Vaginal

Columna publicada el 21 de agosto de 2014 en El Espectador.

Los autodenominados justicieros de la moral en Colombia tienen una nueva y ridícula cruzada de censura. El 5 de agosto le llegó un derecho de petición a la historiadora Constanza Toquica, directora del Museo Santa Clara, que le exige que cancele la exposición Mujer en custodia, de la artista María Eugenia Trujillo. Trujillo toma una serie de custodias y relicarios comprados en mercados de pulgas y los interviene bordando en sus centros unas figuras ojivales y concéntricas en tonos rojos y color carne: vaginas.

Varias organizaciones católicas pusieron “el grito en el cielo”, pero eso era de esperarse: los monoteísmos, desde el islam al catolicismo, se caracterizan por ser intolerantes. Tampoco sorprende la corta vista o la ignorancia de nuestro Congreso, y por eso indigna, pero no extraña, que un grupo de senadores, entre ellos María del Rosario Guerra y Tania Vega de Plazas, circulen una constancia de rechazo a la exposición alegando que “lacera los principios de su fe católica”. Rechazo a priori, porque ni han visto la obra.

La censura previa está prohibida de manera extensiva en la jurisprudencia internacional. Un caso emblemático es el de La última tentación de Cristo, caso Olmedo Bustos y otros contra Chile. A principios de 1997, el Consejo de Calificación Cinematográfica de Chile aprobó la exhibición de la película La última tentación de Cristo, filme que en su momento causó mucha controversia. Antes de que mostraran la cinta públicamente en los cines chilenos, un grupo de abogados interpuso un recurso de protección alegando que la película afectaba los derechos de libertad de conciencia y de religión, consagrados en la Constitución chilena. La Corte de Apelaciones de Santiago decidió prohibir la exhibición de la película, sentencia que después fue ratificada por la Corte Suprema. Un claro caso de censura previa. El caso llegó a la Corte Interamericana, que condenó al Estado chileno, ordenó la exhibición del filme en las salas de cine y ordenó la modificación del texto constitucional que establecía un sistema de censura.

Quién sabe cuántas veces tendremos que decirles a los censores cristianos que Colombia es un Estado laico, que democracia es garantizar los derechos de las minorías y que un museo no es lo mismo que una iglesia. Aquí también es importante decir que no se puede “agredir la honra” de la Iglesia católica porque las instituciones no son sujetos de derecho, no pueden tener “honor”, el honor lo tienen las personas. Además, en este país hay libertad de expresión y así como unos pueden ofender, otros tienen derecho a no ofenderse. Como lo puso Marilyn Monroe alguna vez que enfrentó una situación similar: “Si mi espectáculo amenaza su fe, quiere decir que sus creencias son muy débiles”.

A todas estas, ¿por qué va a ser ofensiva la representación de una vagina? La obra de Trujillo ni siquiera hace referencias al coito, y la vagina es una parte del cuerpo como cualquier otra. Ahora, que los genitales de las mujeres les parezcan ofensivos a algunas personas, como las senadoras citadas, es otra cosa. De todas formas, uno podría decir que en eso de hacer representaciones simbólicas de vaginas en objetos religiosos, los católicos son pioneros; comenzaron con eso de “mojar la hostia en el vino”, ¡en una copa de sangre! ¿Así o más vaginal?

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