón, habrá una maratón de creación de cortometrajes, y proyecciones ambulantes de cine en 21 barrios de Barranquilla. Como el festival es joven, se presta para incluir en su cartelera a joyitas del underground latinoamericano y es muy valiosa su mirada al patrimonio fílmico nacional Caribe, presentando en sus inauguraciones películas como La langosta azul, de Álvaro Cepeda, y este año, María, de Grau.

Creadores y consumidores de productos culturales llevamos varios años engolosinados con El Grupo de Barranquilla, ese boom de genios que hicieron que la ciudad fuera la cuna del modernismo en Colombia. Engolosinados con razón. La obra de El Grupo de Barranquilla fue una de las vanguardias más importantes de las letras y las artes en el país, y además construyó una cosmogonía del Caribe, retrató sus contrastes y le contó al mundo que este rincón olvidado por los dioses es, a la vez, caleidoscópico y cosmopolita.

Pero después de este momento de gloria la producción cultural de la región bajó. Nos conformamos con un Nobel. Si bien la producción nunca desapareció del todo, muchos se quedaron rumiando a García Márquez, y mientras tanto el Caribe cambió. Hubo un tiempo en que Barranquilla era una tierra árida para las iniciativas audiovisuales, para la literatura y la poesía. Muchos se fueron con sus talentos bajo el brazo al exterior o a Bogotá.

Es grato ver cómo hoy el ímpetu cultural ha regresado. Barranquilla puede alardear, entre otros, del festival de poesía PoemaRío, del Carnaval de las Artes y de la juventud del Ficbaq. Los tres eventos tienen en común que buscan discutir y problematizar la cultura desde un tono fresco, desprevenido, sin definiciones atávicas, con ese don para navegar olas de río, mar, y hasta arroyo con barranquillera suavidad. Problematizar el Caribe desde el desparpajo construye una identidad cultural y anima a la nueva generación de langostas a invadir las entrañas culturales de la ciudad.

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