Bio-pop-lítica

Esta es una adenda a mi columna de hoy en El Espectador “Poderoso pop”. Por favor léala aquí o aquí antes de continuar con este post.

No solo es el discurso de Emma Watson. Ayer vi por primera vez en una serie gringa (Faking It, de Mtv) un personaje intresex.

Eso es, sin duda, el comienzo de un cambio.

No es un cambio inmediato, fueron muchas películas de Morgan Freeman haciendo de presidente y hasta de Dios para que los gringos pudieran asimilar la idea de tener un presidente negro. Faking It es solo el comienzo de una idea: la de que ser intersex es una condición cromosómica como cualquier otra y que nadie que la tenga debe ser discriminado.

Me dirán que no todo el mundo consume enlatados gringos con la voracidad con la que yo lo hago y es cierto. Pero el mundo entero, en mayor o menor medida, copia algo lo que Estados Unidos hace en su televisión. Su imperialismo, que también es cultural, hace que sean Trendsetters (influenciadores de tendencias).

Vuelvo a un post del 2009 (La televisión como anticonceptivo) que exploraba casos sobre la influencia de la televisión en los comportamientos de la gente:

“Según Charles Kenny, economista autor del libro The Success of Development: Innovations Ideas and the Global standard of Living (El éxito del desarrollo: innovaciones ideas y el estándar globla de vida), la televisión sí funciona como un mecanismo de control poblacional (oh sí, biopolítica). Por ejemplo, desde los años 70 el canal brasilero Rede Globo ha estado produciendo telenovelas que han sido vistas por más de 80 millones de personas. En un país donde el divorcio se legalizó en 1977, la mitad de los personajes protagónicos femeninos de las telenovelas eran divorciadas, y el 72% de los personajes no tenían hijos. En contraste, la mujer brasilera promedio en la época tenía 6 hijos. Sin embargo las telenovelas resonaron con las televidentes, que no solo nombraron a sus hijos en honor a sus protagonistas favoritos, también empezaron a tener menos hijos. En estas series las mujeres también aparecen trabajando fuera de la casa, manejando negocios y con acceso al dinero. El pueblo brasilero empezó a seguir este ejemplo.

[…]

Un mundo de televidentes es un mundo de personas en constante conversación con tendencias culturales que le son ajenas, y un terreno donde los valores del mundo globalizado, unos difíciles como el consumismo, y otros positivos como la independencia femenina, se transmiten como memes, y raudamente se convierten en acciones y costumbres de la vida real, para ser reinterpretados por la televisión y comenzar el ciclo de nuevo. (La vida imita al arte que imita a la vida que imita al arte).”

A lo que escribí entonces, añadiría lo que digo en una columna de El Espectador del año pasado (Masturbaciones iconoclastas), pues si bien creo que todo lo que aparece en la cultura pop tiene efectos sociales y una influencia poderosa, no creo que esos procesos estéticos puedan ser manipulados según los planes de algo o alguien. (Perdón que me cite a mí misma, pero es que llevo años teniendo esta conversación con todas las voces de mi cabeza).

“Sí hay mucho poder en las imágenes. Pero los iconoclastas se equivocan al creer que sus efectos son previsibles o controlables. En el libro El poder de las imágenes, David Freedberg habla de lo que podríamos llamar “el softporn renacentista”. En el Renacimiento temprano eran comunes los espacios en los que no había mujeres jamás: los claustros monacales, los ejércitos, y casi cualquier escenario de la vida pública. Adicionalmente, y para evitar la tentación, había muy pocas imágenes de mujeres, casi que sólo estaban bien vistas las pinturas de la Virgen María, que tenían intenciones evangelizadoras. Pero el deseo humano se abre camino como las plantas que buscan la luz en medio de la selva. Ah, María, esa chica con la cara tan bonita, y siempre descubriendo una teta generosa y suculenta. Resultó que la masturbación inspirada en las imágenes de la Virgen se convirtió en una práctica frecuente que alcanza la inmortalidad en la iconografía de San Bernardo, quien se hizo santo al alucinar que salía un chorro de leche del pecho de María directo hasta su boca.

Aunque para gobernar convenga tener a las imágenes como aliadas, es imposible tener un control absoluto del impacto de las manifestaciones estéticas en las pasiones humanas. Creerse más poderosos que las imágenes, ese es el gran pajazo mental de los iconoclasta.”

Falta mucho, muchísimo, para alcanzar la equidad de derechos de género y para desmontar nuestras lógicas binarias. Sin embargo, de vez en cuando vale la pena contar nuestras victorias. Qué bonito que el feminismo llegue al pop y que Emma Watson se convierta en el modelo aspiracional de muchas niñas que ya querían ser como ella, y ahora también querrán ser feministas. Su discurso también estaba escrito para que ellas lo entendieran. Qué emocionante fue ver en los 90 el discurso de Buffy en el último episodio de la serie: Qué efectivos son los posts de Buzzfeed sobre feminismo. Qué esperanzador ver en Mtv, el canal que ven tantos adolescentes del mundo, un personaje intersex que no es discriminado, ni raro. Qué bonito ver a James Rodríguez llorando en cámara y diciendo “los hombres también lloran” porque aunque su afirmación venga de un supuesto machista, la imagen y el gesto le están diciendo a miles de niños colombianos para quienes el futbolista es su héroe, que se puede perder y ser hombre y llorar, que la única forma de ser no es un macho tallado en piedra.

Estos momentos del pop son el triunfo las ideas que los subyacen, que vienen del feminismo y la teoría queer, y que ya son suficientemente populares para entrar la cultura masiva y popular, que al final siempre termina llamándose “Historia de la Humanidad”.

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One comment

  1. Mi único ‘pero’ aquí es que Mtv ya no es lo que era antes y que tal vez habría que ver otros escenarios más ‘pop-ulares’ para ver qué están viendo los jóvenes de hoy en día. La cultura Hip-Hop, que en mi opinión es la más influyente desde América (EE.UU.) deja mucho que desear sobre cuestiones de género, a pesar de su elaboración de una mujer apropiada de su sexualidad como mujer poderosa -que termina en el deleite masculino y la auto-cosificación de la mujer; en este sentido, y por paradójico que parezca, Taylor Swift, que le canta a un amor medieval, de princesas y príncipes azules, termina siendo más ‘feminista’ que aquellas que levantan la bandera de ‘girl power’ o ‘who run the world? girls’-.

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