“No le des la espalda, dale pecho”

Nexos, México, 19 de mayo de 2014.

La campaña ha causado revuelo por múltiples razones. Una, es que parece recurrir a una imagen sexualizada de la lactancia, a la par de que censura, paradójicamente, lo que se supone es el centro de su mensaje: el acto de amamantar a un bebé. Otra es que representa mujeres cuyos cuerpos distan de ser los de una mujer que de hecho amamanta; por no decir que incluye sólo un tipo de cuerpo: el de mujeres blancas, delgadas, ejercitadas, cercanas a los que muchos perciben como un ideal estético. Otra es que se enfoca solamente en condenar a las madres que no le dan pecho a su hijo, ignorando las razones por las cuales la gran mayoría de las mujeres no amamantan; razones que van desde lo fisiológico hasta lo laboral y social. Creo que los textos escritos por Catalina Ruiz-Navarro (“Mamacitas”), Geraldina González de la Vega (“Hablemos de maternidad”), Maricela Guerrero (“Mis chichis son mías”) y Julene Iriarte (“¿Espalda o pecho?”) desarrollan todos estos argumentos.

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