Pasionaria

Columna publicada el 10 de mayo en El Heraldo.

Drama pasional en Valledupar”, así titula la revista Semana la historia de cómo Ricardo Molina Araújo, hijo de la Cacica, dejó en coma a su compañera Sildana Maestre.

La revista presenta el ataque como un “trágico episodio” y abre contando cómo Molina “corría desesperado de un lado a otro por los pasillos de la Clínica Valledupar y pedía a gritos que le quitaran la vida.” He aquí a nuestro protagonista, un hombre desesperado víctima de su destino. “Minutos antes había llegado con el cuerpo exánime de su esposa a quien había herido tras descargar el proveedor de su pistola en la habitación de la casa”, todo esto frente a sus dos hijas.

Semana se apresura a explicarnos que Molina “había estado tomando con amigos ganaderos en el Hotel Sonesta”, llegó tarde a la casa (borracho) y “se presentó una discusión” con su compañera, quien “le recriminó haber llegado tarde” (le buscó pelea). “Él, para intentar ponerle fin (¿a la discusión?), sacó su pistola y disparó al aire”. Es decir, Molina un pobre hombre que intentaba resolver un conflicto. “Los periodistas que siguieron paso a paso el procedimiento vieron a un hombre abatido, arrepentido y deprimido.” Además el artículo nos explica por qué el crimen no fue intencional: “Es altamente probable que a Ricardo Molina no se le pasó por la cabeza matar a su esposa, ni siquiera herirla. De haberlo querido, con cualquiera de esos proyectiles, lo habría podido hacer.” Por si acaso quedaban dudas, Semana cierra citando los versos de La Celosa. Un pequeño detalle: Sildana Maestre le fue mucho peor que a Anita.

No hay ninguna razón para disparar un arma dentro de una habitación conyugal, cargada o no; el solo gesto de empuñar una pistola frente a una esposa y unas hijas es un gesto violento y machista. Tal vez Molina no quería causar este tipo de daño a su mujer, pero ¿acaso no hay dolo en la violencia psicológica de toda la escena? 18 disparos no se hacen por accidente.

Mientras tanto, en las calles juzgan a Maestre, ¿si ya sabía cómo era por qué no lo dejó antes?, ¿se quedó con él por comodidad y bienestar? Claro, pues no hay como la comodidad y bienestar de tener un marido violento.
Artículos como el de Semana, escritos para disculpar al agresor tipificando su crimen como “pasional” (como si algún crimen no lo fuera) y que ponen la culpa en la mujer “que no escapa a tiempo”, “que provoca al agresor” solo perpetúan y legitiman este tipo de violencia.

Aquí los medios de comunicación tienen una responsabilidad directa, pues esos valores e ideas editoriales reproducen y legitiman imaginarios violentos y peligrosos como el machismo. Es diferente cuando estos imaginarios se reproducen en la cultura popular, el arte y el entretenimiento, que no tienen un deber con los ciudadanos, el respeto a los derechos y la democracia; un imperativo ético que sí tienen los medios.

Gracias al Festival de la Leyenda Vallenata el caso tuvo un bajo perfil en la prensa nacional y regional. Aún así, este es simplemente un caso más entre millones que nunca llegan al conocimiento público y quedan en la impunidad. Uno más en el que se revictimizar a las mujeres por no vivir a la defensiva, por no protegerse a tiempo de la fuerza violenta de la naturaleza que son los hombres. Ellas bobas, ellos irrefrenables, ninguno de los dos persona.

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