El fantasma de las navidades pasadas

Columna publicada el 14 de junio de 2014 en El Heraldo.

“Señor Presidente, en su condición de Jefe de Estado le pido que intervenga para que afirme mi derecho a la libertad”. Esto pedía el profesor Alfredo Correa de Andreis en una carta dirigida al entonces presidente Álvaro Uribe Vélez en junio de 2004 (hace precisamente 10 años). En la carta, Correa le pedía a Uribe que interviniera ante el DAS, que sin razón aparente lo había detenido días antes frente a su residencia bajo la sindicación de rebelión. Correa le mandó a Uribe una segunda carta en la que se lee “Ante Usted, ante organismos internacionales de Derechos Humanos estoy dispuesto y disponible para asumir con la frente en alto y con dignidad la defensa de la verdad verdadera. No me asiste ningún temor respecto a ello, porque soy un hombre limpio, transparente, responsable de mis actos. Le reitero respetado presidente, que todos mis actos son públicos, incluso, mi derecho al desacuerdo siempre lo he expresado públicamente. Me pregunto entonces, ¿si será precisamente este ejercicio intelectual del discernimiento, del debate abierto y sin prevenciones, la afirmación de la cultura del debate como expresión de la democracia, el motivo o el sentido de la orden de privación de mi libertad?”.

Uribe, que tiene una excelente memoria selectiva, no recuerda ninguna de las dos cartas, y eso ha dicho una y otra vez cuando lo increpan por el asesinato del profesor Correa, que llegó dos meses más tarde a mano de sicarios paramilitares.

Correa estaba acusado de haber tenido una reunión con Iván Márquez y Hugo Chávez, en la serranía de Machique (es decir, de castrochavista). El montaje era absurdo, pues en esos días Correa estaba en la universidad dirigiendo trabajos de investigación. Las acusaciones se hicieron con base en testimonios clonados en la seccional del DAS en Bolívar, los mismos usados por el mismo fiscal, Demóstenes Camargo Zabaleta, en el proceso contra Amaury Padilla, otro activista costeño también acusado de rebelión. Para que no quepa duda de que este fue un crimen de Estado, en septiembre de 2013, representantes del ya liquidado DAS tuvieron que pedir públicamente perdón a la familia del profesor Correa, después de que la Corte Suprema de Justicia condenara a 25 años de cárcel a Jorge Noguera Cotes, ex director del DAS, ficha uribista, y condenado por propiciar la infiltración paramilitar.

Mañana los colombianos nos enfrentamos a una elección entre dos modelos de país. Uno, el de Santos, le apuesta a un modelo de democracia que pueda aceptar diferencias profundas, en la que se cambien las armas por la participación política. El modelo uribista ve como una amenaza a cualquiera que desafíe unos valores determinados (de extrema derecha social), y que se aferra a la vía militarista (que en 60 años no ha funcionado) para acabar con la guerrilla.

Durante los dos periodos de gobierno de Álvaro Uribe muchos intelectuales, periodistas, activistas, miembros de comunidades afro, indígenas y LGBTI fueron estigmatizados, perseguidos y ‘chuzados’. Algunos fueron asesinados. Alfredo Correa de Andreis era un hombre inteligente, valiente y justo, un profesor adorado, un investigador comprometido con su país, uno de los mejores. Estos son los hombres y mujeres que primero se ven amenazados en gobiernos autoritarios que no son capaces de hacer la distinción entre opositor y enemigo. Esos eran los tiempos de Uribe, y si mañana queda su marioneta muda como presidente, esos son los tiempos que vendrán.

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