136 penes

Prólogo para la exposición “136 Penes” del artista Gilberto Pixeles, Ciudad de México, 2014.

No estamos acostumbrados a ver imágenes de penes. Estamos acostumbrados a ver objetos fálicos, y a asociar esos objetos con el “poder”. Por eso, el poder de un Estado se representa en objetos que van desde pistolas hasta obeliscos. Pero estos son penes simbólicos, su forma termina asumiendo el adjetivo “fálico” pero no sabemos los detalles, las venas, los pelos, las arrugas, de la manera en que lo sabemos de las tetas, o las vulvas, o los culos, con los que convivimos a diario,  son presentadas en la publicidad, la televisión y el cine, sin necesidad de la distancia de la representación.


El primer pene que vi en mi vida lo ví en la guardería, cuando un niño me vomitó encima y nos tuvieron que bañar a los dos. Entonces tuve la inmensa revelación de que hombres y mujeres no éramos iguales debajo del pantalón y llegué a preguntarle a mi abuela por qué tenían ellos que cargar con esa rara “trompa de elefante” y si esa era la razón por la que los niños podían usar el pelo corto. El segundo pene que vi en mi vida lo vi en clase de Dibujo III (cuyo tema era “figura humana”). Era el tercer semestre de universidad y estábamos trabajando con modelos reales. El modelo tenía un pene grueso con un aro morado marcado justo antes de la cabeza. Lo recuerdo a la perfección porque tuve que dibujarlo a escala. ¿Qué pensaba yo de este objeto? ¿Era bonito o feo? ¿Cómo encontrar en ese pedazo alargado de carne una lectura erótica o algo que medianamente pudiera parecerse al deseo? ¿Cómo entender a ese órgano desnudo y frágil, sin sutilezas en sus intenciones, que parece opuesto a todas las narrativas de poder que lo preceden? Estas son las preguntas erótico-estéticas que nos hacemos las mujeres cisgénero.
Es evidente que la respuesta a estas preguntas no puede darse desde el juego binario de la heterosexualidad en el que la vulva es objeto y el pene es actor. Solo desde una lógica homoerótica se puede desmontar este juego de poder. Solo desde la mirada La obra 136 penes, de Gilberto Pixeles, explora al pene como un objeto de deseo, pero su discurso erótico no no parte de la dominación o del poder, sino del adorno y el juego. Bajo su lente, los penes se convierten en objetos suaves y bellos, penes observables, sensibles, vivos. En las imágenes de 136 penes vemos puestas en escena que van desde la delicadeza hasta la saturación, la imagen de “el pene” se desliga de un discurso de poder y de identidad de “lo masculino”, para convertirse en “los penes”, “cada pene” y cada imagen adquiere un nivel de singularidad que alcanza a desencajar las fotografías del género del porno o del erotismo, y las convierte en retrato.

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