El Desierto de la Calavera

Columna publicada el 19 de julio de 2014 en El Heraldo.

Al final de Calamar, la vanguardista telenovela de amor, fantasía y aventuras que se produjo en 1989, los protagonistas atraviesan el peligroso y desolado Valle de los recuerdos, dónde, en un momento apoteósico de la televisión colombiana, llegan a encontrarse el malvado Capitán Olvido con el adorado Padre Pío Quinto. El lugar escogido para dar vida al valle de fantasía fue la entonces fantasmagórica Isla de Salamanca, que estaba seca pues la carretera había cortado el flujo entre el mar y la ciénaga, convirtiendo a la isla en un lúgubre cementerio de mangles.

En mi niñez y adolescencia atravesé mil veces la isla camino a Santa Marta. Recuerdo vivamente su espectral y gris belleza y el olor fétido a peces muertos que salía de los charcos rojos de agua salada. También vi como, poco a poco y gracias a las quejas de muchos ambientalistas, la isla se fue recuperando hasta que, en casi todas partes, los mangles recobraron su verde follaje y las aguas dulces y saladas se volvieron a encontrar.

Pero la Isla siempre ha estado en peligro latente. Durante años los locales han hecho quemas para atrapar tortugas y para vender el mangle como carbón. También cazan a los animales en vía de extinción que viven en la zona, como iguanas y caimanes. La soledad de la isla ha sido refugio para narcotraficantes, y escondite para muchos criminales que escapan de Barranquilla. Esto último se ha visto recrudecido en los últimos años por los problemas de desplazamiento que hay en la región, y la organización de nuevos grupos de Bacrim como Los hicoteos o Los putos.

El problema más visible en este momento son los incendios, que en el 2014 han venido en seguidilla y aún no parece haber conclusiones claras sobre quién los ocasiona. La ministra de Ambiente, Luz Helena Sarmiento aseguró que 17 de 52 hectáreas de bosque de manglar han sido afectadas. Una de las razones evidentes es que todo el territorio está a cargo de 14 funcionarios de Parques Nacionales que no dan abasto para cuidarlo. Otros más suspicaces, como el periodista y bloguero Alejandro Arias, aseguran que los incendios responden “a un proceso sincronizado de invasión y apropiación auspiciado por la Alcaldía de Sitio Nuevo” que busca correr las fronteras de la reserva para convertir una buena parte de la isla en puerto carbonífero. Se dice que el proyecto se envió a la Corporación Autónoma del Magdalena sin pasar por el Concejo de Sitio Nuevo, que hasta el momento el no parece haber aprobado ninguna modificación al Esquema de Ordenamiento Territorial. Sin embargo, el concejal Omar Gutiérrez dijo a El Heraldo que siempre ha estado rondando la intención de usar la zona estratégica para fines portuarios y el concejal Rosales dijo que los incendios tenían la intención de correr fronteras. Al respecto la ministra Sarmiento dijo que sabía de una propuesta de la Alcaldía para incluir en el POT una zona portuaria en la isla, y que al respecto había solicitado a Corpamag abstenerse de aprobar la solicitud.

Aunque está última teoría no está confirmada, todos sabemos del interés que tienen las poderosas carboníferas y la desidia y cortoplacismo del Estado ante problemas ambientales (que nunca son tan urgentes como las ambiciones de las multinacionales). Si los ciudadanos no exigimos y vigilamos la protección de la Isla de Salamanca, pronto podremos llamarla El Desierto de la Calavera.

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