Vuelven las brisas

Columna publicada el 20 de septiembre de 2014 en El Heraldo.

En diciembre llegaban las brisas es una historia cruda y apasionante que retrata perfectamente las contradicciones de ser mujer en el matriarcado machista del Caribe poscolonial colombiano. La novela, de la maravillosa escritora barranquillera Marvel Moreno, lleva años fotocopiándose en los alrededores de las facultades de literatura, ya que la última edición del libro, hecha por Norma en 2004, estaba incompleta y tuvo un corto tiraje. Yo, como muchos, la leí por primera vez en fotocopias, hasta que un buen amigo me regaló una primera edición que encontró en su casa -y que desde entonces yo copio y empasto como regalo a amigos cercanos. Por eso, como lectora, como mujer y como barranquillera para mí es todo un acontecimiento que Penguin Random House vuelva a publicar En diciembre llegaban las brisas (y que la publique completo).

Conocí la obra de Moreno a través de la profesora Betty Osorio, que junto con otras académicas como Montserrat Ordóñez y Paulina Encinales de Sanjinés, han hecho un juicioso trabajo de divulgación y estudio que permitió la entrada de Moreno al canon de la literatura colombiana. El trabajo de Moreno es, sin duda, la pieza que faltaba en la literatura costeña, usualmente contada por machos que, como declara Gómez Jattin en uno de sus poemas de amor a las burras, van por el mundo queriendo follarse todo, o que, como dicen Obregón y Cepeda en el prólogo a Los cuentos de Juana, es “coro ensordecedor, coro costeño, coro de hombres y no de mariconcitos con pantalocitos ajustados a entecas nalguitas bogotanas”. Sin escritoras como Moreno la narrativa del Caribe colombiano sería solo eso: un coro de hombres prodigiosos que escriben con una mano en el lápiz y con la otra agarrándose los huevos.

Moreno fue, además, una mujer fascinante. La expulsaron del colegio La Enseñanza por defender la teoría de la Evolución y escribió En diciembre en una carrera contra la muerte, pues tenía lupus y por eso estructuró la novela en tres partes que funcionan de forma autónoma, de manera que, si moría antes de terminar, Jacques Gilard (su albacea) tuviera un manuscrito publicable. Moreno le ganó a la muerte y hasta escribió una segunda novela: El tiempo de las amazonas, un texto que hasta el día de hoy permanece inédito pues no se han cedido los derechos de publicación. Murió a 56 años, en su apartamento en París el 5 de junio de 1995, escribiendo el primer párrafo de un cuento titulado Un amor de mi madre. La encontraron sobre el papel y con el lápiz en la mano.

Para acabar con esta recomendación apasionada, les dejo un spoiler: el “controversial” párrafo que probablemente llevó a la censura del último capítulo del libro “El epílogo de Lina” en la edición de Norma en 2004:

“Los acompañaban las nuevas muchachas de Barranquilla, ya liberadas y un poco indulgentes al dirigirse a mí porque sabían vagamente que alguna vez escribí un libro denunciando la opresión que sufrían sus madres. Ellas ignoraban la sumisión: no se maquillaban y en sus polveras había casi siempre unos gramos de cocaína, y hacían el amor con desenvoltura para tormento de sus amantes que se sentían como cerezas tomadas con distracción de un plato. Quizá solo yo comprendía que ese frenético consumo de hombres elegidos y devorados sin ternura ni compasión era simplemente la venganza que una generación de mejores ejercía, sin saberlo, en nombre de muchas otras.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s