Las candidatas

Columna publicada el 21 de mayo de 2014 en El Espectador.

Ni López ni Ramírez son candidatas perfectas. Pero da gusto ver en la contienda a dos mujeres que —a diferencia de otras, como Noemí Sanín— no tienen como única gracia ser mujeres. Por eso no tenemos que resignarnos desde ya a votar por uno de los tres pelmazos restantes. López y Ramírez representan dos extremos ideológicos claros y bien delimitados (eso se vio en sus respuestas del debate de Cablenoticias del martes) y lo hacen sin generar una excesiva polarización entre los votantes. Esto último es un punto a favor de ambas, pero lastimosamente ha jugado en su contra en un país de extremos radicales e innegociables, de maniqueísmos y de forzados altos contrastes.

No votaría por Marta Lucía Ramírez pues ella y su partido no están a favor de promover una igualdad real en las condiciones de vida de los ciudadanos (como ha ocurrido en el tema del matrimonio igualitario). Un partido que está en contra de los avances en derechos sexuales y reproductivos no ayudará a mejorar la vida de las mujeres, algo que debería considerar con atención la candidata. Por otro lado, aunque Ramírez no acabará a patadas el proceso de paz (como propone Zuluaga), me parece pésima idea volver con esta candidata a la fallida política de la “seguridad democrática”. A pesar de todas mis reservas, creo que Ramírez es una buena opción para alguien de ideas conservadoras; por lo menos es clara y coherente, y sin duda es la única veta de azul que se puede marcar sin asco.

Clara López se ganó mi admiración por la forma serena y lúcida en la que llevó el debate del martes. Es una lástima que, aunque las huestes de machos del Polo apoyen el matrimonio igualitario, no se decidan a alentar la posibilidad de adopción por parte de parejas del mismo sexo. También pesa en su contra el que los amarillos insistan en lo que parece un cambio radical del modelo económico (no lo es), pues más allá de que sea urgente y necesario reorganizar las finanzas nacionales, hacer una reforma tributaria y renegociar los TLC, una afirmación como esa suena peligrosa para la estabilidad de la economía. Así como lo malo de los verdes es Peñalosa, lo malo de Clara López es el Polo, y las múltiples decepciones que ese partido les ha dado a los colombianos, que no encuentran en él una opción creíble para la izquierda. Sin embargo, a pesar de su partido y ante todo, le reconozco a López su intención de continuar con el proceso de paz dándoles un papel protagónico a las víctimas e incluyendo a más mujeres en la mesa de negociación.

Ramírez ha contado a los medios que la política es un mundo machista y que, por ejemplo, cuando fue ministra de Defensa “mucha gente era escéptica de que una mujer pudiera tener el carácter y la fortaleza para manejar las Fuerzas Militares”. Clara López tiene que soportar que la increpen sobre sus exnovios y que El Tiempo entreviste a su peluquero. Entre tanto, los otros candidatos tiran a matar en un juego que se trata de ver quién la tiene más grande, quién es el más macho, embarrados en un lodazal frente al que López y Ramírez brillan. A pesar de todos los obstáculos adicionales que vienen con ser mujeres de la vida pública, ambas tienen una larga y exitosa carrera política, tanto que hoy son candidatas a la Presidencia. Ambas han mostrado que son una opción real y, según las afinidades políticas, hasta buena.

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